Creel, Chihuahua.— La aventura comienza apenas al dejar la ciudad, donde el paisaje urbano cede el paso al escenario natural que sirve como preludio de las maravillas por venir.
Una parada obligada para los viajeros son Gorditas Lupita en Santa Isabel. Lo que comenzó como un esfuerzo por salir adelante de la señora Guadalupe Ramírez es un referente de sabor y punto obligado para los turistas en su destino hacia Creel.
El emprendimiento de Guadalupe Ramírez fue escalando: de la canasta con 20 gorditas, pasó a una hielera con capacidad para 30 o 40 piezas, hasta que finalmente el negocio logró establecerse en un punto estratégico: el entronque de la carretera libre a Cuauhtémoc. Hoy, Gorditas Lupita vende alrededor de 15 mil gorditas por semana.
El legado de Guadalupe continúa vigente no sólo en el nombre del establecimiento, sino en la calidad que permite que miles de personas sigan eligiendo sus gorditas, consolidando a Santa Isabel como una parada obligatoria en la ruta gastronómica del estado.
Tras disfrutar de las tradicionales Gorditas Lupita, el viaje continúa hacia la Sierra para descubrir Creel, que cautiva con su imponente belleza natural.
El nacimiento de Creel está unido al paso del tren. El 26 de mayo de 1907, el poblado fue fundado oficialmente como “Estación Creel”, transformando lo que hasta entonces era Seegórachi, una comunidad rarámuri.
El nombre de Creel rinde homenaje a Enrique C. Creel, exgobernador de Chihuahua que impulsó el desarrollo del ferrocarril en la región.
En 2007, Creel fue nombrado el primer Pueblo Mágico del estado de Chihuahua.
La calle Adolfo López Mateos es el corazón de Creel, un punto de encuentro donde conviven lugareños y turistas. Esta arteria concentra una gran variedad de restaurantes, hoteles, tiendas de artesanías y prestadores de servicios que ofrecen desde la renta de cuatrimotos y razers, así como recorridos en cabalgatas, caminatas, ciclismo de montaña, escalada y rappel, entre otras actividades.
Justo en esta calle está Centauro, un restaurante regional que, a tan sólo nueve meses de inaugurarse ha conquistado a los comensales al combinar la cocina tradicional de la Sierra Tarahumara con destellos contemporáneos. Su propuesta sobresale por un ambiente acogedor, un servicio impecable y una mixología creativa.
Desde una jugosa hamburguesa o un fresco aguachile, hasta un selecto corte de carne, la satisfacción está garantizada para cada comensal.
Uno de los atractivos de Creel es el mirador de Cristo Rey que se alza como corona de una gran colina. Este mirador ofrece a los visitantes una vista de los acantilados rocosos y los valles pintorescos que definen la región. Erigido en 1961 como símbolo de fe para la comunidad local, es fácilmente accesible desde el centro de Creel.
La estación de ferrocarril Creel-sierra Tarahumara está en la zona Centro. Por su conectividad, infraestructura turística y proximidad a valles, cascadas y a las Barrancas del Cobre, es considerada la puerta de entrada a la Sierra Tarahumara.
Cerca está el Museo Tarahumara de Arte Popular, espacio que acoge creaciones chihuahuenses, con énfasis en la producción de las comunidades indígenas, con el objetivo de ayudar a promover, difundir, preservar y rescatar la artesanía chihuahuense como muestra del patrimonio cultural tangible y a la vez impulsar el desarrollo integral y elevar la calidad de vida de quienes las realizan.
Para conocer los alrededores, un buen punto de partida es el Lago de Arareko, que está a siete kilómetros de Creel, cuyo nombre significa herradura en rarámuri debido a su forma. Aunque originalmente fue creado para abastecer de agua a las comunidades locales, con el paso del tiempo se transformó en un imperdible atractivo turístico.
Otro atractivo es el Valle de los Monjes, ubicado en el ejido de Sisoguichi. Su nombre es por las imponentes formaciones rocosas que emulan la silueta de monjes. Al llegar, un foco tonal da la bienvenida a los visitantes. Entre sus estructuras más representativas destaca "El concilio de los monjes", aunque la imaginación vuela al descubrir figuras que emulan un elefante, la cabeza de un águila, la muela del juicio e incluso el perfil de Donald Trump.
La aventura continúa en El Valle de las Ranas y De los Hongos, ubicados a un lado de la Misión de San Ignacio, piedras que el viento esculpió a través de millones de años. Los vecinos ofrecen en venta artesanías de palmilla, barro, madera y lana.
En definitiva, cualquier época del año es perfecta para viajar a Creel y dejarse cautivar por sus tesoros naturales.
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