Chihuahua, Chih.- Con los pies adoloridos, el cuerpo agotado y la esperanza intacta, cientos de peregrinos llegan hasta la capilla de San Judas Tadeo para encontrarse frente a su imagen, agradecer los favores recibidos y pedir un milagro más. Algunos caminan cerca de cuatro horas; otros, hasta siete, pero el cansancio parece quedar en segundo plano cuando finalmente tienen al santo frente a ellos con sus hijos recién nacidos en brazos otros con una figura de San Judas en mano se persignan y saben que cumplieron con su manda por su milagro
Este 28 de octubre, la devoción se hace visible en cada rostro, en las manos que se juntan para rezar, en las lágrimas que escapan después de una larga caminata y en las miradas que buscan la imagen de San Judas, a quien muchos encomiendan su salud, la de sus hijos, padres y demás seres queridos.
Al llegar a la capilla, los fieles deben incorporarse a una fila para acercarse al santo. La imagen fue colocada sobre un pedestal de acero de aproximadamente dos metros de altura, una medida adoptada para protegerla y evitar que resulte dañada ante la gran cantidad de personas que acuden a venerarla.
Frente a ella, cada peregrino encuentra su propia manera de expresar la fe. Algunos levantan sus teléfonos para tomarle fotografías; otros llevan flores como ofrenda, intentan tocar la imagen o simplemente se quedan unos instantes mirándola en silencio. Muchos se persignan, inclinan la cabeza y elevan una oración que, en ocasiones, parece venir acompañada de años de dificultades, preocupaciones y promesas.
Dentro del mismo tubo que sostiene el pedestal, los visitantes depositan sus limosnas, cada quien de acuerdo con sus posibilidades y voluntad. No hay una cantidad establecida: para algunos es una moneda; para otros, una ofrenda que representa el agradecimiento por una petición cumplida.
Detrás de la imagen, las veladoras iluminan el espacio destinado para colocarlas. Cada una lleva consigo una intención, una súplica o un agradecimiento. Hay quienes piden por la recuperación de un enfermo, por la protección de sus familias o por la solución de un problema que parece no tener salida.
La llegada de los matachines también llena de color y tradición el recinto. Con sus penachos, vestimentas y pasos al ritmo de la música, avanzan mientras entonan sus cantos religiosos, entre ellos: “Allá en el altar mayor se ve brillar, se ve brillar la madre de Santa Rita se ve brillar”.
Su presencia acompaña la jornada de fe y recuerda que la celebración de San Judas Tadeo no sólo se vive a través de las oraciones, sino también mediante las expresiones populares que pasan de generación en generación.
A un costado de la capilla, decenas de personas se reúnen para escuchar la misa. Algunas permanecen de pie, otras buscan un lugar donde sentarse después del recorrido. Dentro de la iglesia también hay fieles que prefieren quedarse en silencio, con las manos juntas y los ojos cerrados, prolongando su encuentro espiritual después de haber llegado hasta el templo.
Entre quienes acuden están también personas que utilizan sillas de ruedas y que, con el mismo propósito, se acercan para agradecer o pedir por su bienestar. Su presencia refleja que la devoción no conoce una sola forma de llegar ni depende de la distancia que cada quien pueda recorrer.
Así, entre flores, veladoras, cantos y plegarias, la capilla se convierte en el punto de encuentro de quienes llegan con una petición y de quienes regresan para dar gracias.
Para muchos, el camino termina al colocarse frente a San Judas Tadeo; para otros, ese momento representa el cumplimiento de una promesa hecha en medio de la enfermedad, la angustia o la incertidumbre. Y aunque las piernas pesen después de horas de caminata, basta estar frente a la imagen para que el cansancio ceda su lugar a la emoción de haber llegado.
Porque detrás de cada peregrino hay una historia, una necesidad o un agradecimiento que no siempre se expresa con palabras, pero que se manifiesta en cada paso dado hasta los pies del santo de las causas difíciles.
