Ciudad Juárez.- Los chihuahuenses nos hemos caracterizado, a lo largo de toda la historia de nuestro país, por ser un pueblo profundamente patriota, entendido el patriotismo no como simplista bandera política, sino como verdadero sentimiento de identidad nacional. Hemos sido protagonistas principales en muchas de las grandes luchas sociales del México moderno, aportando como pueblo una gran dosis de valentía, mexicanidad y determinación.
Chihuahua no solo ha estado presente en la historia de México, sino que, en varios momentos, ha sido protagonista directo del rumbo del país. Si lo analizamos detenidamente, el estado aparece en casi todas las grandes transformaciones nacionales, pero con un rasgo muy particular: rebeldía, frontera y poder regional; todo eso reforzado por fuertes y arraigados valores humanos como la familia, el respeto a la vida, el trabajo y la legalidad. Así hemos sido los chihuahuenses por siglos.
Chihuahua presentó una sólida y férrea resistencia indígena en la Nueva España (siglos XVII–XVIII); es decir, antes del México independiente, el territorio chihuahuense fue escenario de una resistencia constante y determinada de pueblos originarios como los rarámuri, los apaches y los conchos frente al avance colonial español. Fue, por tanto, una zona de guerra permanente para la corona, que presentó una pertinaz dificultad de control político y militar, lo que, desde entonces, contribuyó a la formación de una cultura fronteriza de defensa y autonomía. Esto convirtió a Chihuahua en un laboratorio temprano de gobernanza en territorios hostiles, algo que influiría en su papel posterior como frontera estratégica.
Durante la Guerra de Independencia (1810–1821), Chihuahua fue escenario del final del movimiento insurgente inicial. Aquí, el cura Miguel Hidalgo y Costilla fue trasladado como prisionero a nuestra entidad; aquí fue juzgado y fusilado en 1811. La ciudad funcionó como centro de control realista en el norte y, aunque no fue cuna del movimiento, Chihuahua simboliza el momento en que la insurgencia pasa de levantamiento social a causa nacional de largo plazo.
Durante la guerra contra Estados Unidos, entre 1846 y 1848, Chihuahua fue un teatro militar clave en el norte del país, donde mostró la vulnerabilidad del país, pero también su importancia estratégica como puerta de entrada territorial y el arrojo y valentía de su gente.
En la Intervención Francesa y Segundo Imperio (1862–1867), Chihuahua se vuelve literalmente capital de México, porque en este periodo Benito Juárez estableció su gobierno en Chihuahua y en Ciudad Juárez; desde aquí resistió al imperio de Maximiliano I de México.
El 25 de marzo de 1866 tuvo lugar un enfrentamiento crucial durante la Segunda Intervención Francesa, donde tropas republicanas lideradas por el coronel Luis Terrazas derrotaron a las fuerzas imperiales, consolidando la defensa de la República y permitiendo el retorno de Benito Juárez, logrando la rendición francesa al anochecer. Chihuahua fue el bastión republicano en el norte; pero no solo resistió, sino que mantuvo viva la legalidad del Estado mexicano.
Es en la Revolución Mexicana (1910–1920) cuando Chihuahua pasa de ser importante a convertirse en epicentro absoluto del episodio histórico, ya que Francisco I. Madero inicia el movimiento contra Porfirio Díaz con fuerte base en Chihuahua. Pancho Villa y la División del Norte operan desde el estado, y luego, la toma de Ciudad Juárez (1911), decisiva para la caída del régimen porfirista. En resumen, sin Chihuahua, la Revolución Mexicana no habría tenido la misma velocidad ni el mismo impacto militar que tuvo.
Podría seguir enumerando episodios de la historia de nuestro país en los que Chihuahua ha jugado un papel importante e incluso protagónico, pero no es el objetivo de este análisis. Sin embargo, resultaba fundamental ofrecer un poco de contexto, a manera de recordatorio, de lo que hemos sido y significado los chihuahuenses para México a lo largo de la historia.
Dicen que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla, y de ahí la importancia de tener presente siempre el papel que hemos desarrollado en el devenir de nuestro país.
