Sí, también yo, al igual que el resto del país, me lo pregunté: ¿por qué no fue Andrea? No sólo por el apoyo que tiene en el morenismo chihuahuense, sino también entre la ciudadanía, un apoyo que se percibió hasta el final y que muchos consideraban mayor al de Cruz. Eso lo sabían los panistas, quienes son los más contentos con esta designación de Cruz.

Lo peor para la dirigencia nacional de Morena es que, al día siguiente de la designación, el titular en todos los medios del país no fue “Designan a Cruz candidato por Chihuahua”, sino “No fue Andrea”. Esto significa que Andrea sigue siendo la noticia, es la que da la nota y es la más conocida. Incluso el presidente del Partido Verde felicitó a Cruz como “Cruz López”; ni su apellido se supo.

Con esto no quiero decir que Cruz no sea conocido, pero es conocido principalmente en Juárez y en una parte del estado. Andrea, por su parte, es una política nacional; me atrevería a decir que es una de las cinco mujeres políticas más conocidas del país.

Por eso, la pregunta que ronda en el aire es: ¿qué hará Andrea ahora? ¿Aceptará la Presidencia Municipal de Juárez que, desesperadamente, quieren que acepte para demostrar que está de acuerdo con la designación y, de paso, darle votos a Cruz? ¿O hará lo que un servidor considera que debe hacer, por respeto a lo que representa: quedarse en el Senado y continuar siendo una figura nacional?

Es Andrea, junto con Tatiana Clouthier y Geraldine Ponce, una de las tres morenistas queridas por la militancia y a quienes reconocemos como auténticas morenistas, con la camiseta de la Cuarta Transformación bien puesta. Son ellas las que, así como lo han hecho antes, con sus acciones, posicionamientos y determinación, seguirán siendo un activo para el movimiento de la Cuarta Transformación.

Y junto con este reconocimiento y cariño que les tiene el morenismo nacional —pues han dejado de ser políticas locales—, tienen una gran responsabilidad: dar el ejemplo. Por eso, lo que decidan debe estar a la altura de su dignidad, pero también de lo que se espera de ellas.

Por eso es que pienso que, hoy más que nunca, la congruencia es lo más importante y no aceptar otro cargo que aquel que ella consideraba que podía servir mejor. Porque, como dijo el presidente AMLO siempre, no se está en Morena por cargos, ni se es de ocasión; los verdaderos morenistas somos de convicción.

De todos modos, Juárez lo ganará Morena, con o sin Andrea, y eso se sabe en el centro del país. Pero lo que quiere el morenismo nacional es que se gane con el mayor número de votos en la frontera, para darle votos al candidato a la gubernatura, pero sobre todo a los diputados federales y locales, algo que, según las mediciones internas y externas, sólo se garantiza con Andrea Chávez o Juan Carlos Loera, quienes son los dos morenistas más conocidos en la frontera.

Hasta el momento, Andrea no ha manifestado su apoyo a Cruz Pérez Cuéllar, algo que no le conviene ni a Cruz ni a Morena. Por eso les urge el apoyo de ella. La pregunta es: ¿lo hará?

Si acepta la candidatura a la Presidencia Municipal, es un hecho que apoyará a Cruz. Si no la acepta, puede regresar al Senado y decir que seguirá apoyando a Morena y sirviendo a la presidenta de la República, sin necesariamente expresar su apoyo a Cruz.

De cualquier manera, ella es senadora y una figura relevante que no necesita de la Presidencia Municipal para crecer, pues parece que su futuro está en el centro del país y, desde ahí, ser gobernadora en 2033.

Por lo que no la veo como candidata a gobernadora por otro partido, aunque sea aliado, como el PT. La sigo viendo como senadora y figura relevante del morenismo nacional, donde puede acrecentar más su figura y el apoyo de las bases y, desde ahí, seguir abonando al proyecto nacional, sobre todo en la segunda parte del sexenio de Sheinbaum.

Veremos qué decide. Por lo pronto, el cariño y apoyo del morenismo nacional los tiene. El reconocimiento también. Y la gubernatura no estaba ganada. Así que puede ser que, para su proyecto nacional, lo mejor sea lo que le sucedió: consolidar su figura rumbo a 2033 y ser, en ese año, parte del relevo generacional, como AMLO bien lo dijo al referirse a ella.