Ciudad de México.- ¿Cuándo empezó a joderse México? Mi abuelo paterno, don Mariano Fuentes Narro, porfirista acabalado, decía que la ruina del país vino con la Revolución. Citaba la frase que una vieja criada de la familia Madero le dijo al Apóstol de la Democracia: "Ay, Panchito. No supites lo que hicites". Por su parte don José María Aguirre, abuelo materno mío, liberal y algo anarquista, afirmaba que todos los males de la República, y algunos por conocerse, se debían a los políticos, y nos recitaba a sus nietos, ante el escándalo de la abuela Liberata, terciaria franciscana, una cuarteta cuyo contenido sicalíptico en vano intentaba disfrazar. Decían esos versos: "Política es un arte del carajo / que a mi modo de ver tan sólo estriba / en besarles el fufo a los de arriba / y darles por el fufo a los de abajo". La palabra "fufo" designa al bufido que hace el gato cuando se siente amenazado, pero papá Chema usaba el voquible como eufemismo para no emplear otro más expresivo y malsonante. Siempre he sentido un respetuoso afecto por mis dos abuelos, de quienes tantas cosas aprendí, pero yo creo que México empezó a joderse definitivamente cuando llegó al poder López Obrador. La Revolución, es cierto, dio al traste con el progreso y el prestigio que nuestro país había alcanzado bajo el gobierno absolutista de Porfirio Díaz. También es verdad que con el PRI hubo avances en cuestión de política y economía, conseguidos siquiera haya sido lentamente y a gritos y sombrerazos. Ese desarrollo se frenó con AMLO. Y en esto, como en muchas otras cosas, lo que se detiene retrocede. Con la 4T nos hallamos ahora en una etapa de visible retroceso en todos los órdenes. A la inmensa mayoría de los mexicanos, pobres y sin los beneficios de la educación, eso de la democracia les importa un bledo, y siguen viendo en el cacique de Morena a un benefactor, pero es creciente el número de mexicanos que reconocen los inmensos daños que el tabasqueño causó y sigue causando con su maximato. Circula profusamente en las redes sociales una historieta que a pesar de tener todos los visos de ser apócrifa describe una realidad cuya evidencia se va manifestando más claramente conforme pasa el tiempo. Según ese meme, o como se llame el tal mensaje, un señor relató: "Mi hijo quiso hacer una investigación sociopolítica, y se puso una camiseta con un letrero que dice: 'Estoy con AMLO y con la 4T'. Hasta hoy lleva dos escupitajos, tres bofetadas, cinco puñetazos en la nariz. Y no quiero ni pensar lo que podrá sucederle si sale a la calle con esa camiseta". En efecto, el desgaste de la imagen de López Obrador es evidente. No tardará en volverse una presencia incómoda para el régimen que creó. Bien dice el antiguo refrán: no hay mal que dure cien años. (Aunque, carajo, otro afirma que mala hierba nunca muere). "¡Al fin solos!". Esa inédita expresión pronunció el novio al comenzar la noche de bodas. "Sí -replicó la novia-. ¿A quién le hablamos?". Afrodisio le dijo a Dulcibel: "Ya sé que tus papás me quieren, que tus hermanos me dicen ya 'cuñado' y que a tus tíos y primos les caigo muy bien. Pero tengo un problema que me impide casarme contigo: mi esposa". En su tienda el anticuario le comentó a la señorita Himenia: "Está usted sentada sobre algo que tiene un siglo de antigüedad". "Se equivoca usted, señor mío -respondió ella con acritud-. Apenas voy a cumplir 39 años". Ciervo Blanco, indio piel roja, se encontró en el bosque con Nube Roja, una squaw o mujer de su misma tribu. En torno de ellos se alzaba una veintena de elevadas nubes de humo. Le dijo ella a él: "Creo que debemos dejar de vernos, Ciervo Blanco. La gente está empezando a murmurar". FIN.

MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Los libros me esperan hasta que llego a ellos. Me están destinados desde que eran árbol. De nadie más podían ser, ni yo podía ser más que de ellos.
En una librería de viejo de San Antonio, Texas, encontré un curioso volumen en inglés, impreso en 1960, con una especie de guía para viajar por México. En forma sucinta el autor describe cada población y cada paisaje natural que el turista debía conocer.
Naturalmente lo primero que hice fue buscar lo que decía de mi natal Saltillo. He aquí su telegráfica mención: "Buen clima. Arquitectura colonial. Escuelas. Dulces y pan. Sarapes. Serenatas".
¡Serenatas! He aquí que el cicerone las citaba como uno de los rasgos emblemáticos de mi ciudad. Y no se equivocaba. Por la noche, las calles saltilleras se llenaban de música, es decir de amor y poesía. Las serenatas no eran con mariachi, sino con trío. Yo, que no tenía para pagarles a los trovadores, le cantaba a la amada eterna, acompañándome con mi guitarra, las canciones que a ella le gustaban: "Hay unos ojos"; "Toda una vida"; "Sol tempranero"; "Inspiración".
Ya no se escuchan esos ecos. La modernidad los ha apagado. Pero al recuerdo no entra la modernidad, y en él sigue viviendo la memoria de la música, la poesía y el amor, eterno amor.
¡Hasta mañana!...

MANGANITAS
Por AFA.
". Estrecho de Ormuz.".
Trump es necio y contumaz,
y a Irán no le sobra trecho.
Cada día el tal estrecho
se ha ido estrechando más.