Es por todo esto que, en las elecciones de 2027, no solo estará en juego la gubernatura del estado y todos los demás cargos de elección popular en la entidad; no, los chihuahuenses nos jugamos en esa elección mucho más que los cargos públicos en disputa: nos jugamos la democracia y legalidad del país entero, no solo de Chihuahua. Nos jugamos el bienestar, la seguridad y la tranquilidad de nosotros y nuestras familias.
En 2027, los chihuahuenses podremos, como lo hemos hecho antes, presentar una resistencia estoica, firme y determinada ante lo que la Cuarta Transformación ha venido haciendo desde 2018: imponernos un cambio de régimen que ha desdibujado por completo el México de nuestros ancestros, de nuestros padres, de nuestros abuelos, para convertirlo en un despojo de país sin respeto por la ley, sin democracia, sin salud, sin seguridad, sin oportunidades de desarrollo y, lo peor, sin Estado de derecho.
La afirmación del párrafo anterior pudiera parecer el ideario político de un militante partidista de oposición, pero no hay nada más alejado de la realidad. Se trata de una visión eminentemente periodística, analítica, razonada y fundamentada de lo que la Cuarta Transformación nos ha dado a lo largo de casi ocho años en el gobierno: cifras y números fríos que, aunque los nieguen, corresponden a la cruda y brutal realidad.
El índice más alto de homicidios dolosos y de personas desaparecidas; la cifra más alta de mexicanos sin acceso a la salud; el récord histórico de casos de corrupción e impunidad; la deuda pública más alta en décadas; déficit creciente de las finanzas públicas; control total sobre organismos autónomos e independientes o, de plano, su desaparición; incertidumbre jurídica; el menor crecimiento económico en décadas; desempleo histórico y creciente; inflación sin control; récords en secuestros, feminicidios, violaciones y extorsiones; menos estudiantes en las escuelas y un largo, largo, muy largo etcétera. Son tan solo algunos de los resultados de la gestión de Morena en el gobierno.
Todos y cada uno de esos resultados negativos pueden ser verificados y consultados en las páginas oficiales respectivas del gobierno federal. Eso es lo peor de todo: son datos que ellos mismos generan y luego niegan, pero que no pueden desmentir.
Quizá, solo quizá, lo más negativo de la Cuarta Transformación ha sido su discurso de odio para dividir a los mexicanos, provocando desunión, resentimiento y confrontación entre nosotros mismos durante casi ocho años. Primero López Obrador y luego Claudia Sheinbaum, desde su conferencia mañanera, todos los días nos han dicho a quién hay que odiar, a quién no hay que creer, a quién hay que llamarle traidor, a quién acusar de “fifí”, de conservador, de explotador, de neoliberal, para ponernos a todos en contra de todos. Ese es el daño más grande que le han hecho a México.
La Cuarta Transformación le ha hecho creer a millones de mexicanos que descalificar y denostar a quien piensa distinto está bien, que solo hay un pensamiento único que debe prevalecer: el de ellos, y que todos los demás somos traidores a la patria por no pensar como ellos.
Se atreven a llamar traidores a la patria a quienes están de acuerdo o incluso piden una intervención militar de EU contra el narco, cuando los verdaderos traidores son los que, desde el gobierno, han entregado el país al crimen organizado y se niegan rotundamente a exterminarlo.
Por eso es que, en la elección de 2027, la posibilidad de que Morena obtenga la gubernatura es una amenaza real para los chihuahuenses: una amenaza sobre nuestra seguridad, nuestros derechos, nuestra economía, nuestra integridad, nuestras creencias y tradiciones, sobre nuestras familias, sobre nuestra forma de vida en general. Y no es una simple ocurrencia u opinión personal; no, me suscribo a los hechos. Ya lo hemos visto con el país: así ha sido, así lo han hecho. La extinción de la democracia y la legalidad en Chihuahua.
La Cuarta Transformación en el gobierno no ha dado buenos resultados, ni de lejos; por lo tanto, el presente artículo no es, de ninguna forma, una invitación al voto o no voto por una u otra opción. No, de ninguna manera; es, más bien, un llamado a la reflexión serena, informada, consciente, razonada y mesurada sobre lo que significaría la llegada al poder de Morena en Chihuahua, con base en datos y hechos a la vista de todos. Cuidado con el voto en 2027.