Chihuahua alberga una de las mayores riquezas biológicas de México. Sus bosques de la Sierra Tarahumara, pastizales, desiertos y cañones sirven como refugio para decenas de especies bajo protección. De acuerdo con el Departamento de Vida Silvestre de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SDUE), el estado trabaja en programas de conservación de más de 90 especies de fauna silvestre prioritarias para la biodiversidad regional.

Entre los animales más emblemáticos protegidos está el oso negro americano, considerado una especie clave de los ecosistemas serranos. También destacan el águila real símbolo nacional de México; la cotorra serrana occidental, especie endémica de los bosques de coníferas de la Sierra Madre Occidental; y diversas especies de anfibios, reptiles y mamíferos que habitan las áreas naturales protegidas.

Las autoridades estatales mantienen espacios estratégicos para la conservación de estas especies. El Área de Protección de Flora y Fauna Papigochi cuenta con una superficie de 222 mil 767 hectáreas, mientras que Campo Verde protege 108 mil 067 hectáreas y Tutuaca supera las 444 mil hectáreas, funcionando como refugios para fauna amenazada.

Sin embargo, no toda la fauna protegida vive lejos de las personas. Cada vez es más común que algunos ejemplares aparezcan en zonas urbanas o suburbanas de la ciudad de Chihuahua y otros municipios. Los murciélagos insectívoros, por ejemplo, suelen refugiarse en edificios, puentes o techos. Aunque muchas personas les temen, son fundamentales para el control natural de plagas, pues consumen grandes cantidades de insectos durante la noche. En la mayoría de los casos no representan peligro y no deben ser exterminados.

Otro visitante frecuente es la lechuza de campanario, que encuentra alimento en parques, lotes baldíos y zonas agrícolas cercanas a la ciudad. Estas aves rapaces ayudan a controlar poblaciones de ratones y otros roedores. De igual forma, los halcones, gavilanes y algunas especies de búhos pueden observarse sobrevolando áreas urbanas en busca de presas.

Durante ciertas temporadas también hay avistamientos de venado cola blanca, especialmente en comunidades cercanas a zonas serranas o de matorral. Cuando estos animales ingresan a espacios habitados suelen estar desorientados o buscando agua, por lo que la recomendación es mantener distancia y reportarlos a las autoridades ambientales.

En las zonas periféricas de la capital pueden aparecer reptiles como la lagartija cornuda de montaña o diversas serpientes no venenosas que cumplen una función importante en el equilibrio ecológico. Matar estos ejemplares contribuye al deterioro de los ecosistemas y puede afectar el control natural de insectos y pequeños roedores.

La Ley de Vida Silvestre del Estado de Chihuahua establece categorías para especies en peligro de extinción, amenazadas y sujetas a protección especial, reconociendo la necesidad de conservar poblaciones cuya supervivencia están comprometida.

Especialistas recuerdan que, ante cualquier encuentro con fauna silvestre, la mejor acción es no alimentarla, no intentar capturarla y reportar su presencia a las autoridades correspondientes. La convivencia responsable permite que Chihuahua conserve una biodiversidad única, donde incluso los animales que ocasionalmente comparten espacio con las ciudades continúan desempeñando un papel esencial para la salud de los ecosistemas.