Muchas cosas se han escrito y comunicado sobre la marcha morenista del 16 de mayo y, dependiendo del medio o del personaje, usted habrá leído, visto o escuchado versiones contradictorias: que si fueron cinco mil, que veinte mil; que fue un fracaso o que fue un éxito, etcétera. Sin embargo, la mayoría de las noticias o columnas que se han publicado, tanto en Chihuahua como en el centro del país, han sido elaboradas por gente que no estuvo presente en dicha marcha.
Por eso, en mi artículo de hoy hablaremos de esa movilización, de lo que vivimos y de la relevancia de la misma al colocar a Chihuahua en el epicentro de la discusión y de la política nacional.
Dicha marcha fue convocada por Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, desde Chihuahua, Chihuahua, el pasado martes 12 de mayo. Junto con varios de los principales liderazgos del estado —entre ellos Brigitte Granados, presidenta estatal del partido, así como Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez—, Ariadna anunció la movilización para ese día.
No era cualquier marcha. Era una manifestación convocada por el partido oficialista contra la gobernadora Maru Campos por lo que ya es del conocimiento público y que la propia Fiscalía del Estado y la mandataria estatal han confirmado: la presencia de agentes extranjeros armados operando junto con la Fiscalía General del Estado de Chihuahua.
El reto era grande y no sé si Morena lo dimensionó así: la marcha se realizaría en un municipio panista, quizá el más panista del país, gobernado por un alcalde panista y una gobernadora panista; además, en una ciudad con pocos militantes morenistas y donde, en la última elección para presidente municipal, Morena perdió dos a uno. A ello se suma que Chihuahua capital se encuentra a cuatro horas en vehículo del municipio morenista más grande del estado: Ciudad Juárez.
Este es mi testimonio de lo que sucedió en dicha marcha.
Como ya se ha expuesto en redes sociales, es cierto: hubo bloqueos carreteros. Me consta que la carretera de Juárez a Chihuahua estaba bloqueada por “transportistas”, lo que retrasó la llegada de los manifestantes y, por ende, el inicio de la marcha, provocando que muchos tuvieran que regresar. Punto para la gobernadora.
Un servidor se trasladó en vehículo particular y, cinco kilómetros antes de la caseta de entrada a Chihuahua —la caseta de Sacramento—, ya había largas filas de automóviles esperando pasar. Por ello tuve que hacer lo mismo que hacía la mayoría de quienes se dirigían a la ciudad en auto particular: avanzar por terracería hasta llegar a la caseta o utilizar un camino paralelo de tierra.
Y, efectivamente, la JCAS (Junta Central de Agua y Saneamiento de Chihuahua) tenía abierta una zanja justo sobre la calle Carranza, en el trayecto hacia Palacio de Gobierno, lugar al que llegarían los manifestantes.
El evento comenzó una hora y media después de lo programado y, en lo personal, nunca me había tocado asistir en Chihuahua a una marcha tan numerosa. No me atrevería a señalar una cifra exacta, pero la concentración me pareció similar a la que suele reunirse durante el Grito de Independencia en la ciudad de Chihuahua.
El evento concluyó aproximadamente una hora después. Ariadna Montiel convocó a recabar firmas para pedir que Maru Campos deje el cargo, actividad que, según anunció, se realizará casa por casa.
Si usted me pregunta si la marcha fue un éxito o un fracaso, le diría que, desde nuestra perspectiva regional, fue un éxito por haberse celebrado en la ciudad de Chihuahua con ese número de asistentes, en el corazón del panismo —tal vez el municipio más panista del país—, con alcalde y gobernadora panistas, además de los bloqueos carreteros realizados por simpatizantes de la mandataria estatal y las altas temperaturas, cercanas a los 35 grados.
Sin embargo, desde el punto de vista nacional, podría considerarse un fracaso frente a las expectativas generadas por el anuncio de la dirigente nacional de Morena, pues el morenismo está acostumbrado a llenar plazas y zócalos cuando convoca a nivel nacional. Además, ningún gran medio de comunicación ni periódico nacional cubrió ampliamente la marcha.
El tema ha sido de tal relevancia que ha ocupado múltiples espacios en las mañaneras de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha señalado que considera un acto de injerencismo que agentes de la CIA operen en territorio nacional sin permiso ni autorización, como presuntamente ocurrió en Chihuahua, donde se reveló que dichos agentes portaban armas mientras colaboraban con autoridades locales.
Incluso la propia gobernadora de Chihuahua declaró el miércoles que interpreta esta situación como una reacción de Estados Unidos ante la forma en que la presidenta Sheinbaum y el Gobierno Federal manejaron el tema de los agentes norteamericanos. Por supuesto, en entrevistas nacionales realizadas antier negó tener conocimiento de la presencia de dichos agentes operando con la Fiscalía estatal.
Es decir, el tema ya se inscribe en un ámbito internacional y no solamente nacional, sobre todo ante la preocupación existente desde que Donald Trump comenzó a amenazar con intervenir militarmente en el país.
Se trata de un asunto que atraviesa tanto el panorama electoral rumbo a 2027 como el tema de la seguridad nacional. Pareciera que desde Chihuahua podrían definirse dos de las cuestiones más importantes para el país y para la presidenta: las elecciones de 2027 y hasta dónde puede resistir el Gobierno mexicano frente al intervencionismo estadounidense.
De esa magnitud es el tema de Chihuahua y la marcha del 16 de mayo contra la gobernadora Maru Campos.