Oscar, un adorable labrador mestizo de unos 32 kilos, de andar parsimonioso y vecino del valle del Hudson, está saboreando un inesperado momento de fama literaria. En marzo, fue el protagonista de un conmovedor tributo en la colección de ensayos The Best Dog in the World. Ahora es la inspiración de una nueva novela, Etna, que Scribner publica esta semana.

Pero Oscar está demasiado ocupado tratando de sacarle premios, paseos y caricias en la panza al escritor Paul Yoon, el responsable tanto del ensayo como del libro, como para darse cuenta.

Etna, la sexta obra de ficción de Yoon, trata sobre un perro de combate que intenta volver a casa después de una guerra devastadora, y la historia está contada en primera persona desde la perspectiva del perro. Aunque el personaje canino no es Oscar propiamente dicho, su espíritu anima el libro.

“Me enamoré de un perro”, me dijo Yoon en un elegante café en la calle principal de Hudson, Nueva York, cuando le pregunté por qué decidió escribir esta novela. “Me enamoré de Oscar”.

Después de años de lo que parecía una comunicación telepática entre ellos, con sus sincronías y sus limitaciones, Yoon empezó a preguntarse cómo se veía el mundo a través de los ojos de Oscar. “Parte de comenzar Etna fue que estaba imaginando su voz”, dijo. “Nos imagino hablando, y él me está contando una historia”.

La historia que surgió es desgarradora y tierna, plasmada en la prosa austera y lírica de Yoon. Etna, un pastor mestizo, es arrancado de cachorro de su hogar en una granja cerca del mar —ni el país ni la guerra se nombran— y entrenado para el combate, donde aprende a matar en defensa propia y a proteger ferozmente a su manada. Después de la guerra, emprende una aventura con tintes odiseicos: obstáculos peligrosos, personajes misteriosos y violencia imprevista que recae sobre sus seres queridos.

Al igual que sus mejores predecesores literarios que han escrito desde la perspectiva de un perro —Virginia Woolf (Flush. Biografía de un perro), John Berger (King. Una historia de la calle), Jack London (El llamado de la selva)— Yoon lo logra sin ser empalagoso ni condescendiente. Esto es gracias a la sabiduría silenciosa de Etna y al retrato vívido e implacable de Yoon de la ruina que deja la guerra.

Ayuda que Etna pueda entender todo lo que dice la gente a su alrededor. Esta fue en parte una decisión práctica, como explica Yoon: “Quería crear un puente para que el lector experimentara este mundo y este viaje”. Pero, agregó: “Creo profundamente que los perros tienen superpoderes y secretos”.

La guerra es el tema que une casi todos los escritos de Yoon. Le fascina especialmente la resistencia frente al gran sufrimiento: “¿Cómo no rendirse? ¿Cómo encontramos pequeños espacios de alegría y optimismo? ¿Y cómo sanamos y nos unimos?”.

El propio Yoon no ha vivido en carne propia el tipo de guerras devastadoras de naciones sobre las que escribe. Creció en la zona de Nueva York, sobre todo en Poughkeepsie, con un padre ginecobstetra y una madre ama de casa, y estudió en la prestigiosa academia Phillips Exeter.

Pero las historias de guerra dominaron su infancia. Sus abuelos paternos, cristianos que vivían en Corea del Norte, escaparon de la persecución religiosa huyendo a Corea del Sur a principios de la década de 1950, con su joven padre a cuestas. Ambos padres crecieron con el caótico telón de fondo de la guerra de Corea y sus secuelas. Inmigraron por separado a Estados Unidos como adultos y se conocieron en la ciudad de Nueva York a finales de la década de 1970.

“Mientras crecía, era consciente de que era una persona de color en un mundo muy blanco, pero había una sensación aún más fuerte de ser diferente porque no tenía ninguna conexión con miembros de mi propia familia”, dijo Yoon. Su obra representa una oportunidad de conversar con esos parientes inasibles, una conversación que ahora ha ampliado para incluir a su mascota, a quien tampoco puede conocer del todo.

Yoon vive con Oscar y su esposa, la escritora Laura van den Berg, en una casa centenaria en una calle arbolada de Hudson, a unas dos horas río arriba desde Nueva York. Desde afuera, la casa parece angosta, con una puerta principal que está un poco ladeada. Por dentro, es amplia y acogedora, pese a —o quizás debido a— las numerosas adaptaciones hechas para Oscar, de 12 años, entre ellas una cama ortopédica y varios tapetes de yoga colocados para evitar que resbale.

Mientras los tres conversábamos, Yoon y van den Berg le daban a Oscar pequeños trocitos de queso, y él se mantuvo casi todo el tiempo absorto, salvo por el momento en que se acercó y lamió mi libreta con su enorme lengua. (El día anterior, su cumpleaños, lo consintieron con un pastel casero de calabaza y mantequilla de maní).

Yoon y van den Berg se conocieron en la Bread Loaf Writer’s Conference en Vermont en 2004, cuando tenían poco más de veinte años. Ahora cada uno tiene ya varias obras de ficción y una serie de premios literarios en su haber, incluidas las becas Guggenheim y el Story Prize de 2023 por The Hive and the Honey de Yoon.

Ambos han conseguido también codiciados puestos como profesores universitarios: él en Williams College y ella en la Universidad de Harvard. Se trasladan desde Hudson hasta sus respectivos trabajos, y se turnan para llevar a Oscar con ellos.

Han construido una vida en la que se mueven en esferas literarias paralelas, comprometidos con hacer buen trabajo mientras se sirven mutuamente como sus primeros y mejores lectores.

“Con los comentarios de Laura, hay mucho lenguaje abreviado”, dijo Yoon. “Puede ser muy eficiente porque lleva mucho tiempo leyendo lo que escribo”. De su marido, van den Berg dijo: “Es un crítico increíblemente riguroso, pero siempre lo transmite con muchísima delicadeza”.

Aunque su escritura es muy diferente —van den Berg describió la suya como “especulativa y que altera la realidad”— han ejercido una influencia sutil el uno sobre el otro a lo largo de los años, y ahora pueden estar llegando a un punto de convergencia.

La próxima novela de van den Berg es la más realista hasta la fecha, y Yoon experimenta con la fantasía por primera vez en Etna, no solo adentrándose en la mente de un perro, sino también en algunos elementos de un mundo casi futurista. “Parte de eso fue pensar en el trabajo de Laura”, dijo, y decidir: “Yo también tengo el valor de intentar esto”.

La obra de Yoon ha sido respetada en la industria desde hace tiempo, pero Etna ha generado más expectación que cualquiera de sus libros anteriores. La novelista Lauren Groff, una amiga cercana, cree que es su mejor libro hasta ahora.

“Hay algo en los perros —su lealtad, su generosidad, su constancia— que se convierte en un punto de partida para este comentario sobre la violencia real del mundo humano”, dijo. “Y, por supuesto, su prosa es exquisita”.

A Yoon le complace el entusiasmo que está generando Etna, pero lo atribuye, con su característica humildad, a su público.

“Somos muchos los que amamos a nuestros perros, y creo que a la gente le entusiasma leer una novela desde la perspectiva de un perro”, dijo. “De verdad queremos estar en conversación con nuestros animales. Queremos seguir sintiendo ese vínculo”.

Van den Berg ofrece otra interpretación: “Cuando un escritor hace algo en lo que es más él mismo, pero lo está haciendo de una manera que no había hecho antes, eso es magia”.