No se trata de una estrategia

educativa, sino es por

higiene neurológica

Hace apenas unos 15 años, aproximadamente, Suecia presumía ante el mundo de haber diseñado el más grande laboratorio digital para transformar cada aula escolar en el semillero de una nueva generación de niños como producto de un ecosistema de computadoras y tablets, pero la resaca digital les ha llegado y ahora diseñan modelos para salir del hoyanco de conocimiento reconociendo que fue un experimento con resultados decepcionantes.

Fue el gran anuncio en ese entonces de una “digitalización total” pero a la vuelta de la esquina ahora desactivan la famosa estrategia nacional de pantallas. Hubo generaciones de niños que supuestamente todo lo consumían por medio de pantallas, dispositivos y herramientas digitales, pero el balance ha sido desastroso porque se percataron, por fin, del empobrecimiento cerebral infantil.

Este es el llamado efecto Suecia, según ha sido reportado por varios medios, de donde nos enteramos porque es el fantasma que recorre todo el mundo en las infancias, desarrollando un síndrome de atención perdida, de retraso en comprensión lectora y en una dispersión de aprovechamiento educativo.

Hay varios factores de ese efecto Suecia. Se ha detectado que la luz azul de las pantallas inhibe la producción de melatonina hasta en un 22 por ciento. Esa luz azul emitida por pantallas de los celulares, tablets y computadoras, impide la hormona del sueño, al engañar al cerebro haciéndole creer que es de día. Además, esto altera el ritmo cardiaco, se dificulta conciliar el sueño y reduce su calidad, provocando que el cerebro permanezca activo.

Lo paradójico es que no cancelamos el origen del insomnio y cada vez dependemos más de las pantallas e inclusive dormimos con ellas a nuestro lado. La experiencia del efecto Suecia es que se debe volver al papel por sobre las pantallas y no propiamente por estrategia educativa, sino por higiene neurológica. Están recomendando volver al viejo ritual de leer 20 minutos antes de apagar la luz para dormir como el mejor ansiolítico natural.

Durante cientos y miles de años, la humanidad estuvo renovando cada 24 horas su ánimo y alegría por un nuevo día, después de horas de descanso y reparación de energía, logrando una salud mental.

Hemos dejado en el olvido la práctica de antes de dormir leer pequeños cuentos, lo que les despertaba la imaginación y creatividad a los niños, además de ser un momento mágico de interactuar entre padres e hijos. Además, ellos lo disfrutaban, lo exigían y quedaban plácidamente dormidos. Era más efectivo que un vaso de leche tibia. Hoy, los dejamos solos en su cama con su pantalla de cabecera: ni sabemos que ven, ni con quien se comunican y se les va el sueño y a la mañana amanecen sin interés de nada.

La lectura casera ha sido formadora e integradora de los hogares hasta que llegó la televisión para desunir a la familia, con la exigencia de una pantalla en cada habitación y aislarse cada uno con su tema.

Otro factor es que convertimos la tecnología en “moda” y estatus y se fue extendiendo como si fuera una buena práctica o un hábito sano. Esa moda ha erosionado la comprensión lectora y la salud del conocimiento de jóvenes y adultos.

Dejar de leer y escribir a mano ha dañado seriamente el cerebro humano. A medida que dejamos de leer, el cerebro se oxida, se va secando por falta de aceite. Cada vez tenemos pésima ortografía por el simple hecho de no leer ni escribir; hemos olvidado las tablas de multiplicar porque ya no las tiene registradas el cerebro y todo lo dejamos a la calculadora del teléfono. Ya no podemos viajar si no traemos GPS y eso ha provocado la pérdida de ubicación y dirección y pues, sin celular, nos perdemos.

Y por supuesto, sin teléfono somos hombre al agua…

Una lección más del efecto Suecia fue que implementaron la digitalización como una verdad absoluta, como la panacea que resolvería todos los problemas y dudas, pero nunca pensaron que el más dañado seria nuestro cerebro. Se percataron al fin que el soporte físico, como un libro, es un aliado insustituible del conocimiento.

En Suecia, están ahora reabasteciendo las bibliotecas escolares en esa gran resaca digital que están sufriendo porque se les desplomaron los índices de comprensión lectora con un grave retroceso de aprendizaje.

Si bien, leer en las pantallas es por medio de un escaneo rápido de la información, en cambio, en la lectura lineal y profunda se comprende. Durante siglos habíamos desarrollado una cultura lecto-escritora que mantenía fresco y enaceitado el cerebro, ahora la hemos desplazado por algo más simple y elemental. De más a menos.

El resultado es el impedimento de conectar ideas complejas algo que el papel facilita al carecer de estímulos detractores. Y dejar de escribir a mano es perder un motor fino que deja una huella en el sistema nervioso, lo que nos permite mantener viva la memoria. Al textear en el celular (o tipear) desaparece esa conexión

Eso nos puede llevar de desmemoriados a descerebrados.

Los efectos y daños están a la vista: a mayor presencia o exceso de pantallas, aumenta la fatiga ocular, se dispara la ansiedad y depresión, se detectan problemas de postura y por supuesto, el rompimiento de la atención.

Esos niños viven rodeados de estímulos digitales por todos lados, sin darles oportunidad de interacción humana porque todo se les está obligando a un aprendizaje digital. Lamentablemente, muchos maestros se han aprovechado de esta adicción y dependencia infantil y es más cómodo para ellos que volver al papel, a la biblioteca viva para jugar, hojear, tocar libros físicos como contenedores de conocimiento.

Mientras los padres de familia y los maestros no se convenzan de que las grandes empresas tecnológicas sostienen una gran batalla por la atención de los infantes, jóvenes y adultos y que el gran negocio de la atención les siga generando millonarios ganancias seguiremos entregando a la mesa de sacrificios a nuestros hijos.

El reto es muy difícil porque los celulares y las pantallas otorgan recompensas inmediatas que despierta la dopamina que es un neurotransmisor y hormona fundamental, que actúa como mensajero químico en el cerebro para comunicar neuronas. Es esencial para el sistema de recompensa, motivación, placer, aprendizaje y el control motor. Se le conoce como la "molécula de la felicidad" y del amor.

Por supuesto que tampoco se recomienda rechazar la tecnología digital o las pantallas, pero si lograr un equilibrio de usar las pantallas como herramienta de consulta y el libro como territorio de inmersión para evitar que siga la caída histórica de la comprensión lectora.

Bien dice la frase que “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” y la lección y decisión que está dando Suecia, después de haber presumido que era el país más digitalizado de Europa, ahora da marcha atrás, entre vergüenza y decisión de rectificar que iban por un camino equivocado con lo más valioso que tiene un país: su infancia.

Está lección ha estado permeando en algunos países que han empezado a prohibir el uso de teléfonos celulares en las aulas escolares y en promover de nuevo la lectura activa en papel. Nunca es tarde.

Después de la borrachera viene la cruda y bien lo dice el borracho: si en la borrachera te ofendí, en la cruda te salgo debiendo.