Hay personas que se levantan todos los días, cumplen con su trabajo, estudian, conviven con su familia y mantienen sus responsabilidades, pero llevan años sintiéndose tristes, agotadas o sin esperanza. Para ellas, ese malestar puede llegar a parecer parte de su personalidad.

Sin embargo, vivir durante años bajo una sensación constante de tristeza o desánimo podría ser una señal de distimia, conocida médicamente como trastorno depresivo persistente (TDP).

A diferencia de un episodio de depresión mayor, la distimia suele presentar síntomas de intensidad leve o moderada, pero de manera prolongada. Esto permite que muchas personas continúen con sus actividades cotidianas, aunque hacerlo implique un esfuerzo considerable y una reducción importante de su bienestar.

Una tristeza que puede convertirse en “normal”

Uno de los principales problemas para identificar la distimia es precisamente su duración. Cuando una persona lleva mucho tiempo sintiéndose así, puede dejar de percibirlo como un problema de salud y asumir que simplemente es “su forma de ser”.

En adultos, para establecer un diagnóstico de trastorno depresivo persistente, el estado de ánimo deprimido debe estar presente durante la mayor parte del día y durante la mayoría de los días por al menos dos años. Además, durante ese periodo no deben existir lapsos de más de dos meses consecutivos sin síntomas.

En niños y adolescentes, el periodo requerido es de al menos un año y puede manifestarse principalmente como irritabilidad o enojo persistente.

¿Cuáles son las señales?

Además del estado de ánimo depresivo, pueden presentarse otros síntomas como:

Cansancio o falta de energía prácticamente constante.

Baja autoestima y una autocrítica intensa.

Desesperanza, con la sensación de que las cosas nunca mejorarán.

Problemas de concentración y dificultad para tomar decisiones.

Alteraciones del sueño, desde insomnio hasta dormir demasiado.

Cambios en el apetito, ya sea comer muy poco o hacerlo en exceso.

No es necesario que una persona presente todos estos síntomas para requerir una valoración profesional.

Distimia y depresión mayor no son lo mismo

Aunque comparten características, existen diferencias importantes.

La distimia suele ser menos intensa pero mucho más prolongada. Una persona puede continuar trabajando o estudiando, pero hacerlo con poco disfrute, cansancio y un esfuerzo considerable.

En cambio, la depresión mayor puede alcanzar una intensidad mucho más severa y afectar de manera marcada la capacidad de una persona para realizar sus actividades habituales. Un episodio depresivo mayor puede diagnosticarse cuando los síntomas persisten durante al menos dos semanas y cumplen criterios clínicos específicos.

La diferencia fundamental, por tanto, no está solamente en “qué tan triste” se siente alguien, sino también en la duración, la intensidad y el impacto de los síntomas en su vida cotidiana.

No es simplemente una forma de ser

Normalizar durante años el desánimo puede retrasar la búsqueda de ayuda. Por eso, si una persona identifica un estado persistente de tristeza, cansancio, desesperanza, baja autoestima o problemas de concentración, especialmente cuando llevan años presentes, es recomendable acudir con un profesional de la salud mental.

Un psicólogo o psiquiatra puede realizar una evaluación clínica y determinar si existe un trastorno depresivo persistente u otra condición.

La distimia no tiene por qué convertirse en una forma permanente de vivir. Existen tratamientos eficaces y, dependiendo de cada caso, pueden incluir psicoterapia y tratamiento farmacológico.

Sentirse así durante años no significa que esa sea la personalidad de una persona. A veces, lo que se ha aprendido a llamar “mi forma de ser” puede ser un problema de salud mental que merece atención.