Si hablas un idioma durante toda tu vida, sus reglas gramaticales se te quedan grabadas. Por eso es posible que adivines de manera correcta que el gerundio del verbo “escabullirse” es “escabulléndose”, aunque no conozcas la palabra.
Pero las reglas gramaticales pueden variar mucho de un idioma a otro, y desde hace tiempo los neurocientíficos sostienen la teoría de que las personas bilingües deben procesar los diferentes idiomas con patrones de actividad cerebral distintos.
Sin embargo, en un nuevo estudio, los investigadores descubrieron que estos patrones eran más parecidos de lo que se esperaba. Por ejemplo, al decidir cómo convertir una palabra al singular o al plural, las personas bilingües muestran una actividad cerebral sorprendentemente similar, sin importar si están hablando en su primera o en su segunda lengua.
“No era evidente que fuera a ser tan parecido”, dijo Esti Blanco-Elorrieta, psicóloga y neurocientífica de la Universidad de Nueva York y autora del estudio, que se publicó el lunes en la revista JNeurosci. “Creo que posiblemente este sea uno de los primeros hallazgos muy detallados sobre qué tan integradas están, en realidad, dos lenguas en el cerebro”.
Las primeras investigaciones consideraban el bilingüismo como un “añadido” o una “interferencia” en el procesamiento de la lengua materna, dijo Judith Kroll, psicolingüista de la Universidad de California en Irvine quien no participó en el nuevo estudio.
Estudios posteriores han descubierto que los cerebros bilingües suelen presentar diferencias físicas, como una materia blanca más eficiente y cambios en la materia gris, y que tienen un mejor desempeño en tareas de memoria y concentración.
Ahora los científicos están investigando más a fondo para comprender si aspectos fundamentales de la red neuronal del cerebro realizan una doble o triple función para procesar varios idiomas.
Para obtener más información, el equipo de investigación de Blanco-Elorrieta colocó a 23 personas bilingües en español e inglés en un escáner de magnetoencefalografía (MEG) y monitorizó su actividad cerebral mientras convertían palabras en singular o plural.
Mientras estaban tumbados en el escáner, se les mostraba a los participantes la palabra que debían modificar, como “barcos” o “atún”. A continuación, escuchaban una orden: “one” o “uno” para poner la palabra en singular; “two” o “dos” para ponerla en plural; o “say” o “di” para simplemente repetir la palabra sin modificarla. El escáner captaba imágenes milisegundo a milisegundo de la actividad cerebral antes, durante y después de cada uno de estos cálculos internos.
El equipo de investigación descubrió que los patrones de actividad cerebral eran más o menos los mismos tanto si los participantes bilingües miraban palabras en español como en inglés. Lo más importante es que esto era así incluso cuando las palabras no tenían un equivalente en el otro idioma —como “taxi”, que tiene el mismo significado en español e inglés—. Se cumplía incluso con “pseudopalabras” que sonaban como palabras en español o en inglés —como “ailos”— pero que no tenían ningún significado real.
“Eso hace más difícil explicar el efecto como un simple reflejo del vocabulario compartido”, dijo Blanco-Elorrieta, “y sugiere que el cerebro podría estar representando la operación gramatical en sí misma”.
El hallazgo concuerda con otros resultados iniciales en este rubro, dijo Mirjana Bozic, neurocientífica cognitiva de la Universidad de Cambridge quien no participó en el estudio. Por ejemplo, el nuevo estudio aportó pruebas adicionales de que la parte frontal izquierda del cerebro solía intervenir en el procesamiento de la estructura gramatical de las frases en diferentes idiomas. En general, dijo Blanco-Elorrieta en un comunicado de prensa, un único “motor gramatical” en el cerebro parecía capaz de impulsar varios idiomas a la vez.
Bozic dijo que el hallazgo, aunque no es sorprendente, era “muy revelador, ya que ofrece pruebas elegantes y convincentes de que las personas bilingües se basan en mecanismos neuronales compartidos”. Añadió: “Una pregunta que queda por resolver es hasta qué punto estos hallazgos se pueden generalizar a pares de idiomas que difieren de forma más sustancial”.
Con ese fin, el equipo de Blanco-Elorrieta espera estudiar los patrones de actividad cerebral que subyacen en otros procesos gramaticales y lingüísticos, como descifrar la sintaxis de las oraciones o identificar la gama de objetos a los que puede referirse un solo término, y en idiomas muy diferentes entre sí.
“El cerebro tiene mucha más plasticidad de lo que pensábamos”, dijo Kroll. “Las cosas cambian de manera constante”.