El hígado es un órgano poderoso: filtra nuestra sangre, ayuda a mantener los niveles de azúcar, almacena energía y juega un papel esencial en la digestión.
Una mala alimentación, la falta de ejercicio y otras afecciones médicas pueden contribuir a la enfermedad hepática y al cáncer de hígado, ambos en aumento a nivel mundial.
A menudo es posible prevenir la enfermedad del hígado, o incluso revertirla, tan solo con cambios en la dieta y el estilo de vida. A continuación, te explicamos qué puede ayudar, así como qué hábitos podrían estar causando daño.
Los peores hábitos
Beber demasiado alcohol
El consumo habitual de alcohol, la disfunción metabólica o una combinación de ambos pueden contribuir a la llamada esteatosis hepática. La grasa se acumula en el hígado y puede provocar inflamación, cicatrización y cirrosis, dijo Zoubair Younossi, director del Centro Global para la Investigación de Resultados y Políticas Hepáticas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgetown.
En personas con problemas metabólicos como diabetes tipo 2, presión arterial alta o exceso de grasa abdominal, un consumo moderado de alcohol puede agravar el daño hepático, dijo Younossi. El consumo excesivo de alcohol (beber cinco o más tragos en una sola ocasión) es lo más perjudicial.
Para las personas con enfermedad hepática avanzada, los médicos recomiendan evitar el alcohol por completo. Pero con una enfermedad más leve o sin enfermedad, hasta un trago al día puede ser aceptable, aunque es mejor ninguno, dijo Mary Rinella, directora de enfermedades metabólicas y del hígado graso en la Universidad de Chicago.
Excederse con el azúcar
El azúcar es un componente fundamental para la formación de grasa en el hígado. Si hay demasiado, “la maquinaria se sobrecarga” y las células hepáticas se estresan, dijo Rinella. La resistencia a la insulina, que puede ocurrir con el consumo excesivo y crónico de azúcar, también contribuye a la acumulación de grasa en el hígado.
Existe una gran cantidad de evidencia que relaciona el alto consumo de azúcar, en particular de bebidas azucaradas, con la esteatosis hepática asociada a la disfunción metabólica, o MASLD (por su sigla en inglés), dijo Shira Zelber-Sagi, dietista clínica y epidemióloga en la Universidad de Haifa en Israel.
Los azúcares añadidos como el jarabe de maíz de alta fructosa, que está presente en muchos alimentos ultraprocesados y en refrescos, son en especial dañinos para el hígado. Las pautas recomiendan que las mujeres no consuman más de 25 gramos y los hombres no más de 36 gramos de azúcar añadido al día.
Zelber-Sagi indica a sus pacientes que pueden comer una porción ocasional de pastel, pero que deben evitar en lo absoluto las bebidas endulzadas con azúcar. “Crea un hábito muy fuerte y no lo necesitamos”, dijo.
Depender de los suplementos
Dawn Anderson, dietista clínica en la Universidad Virginia Commonwealth, dijo que los pacientes a menudo le preguntan sobre limpiezas hepáticas, desintoxicaciones y suplementos como el cardo mariano y el café de hongos. Hay poca evidencia de que estos productos no regulados tengan algún beneficio para el hígado, según los expertos. “Tu hígado ya es el sistema de desintoxicación de tu cuerpo. No necesita una limpieza”, dijo Anderson. Y estos productos pueden causar daño si contienen ingredientes desconocidos o cantidades excesivas de ciertos ingredientes.
Los mejores hábitos
Hacer ejercicio y mantener un peso saludable
Bajar de peso puede ayudar a reducir la acumulación de grasa, la inflamación y la cicatrización en el hígado. Una reducción de tan solo un 3 por ciento en el peso corporal puede mejorar los marcadores de salud hepática, pero se necesita un 10 por ciento o más para revertir la cicatrización.
Los medicamentos GLP-1 como Wegovy, que están aprobados para tratar un tipo avanzado de MASLD, han sido “un cambio radical”, dijo Zelber-Sagi. Pero deben usarse junto con el ejercicio, en particular el entrenamiento de fuerza, porque la pérdida muscular puede empeorar los resultados en personas con MASLD.
Participar en al menos 150 minutos de actividad aeróbica y entrenar la fuerza dos veces por semana ayuda a reducir la grasa abdominal y la resistencia a la insulina, dijo Zelber-Sagi.
Intentar seguir una dieta de estilo mediterráneo
Se ha demostrado que la dieta mediterránea, que se centra en frutas frescas, verduras, pescado y legumbres y es rica en grasas saludables, reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, una de las principales causas de muerte en personas con enfermedad hepática no alcohólica. Es baja en grasas saturadas, que se encuentran en la carne roja, los lácteos y el aceite de palma y pueden aumentar la grasa en el hígado.
Pero no siempre resulta práctico apegarse estrictamente a la dieta, reconocieron los expertos. Anderson dijo que, si bien muchos de sus pacientes siguen una dieta tradicional del sur de Estados Unidos, pueden incorporar elementos mediterráneos. “Podemos comer berza, repollo, tal vez una calabaza de verano, una ensalada de pepino y cebolla”, dijo.
Para obtener proteínas, sugiere agregar pescado o carne blanca y reducir los cortes grasos de carne roja. También anima a las personas a cocinar a la parrilla, en lugar de freír, y a usar mantequilla solo para dar sabor.
Por último, se ha demostrado en estudios con animales que el café (hasta cuatro tazas al día) reduce la grasa y la formación de cicatrices en el hígado, y en los humanos se asocia con un menor riesgo de cirrosis, dijo Rinella.
Mantenerse al día con la atención primaria
La hepatitis B y la hepatitis C son factores importantes de enfermedad hepática en todo el mundo. A todos los adultos se les debe hacer una prueba de detección de hepatitis C al menos una vez, y vacunarse contra la hepatitis B si no lo hicieron de bebés, dijo Rinella.
Los médicos de atención primaria pueden realizar estas pruebas de detección. También pueden estimar tu riesgo de enfermedad hepática con la ayuda de resultados de laboratorio de rutina. Si tienes diabetes tipo 2, debes hablar con tu médico sobre la posibilidad de hacerte una prueba de rigidez hepática, que puede mostrar la progresión de la enfermedad hepática.