Quizás ninguna enfermedad haya inspirado más terror que la viruela. Edward Jenner, quien inventó la vacuna contra la viruela en 1796, la llamó “el flagelo más terrible de la especie humana”. Se calcula que, tan solo en el siglo XX, la viruela mató a 300 millones de personas. La erradicación del virus en la década de 1970 destaca como uno de los grandes triunfos de la medicina. Y, sin embargo, cinco décadas después, la viruela aún nos acecha, mientras el mundo se preocupa por su resurrección como arma biológica.

Pese a toda la ansiedad que inspira la viruela, su historia sigue siendo notablemente misteriosa. Los investigadores no saben cómo evolucionó por primera vez ni durante cuánto tiempo ha asolado a la humanidad. Pero durante la última década, los genetistas han ofrecido una nueva línea de evidencia, al encontrar ADN de viruela que aún se esconde en los cuerpos de personas que murieron hace siglos.

El jueves, los investigadores revelaron el rastro genético más reciente en un artículo publicado en Science. Por primera vez, han encontrado genomas antiguos de la viruela de América Latina, escondidos en esqueletos en Chile que datan de hace unos 500 años.

Estos fragmentos de ADN han llevado a los científicos a ver la viruela bajo una nueva luz. Podría no haber comenzado como el temido asesino que consideramos que es en la actualidad. Es posible que durante siglos haya sido una infección relativamente leve, a la que le tomó muchas generaciones evolucionar hasta convertirse en el terrible flagelo de Jenner.

Hendrik Poinar, experto en viruela antigua de la Universidad McMaster en Ontario, Canadá, quien no participó en el nuevo estudio, dijo que no tenía conocimiento de ninguna otra enfermedad que hubiera seguido tal curso. “Esto es muy extraño”, dijo.

En general, los científicos concuerdan en que el virus de la viruela saltó a los humanos desde otra especie. Otros animales son portadores de una variedad de virus relacionados, pero los científicos aún no han encontrado un virus que pudiera haber sido el precursor.

“No estamos más cerca de conocer la verdadera especie reservorio de la que provino la viruela, lo cual me parece algo asombroso”, dijo Poinar.

Para comprender cuándo empezó la viruela a matar humanos, los investigadores han examinado restos momificados en busca de las llagas y cicatrices que produce el virus. La momia del faraón Ramsés V, que data de hace 3000 años, tiene marcas de viruela en las mejillas; muchos expertos han sugerido que es el rastro más antiguo de viruela en la historia de la humanidad.

Pero Poinar ya no comparte esa visión. “No me creo lo de Ramsés”, dijo.

Poinar cambió de opinión tras descubrir lo bien que otros patógenos pueden imitar a la viruela. Él y sus colegas examinaron el cuerpo de un niño que había muerto en Italia hace casi 500 años, considerado la evidencia física más antigua de viruela en ese lugar.

Pero Poinar y sus colegas no encontraron ADN de viruela. En su lugar, hallaron genes de la hepatitis B, que puede causar una erupción facial similar a las llagas de la viruela.

En 2016, Poinar y sus colegas ofrecieron una prueba mucho más convincente de la viruela antigua: su ADN. Hallaron fragmentos genéticos del virus en el cuerpo de un niño que vivió en Lituania en el siglo XVII.

Cuatro años después, otro equipo de investigadores descubrió ADN de viruela en la pierna de un infante del siglo XVIII conservado en un museo de Londres. Aún más sorprendente fue el descubrimiento, por parte de otros investigadores, de cuatro genomas de viruela de la época vikinga, en los huesos de europeos del norte que habían vivido hace entre 1000 y 1400 años.

El descubrimiento más reciente de viruela antigua se hizo a unos 6400 kilómetros al este, en un tramo de costa bordeado de acantilados en el norte de Chile, en un sitio llamado Camarones 9. Fue ahí, en la década de 1950, donde los arqueólogos descubrieron un cementerio inca.

Recientemente, investigadores de la Universidad de Chile examinaron de nuevo los restos del cementerio, utilizando nuevas técnicas para buscar ADN, incluyendo genes de virus y bacterias. Los científicos examinaron minuciosamente grandes cantidades de ADN dejado por los microbios del suelo que se habían alimentado de los huesos.

Constanza de la Fuente Castro, antropóloga biológica de la Universidad de Chile y autora del nuevo estudio, dijo que tenía la esperanza de encontrar ADN de tuberculosis, la cual estaba presente en Sudamérica mucho antes de la llegada de los europeos.

“La viruela definitivamente no estaba en nuestro panorama”, dijo.

Pero cuando ella y sus colegas terminaron de analizar sus datos, encontraron virus de viruela genéticamente idénticos, que habían infectado a un hombre y una mujer que vivieron en algún momento entre fines del siglo XV y principios del XVII.

