Ciudad de México .-¿Por qué los hombres casados son generalmente más gordos que los solteros? El soltero va al refrigerador; dice: "¡Joder, siempre lo mismo!", y se va a la cama. El casado va a la cama; dice: "¡Joder, siempre lo mismo!" y se va al refrigerador. Doña Gorgona habló con el doctor de su marido. El facultativo le dijo: "Su esposo, señora, está muy delicado. Sólo podrá salvarse si sigue usted estas indicaciones: llévele todos los días el desayuno a la cama; sírvale comidas nutritivas; devuélvale la tranquilidad dejando de hacer compras con la tarjeta, y dele sexo cada vez que él se lo pida". Salió la mujer, y el angustiado señor le preguntó: "¿Qué te dijo el médico?". Contestó doña Gorgona: "Que te vas a morir". Sabemos de don Chinguetas: es un marido tarambana. Una madrugada llegó a su casa oliendo a soyate y con marcas de bilet en la camisa. Su esposa lo recibió encalabrinada: "¿Dónde estuviste, chivato?". Esa palabra, chivato, usaba la gente de antes para no decir "cabrón". Replicó don Chinguetas: "No me lo recuerdes, porque me devuelvo". Dos veces vi llorar a mi papá. Era yo niño, y aquello fue como ver llorar a Dios. La primera vez fue cuando murió su padre, don Mariano Fuentes Narro. Estaba yo jugando en el zaguán y entró él a la casa. Las lágrimas le corrían por las mejillas. Le pregunté, asustado: "¿Por qué lloras?". Su voz acongojada llegó al fondo de mi pequeña alma: "Murió papá Nano". La segunda vez hubo también lágrimas en los ojos de mi padre, pero por causa muy distinta. Una noche salimos en familia a ver los aparadores de las tiendas en el centro de Saltillo. Éramos de condición modesta; no podíamos darnos lujos como el de ir al cine o a un restorán. Nuestro paseo era ése: ver los aparadores. Llegamos al de la Librería Martínez y vi una serie de pequeños cuentos. Recuerdo aún sus nombres: "El gato con botas"; "Pulgarcito"; "El sastrecillo valiente"; "Alí Babá y los 40 ladrones"; "Riquet el del jopo", entre otros seis o siete más. "¡Papá! -le pedí ansioso-. ¿Me compras uno?". Y su respuesta de siempre: "Ya veremos". Al día siguiente me los llevó todos. Me lancé a sus brazos: "¡Qué bueno eres!". Cuando me separé del abrazo sus ojos estaban húmedos por la emoción. Pasó el tiempo -tal es su especialidad-, y cuando oía yo decir que tal o cual oficina de gobierno era una cueva de Alí Babá me sentía ofendido en mis memorias infantiles. Eso escuchaba siempre en relación con Pemex: "Es una cueva de ladrones". Se decía que de esa empresa estatal salían comaladas sexenales de millonarios, según frase de la oposición. Fortunas enteras se hacían de la noche a la mañana sacadas de ese barril sin fondo en el cual las cuentas eran más oscuras que el producto que la empresa manejaba. Sus trapisondas han dado origen a un negocio también turbio: el del huachicol, igualmente redituable y menos peligroso que el del narcotráfico. Se tapa un chorro y se levantan 10. ¡Ay, Alí Babá! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!... En otro tiempo las farmacias no se llamaban así: eran boticas. Muchas tenían nombres religiosos: "Botica San Rafael"; "Botica de Lourdes"; "Botica Santa María". Si ahora alguien dice "botica" de inmediato le sacan la edad. La Farmacia Tica era propiedad de los hermanos Averroes. Cada mañana llegaba ahí un sujeto y pedía un condón. Tras pagarlo salía de la farmacia riendo. Y así todos los días. Aquella risa intrigaba a los hermanos. Uno le dijo al otro: "Síguelo, a ver a dónde va". Regresó a poco el que había salido, y el otro le preguntó: "¿A dónde va?". Respondió el hermano, apenado: "A tu casa". (Por eso se reía el ca. el chivato). FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Una mosca revolea en torno mío.
Vanamente me empeño en apartarla: se va un instante y al siguiente vuelve.
Tomo un periódico y lo doblo para combatir al obstinado insecto.
¡Y pensar que todavía hay quienes dudan de la utilidad de los periódicos!
Inútil: la mosca sigue bordoneando alrededor de mí.
Eso me pone de mal humor.
Escribo entonces un duro artículo de crítica política.
Si la mosca no hubiera venido a molestarme quizás habría escrito un texto benévolo en elogio de la autoridad.
No se me culpe, entonces, de la dureza de mi artículo.
La mosca es la culpable.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS.
Por AFA.
". Fotografiaron a Messi llorando.".
Después de la sarracina,
y de perder ante España,
hay quienes cantan con saña:
"No llores por mí, Argentina".