Nada es más trágico que la injusticia a ojos vistos. La cruenta realidad que viven la digna isla de Cuba y su heroica población, así como la tragedia de ver día a día a Irán bajo los bombardeos, como antes ocurrió con Gaza y Líbano, nos hacen pensar que hace falta que la justicia prevalezca y la injusticia sucumba. Más tarde o más temprano, aunque hoy no lo parezca, habrá de sucumbir la hegemonía norteamericana que, con estos dos ejemplos de abuso, muestra su decadencia.
Vamos a los hechos
El embargo estadounidense a Cuba genera pérdidas anuales que rondan entre los 7 mil 500 y los 8 mil 100 millones de dólares. La política de máxima presión y el recrudecimiento de las sanciones secundarias han asfixiado la economía de la isla, provocando una crisis humanitaria caracterizada por escasez de combustible, apagones masivos y desabasto de alimentos y medicinas.
Impacto económico y material
El gobierno cubano estima que el daño acumulado durante más de seis décadas supera los 170 mil millones de dólares. Las afectaciones principales se dividen en tres rubros documentados en los informes oficiales:
• Ingresos no percibidos: pérdidas por exportaciones de bienes y servicios, principalmente turismo y misiones médicas, afectadas por las limitaciones de acceso al mercado estadounidense.
• Reubicación geográfica del comercio: sobrecostos derivados de tener que importar desde mercados lejanos, como Asia y Europa, en lugar de hacerlo desde Estados Unidos, ubicado a tan solo 145 kilómetros de distancia.
• Daños operativos: imposibilidad de adquirir tecnologías, repuestos y combustible debido a las multas que Washington impone a navieras, bancos y empresas extranjeras que operan con Cuba.
Cerco energético y realidad actual
Una de las facetas más críticas de la situación es el cerco energético. La persecución a buques y empresas proveedoras de petróleo ha provocado una grave escasez de combustibles. Esta crisis impacta de manera transversal a la sociedad cubana y ha incrementado su nivel de vulnerabilidad, al grado de que, según diversas denuncias, ha contribuido incluso al aumento de la mortalidad infantil en la isla.
• Sistema eléctrico: provoca apagones diarios y prolongados que afectan a la población y paralizan la actividad económica.
• Infraestructura crítica: pone en riesgo el funcionamiento de equipos de bombeo de agua potable, hospitales y la cadena de frío para medicamentos sensibles.
Inclusión en la lista de estados patrocinadores del terrorismo
La inclusión y permanencia de Cuba en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo por parte de Estados Unidos tiene un efecto asfixiante sobre el sistema financiero cubano. Los bancos internacionales evitan realizar transacciones con la isla por temor a ser sancionados, lo que congela líneas de crédito y encarece cualquier intento de reestructuración económica.
Postura internacional
Ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), la comunidad internacional ha rechazado estas medidas de manera contundente. En la votación más reciente, una amplia mayoría de 165 países votó a favor de levantar el embargo, evidenciando un consenso global sobre el impacto negativo que estas sanciones tienen sobre la población civil.
Ante esta realidad, resulta increíble que Donald Trump y su alfil Marco Rubio sigan llevando, ya no al asedio, sino —según sostiene el autor— al genocidio a nuestra hermana nación cubana y a su población. Por ello cabe preguntarse: ¿hasta cuándo la comunidad internacional lo permitirá?
Irán martirizado ante dos verdugos
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es un conflicto bélico que, según este planteamiento, se reanudó el 28 de febrero de 2026 con una serie de bombardeos aéreos sobre varias ciudades iraníes. Minab habría sido el primer lugar donde, a manera de un "holocausto bélico", fueron masacradas 168 niñas o más, según algunas versiones.
A ello se sumó el intento de "decapitación" del régimen mediante un ataque dirigido contra el líder supremo de la teocracia iraní, el ayatolá Jamenei, así como contra integrantes de su familia y colaboradores cercanos en sus casas de resguardo. Estos atentados, señala el autor, fueron llevados a cabo por sorpresa por Estados Unidos e Israel mientras aún se desarrollaban negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán.
En respuesta, Irán lanzó misiles y drones contra Israel y contra bases militares estadounidenses en Baréin, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak, además de imponer un cierre selectivo del estrecho de Ormuz. Dicho cierre, sumado a los ataques de ambos bandos contra instalaciones energéticas, provocó un fuerte incremento en los precios del petróleo y del gas natural.
El 2 de marzo la guerra se extendió al Líbano, donde se reactivó el conflicto entre Hezbolá e Israel. Este último lanzó una invasión terrestre al sur del Líbano con el propósito —según esta interpretación— de ampliar su control territorial como parte del proyecto del llamado "Gran Israel", una política expansionista que, sostiene el autor, no ha cesado de impulsar.
Este conflicto fue precedido por la Guerra de los Doce Días de junio de 2025 y por las protestas iraníes de 2025-2026, que, según diversas versiones, fueron incentivadas por la CIA y el Mosad con el propósito de propiciar la caída del régimen iraní.
En las semanas previas a los ataques, Estados Unidos sostuvo negociaciones con Irán en Ginebra mientras reforzaba su presencia militar aérea y naval. De acuerdo con esta visión, el objetivo era propiciar un cambio de régimen que aún no ocurre en Irán, pero que podría producirse antes en Estados Unidos e Israel, conforme la situación política comienza a volverse en contra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
Así, ambos son presentados como un Goliat bicéfalo del poder militar frente a un David que hoy lanza drones y misiles y que no concede tregua a sus invasores ni a sus aliados en la región.
Corolario
Trump y Netanyahu se han mostrado como un binomio implacable contra Irán. Sin embargo, esta nación de casi 90 millones de habitantes ha demostrado ser muy difícil de someter. No podría esperarse menos de un pueblo heredero de la cultura persa, que, de llegar la derrota, la venderá muy cara.
Mientras tanto, ambos dirigentes, aun investidos uno como presidente y el otro como primer ministro, parecen actuar más por intereses de poder y de supervivencia política.
Serán sus respectivos procesos electorales los que determinen si el cambio que pretendían para Irán no termina alcanzándolos primero a ellos, mediante el voto de sus propios ciudadanos.
Esa es, quizá, la mínima esperanza del mundo ante la tragedia que, según esta perspectiva, representa su permanencia en la conducción política.
Solo el tiempo, como ocurre hoy en la final de la Copa del Mundo, dirá quién resulta vencedor.