"La traición de los políticos radica en la sonrisa y la ambición de quienes llegan al poder solo por el poder mismo".
— Jodorowsky

Todas las semanas y todos los días, los políticos sostienen un debate banquetero sobre los alcances del fuero otorgado a diversos funcionarios. Este derecho del que gozan integrantes de los tres poderes de la Unión, en muchos casos, termina siendo abusado. Que le pregunten al prófugo de la justicia Javier Corral, quien para no ser detenido fue cubierto con un manto de protección por parte de Morena y con todo el respaldo de la presidenta. Será muy buen orador en la tribuna del Senado, pero sus discursos carecen de fondo y, muchas veces, también de forma.

Como intentaba desplegar en este trazado, se atravesaron otros hechos. Los diputados de Morena que presentaron la denuncia de juicio político contra la gobernadora, extrañamente no la ratificaron; es decir, el reclamo quedó solo en rebuznos políticos.

Otro asunto que terminó diluyéndose fue la denuncia que interpuso Javier Corral contra Maru Campos por secuestro; incluso, no se presentó a la audiencia siendo la supuesta víctima. Finalmente, se decretó el no ejercicio de la acción penal.

Mientras tanto, el circo mediático de la presidenta y de los líderes de las cámaras legislativas parece apoderarse del país. Las elecciones pueden anularse cuando consideren que existe peligro para la integridad nacional por intervención extranjera. Es decir, cuando así lo determinen, podrán invalidar lo que les plazca.

El fuero del cual gozan diversos funcionarios de Morena les ha servido para mantener una guerra abierta en contra de la gobernadora de Chihuahua. Marchas, redes sociales, mesas de debate en noticieros de radio y acusaciones constantes contra quienes consideran conservadores o neoliberales. Por lo visto, la presidenta posee una bola mágica para detectar quién es quién.

En todo momento están con lo mismo: atacar de la manera que venga. Un poco de historia no les caería mal; cuando menos deberían conocer que el fuero en México, como lo entendemos actualmente, tiene antecedentes históricos importantes, entre ellos el proceso al que fue sometido el general Carlos Fuero Unda, como señalaré más adelante.

Por su parte, el PAN, con el apoyo de diversos sectores, mantiene una guerra de guerrillas políticas que le ha funcionado. Frente a las andanadas contra la gobernadora de Chihuahua, aunque suene fuerte, los tiene arrinconados y da la cara bajo argumentos jurídicos presentados por sus abogados. No se trata aquí de afirmar quién tiene la razón; serán los procedimientos legales y las resoluciones judiciales los que emitan sentencia. Resulta curioso cómo los movimientos de izquierda del mundo utilizaron históricamente esta forma de combate político y ahora son ellos quienes la adoptan, pese a que antes la criticaban.

Algo brutal es el hígado que despliega la FGR cuando realiza “invitaciones” a comparecer a personajes como la gobernadora Maru Campos, Rocha Moya y otros funcionarios de Morena que sí son perseguidos por autoridades estadounidenses. Incluso, al gobernador con licencia Rocha Moya ya se le relaciona con investigaciones internacionales, mientras la presidenta evita dar explicaciones. Subrayo: el Fiscal del Distrito de Nueva York ha procesado a numerosos delincuentes mexicanos; aquello no es precisamente un tribunal de paz.

El fuero es un conjunto de privilegios jurídicos e inmunidades procesales otorgadas a ciertas personas para protegerlas en el ejercicio de sus funciones. Su historia abarca desde la Edad Media como leyes locales, pasando por privilegios estamentales coloniales, hasta convertirse hoy en día en una figura de protección constitucional.

Ni tarda ni perezosa, la presidenta expuso públicamente a noventa y tres integrantes de la delincuencia organizada: algunos procesados sin sentencia, otros con resoluciones firmes y otros más sujetos a investigación. No fue una extradición; fue, prácticamente, una expulsión.

El artículo 33 de la Constitución Mexicana establece que el Ejecutivo de la Unión puede expulsar del territorio nacional a personas extranjeras cuya permanencia se considere inconveniente. Sin embargo, esta acción obliga a las autoridades a otorgar audiencia previa y a seguir un procedimiento administrativo establecido por la ley, garantizando el debido proceso, la legalidad y, en su caso, procediendo a la expulsión.

El artículo 33 habla de extranjeros, no de mexicanos. Ya no estamos en épocas de guerras civiles en México. Así lo dejo.

Habrá mucha arenga, discusiones, marchas, pedradas y escupitajos; habrá quienes den la cara y quienes prefieran ocultarse bajo el manto guadalupano de la presidenta.

Origen en la Edad Media (Europa)

Leyes locales

En el siglo XI, como ocurrió con el Fuero de León en 1017, los reyes otorgaban “fueros” a ciudades, gremios o territorios. Estos documentos funcionaban como códigos que establecían leyes, derechos, privilegios y obligaciones específicas para sus habitantes.

Inmunidad parlamentaria

La figura del fuero político o legislativo moderno nació en Inglaterra durante el siglo XIV. En 1397, el Parlamento inglés intentó denunciar abusos de la corte, lo que provocó represalias del rey. Esto impulsó la creación de protecciones para que los legisladores pudieran ejercer su labor sin temor a ser encarcelados por los gobernantes en turno.

Época colonial en América

Privilegios estamentales

Heredado de España, el concepto de “fuero” se utilizó en el Virreinato para designar tribunales especiales según el estatus de la persona.

Los grupos privilegiados, como militares y clérigos, no podían ser juzgados por la justicia civil común, sino por tribunales especiales que protegían sus intereses corporativos. Tras la Independencia, esta división fue duramente criticada por ir en contra del principio de igualdad ante la ley.

El fuero en México constitucional

Protección al servidor público

En la historia constitucional mexicana, el fuero se transformó en una prerrogativa de inmunidad procesal para altos funcionarios, como jueces, legisladores y el presidente. Su objetivo principal no es la impunidad, sino evitar que otros poderes o intereses políticos utilicen denuncias falsas o el sistema judicial para destituir o intimidar a servidores públicos en funciones.

El origen legendario del “honor”

En el imaginario popular mexicano, la historia del fuero suele asociarse con el general Carlos Fuero Unda. Durante la época del Segundo Imperio, el coronel Fuero custodiaba a un prisionero condenado a muerte. El preso le pidió permiso para despedirse de su familia, prometiendo regresar. Fuero aceptó y tomó su lugar en la celda bajo su palabra de honor. El prisionero regresó para cumplir su condena y la historia llegó a oídos de Benito Juárez, quien, conmovido por el acto, otorgó el indulto, dando origen a una tradición ligada al honor y la palabra empeñada.

La evolución reciente

Con el paso de las décadas, la percepción pública del fuero cambió. Mientras que en sus orígenes democráticos evitaba la persecución política, en la época contemporánea se convirtió frecuentemente en sinónimo de impunidad frente a delitos de corrupción o del fuero común. Esto ha llevado a diversos congresos y países a impulsar reformas constitucionales para limitar, condicionar o eliminar esta inmunidad, buscando que los servidores públicos puedan ser investigados y juzgados como cualquier otro ciudadano.

Salud y larga vida.

Profesor de oposición de la Facultad de Derecho de la UACH

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