Todavía hay quienes dicen que el futbol es solo un deporte, pero lo vivido en las calles de Bagdad luego de la clasificación de Irak al Mundial demuestra que es un rayo de esperanza para una nación que ha sido golpeada por la inestabilidad en Medio Oriente.
Tras 40 años de ausencia de la máxima cita, desde México 1986, los "Leones de Mesopotamia" sellaron su épico regreso, desatando una euforia que ha recorrido el país asiático.
Consciente del impacto del momento, el gobierno iraquí decretó día de júbilo nacional con asueto para permitir que las personas salieran a las calles a recibir a los jugadores y cuerpo técnico, encabezado por el entrenador Graham Arnold, como héroes.
Por si fuera poco, propuso una serie de medidas y reconocimientos para homenajear a los jugadores, cuerpo técnico y administrativo.
Con lo que respecta a los premios, destacan viviendas especialmente diseñadas, pasaportes diplomáticos y hasta la creación de un sello postal en honor a su hazaña.
Las autoridades también planean nombrar calles de Bagdad y otras ciudades como "Leones de Mesopotamia", la construcción de museos y murales para inmortalizar el momento.
Por un día, Irak y su gente olvidaron todos sus problemas. No les importaba lo que pasaba afuera; ellos solo querían vivir el pandemónium de felicidad.