Luego, Castro y sus colegas compararon la secuencia genética de los virus de Camarones 9 con muestras de viruela más antiguas y más recientes. Con base en las similitudes y diferencias en el ADN viral, los investigadores trazaron un árbol genealógico.

Todos los virus conocidos de la viruela parecen compartir un ancestro viral común que existió hace unos 1500 años. A medida que el virus de la viruela encontraba nuevas personas a las que infectar, sus descendientes se dividieron en distintas ramas del árbol genealógico.

Los virus vikingos pertenecen a ramas que no están estrechamente emparentadas con ninguna de las cepas modernas de la viruela. Al parecer se extinguieron hace siglos.

Los virus de Camarones 9 de Chile ocupan un lugar intermedio en el árbol genealógico de la viruela. Están más estrechamente emparentados con la viruela moderna que los virus vikingos. Pero se separaron en una rama propia y distintiva, que también parece haber desaparecido. Por el contrario, los virus de Lituania del siglo XVII y de Inglaterra del siglo XVIII están muy estrechamente relacionados con las cepas modernas del virus.

Castro y sus colegas descubrieron que, con el paso de los siglos, la viruela había experimentado una transformación sorprendente. Surgieron mutaciones que inutilizaron por completo algunos de sus genes.

Para cuando evolucionaron los virus vikingos de la viruela, más de dos decenas de genes se habían apagado. Aún más se perdieron en los virus de Camarones 9. Y para los siglos XVII y XVIII, los virus de Lituania e Inglaterra habían perdido aún más.

“Según nuestro cálculo aproximado, parece ser de uno a dos genes por siglo”, dijo Shigeki Nakagome, genetista del Trinity College de Dublín y autor del estudio de Camarones 9.

Perder genes podría haber hecho que la viruela fuera más eficaz para infectar humanos. Es posible que el virus haya abandonado los que le habían ayudado a infectar a otras especies. Con el paso de los siglos, se volvió más eficiente para multiplicarse dentro de las células humanas. Y a medida que generaba más virus nuevos, es posible que la viruela se volviera más letal.

En otras palabras, los primeros virus de la viruela podrían haber sido relativamente leves. Poinar señaló que no existen registros escritos de brotes de viruela en el norte de Europa durante el periodo de los virus vikingos. Es posible que la mayoría de las personas sobreviviera regularmente a la viruela y obtuviera inmunidad contra ella.

El estudio de Camarones 9 sugiere que cuando los españoles llegaron a América, trajeron consigo virus de viruela que habían estado circulando en Europa en el siglo XV; en última instancia, los virus llegaron a los pueblos indígenas que vivían en comunidades remotas.

Los historiadores han sospechado desde hace tiempo que los europeos trajeron la viruela al Nuevo Mundo, y que luego esta ayudó a diezmar las poblaciones de indígenas allí. Pero muchos registros históricos de los brotes son ambiguos.

Sébastien Calvignac-Spencer, biólogo evolutivo del Instituto Helmholtz de One Health en Alemania, dijo que el nuevo estudio disipa cualquier duda de que la viruela hubiera desempeñado un papel en la devastación de América.

“Esto confirma que el virus ya se estaba propagando en América en esa época”, dijo Calvignac-Spencer, quien no participó en el nuevo estudio.

Varios factores podrían haberla hecho más letal en el continente americano. Para empezar, ahí la gente no tenía inmunidad ante el nuevo virus. Y la hambruna, la esclavitud y la pobreza introducidas bajo el dominio colonial podrían haber debilitado sus defensas aún más.

“Debido a que los indígenas americanos tenían cero exposición al virus, este causó muchos problemas en sus sociedades, incluso si era más leve para los europeos”, dijo Nakagome.

Pero el nuevo estudio sugiere que la viruela aún no había terminado de evolucionar. Es posible que la enfermedad haya alcanzado sus niveles modernos de letalidad en el siglo XVIII. Poinar especuló que la creciente población en Europa podría haber permitido que la viruela se volviera aún más letal. Aunque fuera más probable que matara a un huésped en una epidemia, también era más probable que encontrara un nuevo huésped al que infectar.

Este escenario podría encajar con la evidencia que los científicos han encontrado hasta ahora, pero hay enormes periodos de la historia que aún no comprenden. La mayor parte de la investigación sobre ADN antiguo se ha centrado tradicionalmente en Europa, pero los registros históricos sugieren que la viruela también circuló en partes de África y Asia durante siglos.

“Todos estos son auténticos puntos ciegos”, dijo Calvignac-Spencer. “Hasta que no llenemos estos vacíos, será difícil crear una historia global de una enfermedad tan importante”.