En Chihuahua, las oportunidades parecen alejarse conforme terminan las grandes ciudades. Durante décadas, la inversión, los empleos y los servicios se han concentrado en los principales centros de población, mientras cientos de comunidades pequeñas siguen esperando infraestructura capaz de cambiar realmente sus condiciones de vida. Hasta ellas llegan apoyos y programas, pero pocas veces las inversiones necesarias para romper un rezago que se hereda de generación en generación.


La Sierra Tarahumara muestra esa fractura, de acuerdo con un análisis a los microdatos de la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Aunque concentra apenas 5.9 por ciento de las viviendas del estado, reúne hasta 84 por ciento del déficit en servicios básicos e infraestructura. En la región, seis de cada diez hogares reciben recursos de programas gubernamentales.


El problema está en confundir asistencia con desarrollo, que no es lo mismo. Una transferencia puede ayudar a comprar alimentos, pero no construye carreteras, hospitales, redes de agua, escuelas, empleos ni conexiones de internet. Sin esa infraestructura, las posibilidades de romper el ciclo siguen siendo mínimas.


Además, existe una lógica que termina profundizando la brecha, porque el dinero público y privado encuentra mayores facilidades donde ya existen servicios, trabajadores y mercados. Se invierte más donde hay más y menos donde históricamente ha faltado casi todo.


Después llega la migración, y cuando los jóvenes salen para estudiar o trabajar, los pueblos pierden población productiva y disminuyen todavía más sus posibilidades de atraer inversiones. El abandono termina alimentándose a sí mismo.


La desigualdad significa tener que recorrer horas para llegar a un hospital, estudiar sin internet o crecer sin oportunidades laborales cercanas. En en los grandes proyectos donde debería inyectarse los recursos públicos de todos los niveles de gobierno.


Los paliativos pueden contener temporalmente la pobreza, pero difícilmente transforman una región. Mientras el desarrollo continúe concentrándose en los grandes centros urbanos, vivir lejos de ellos seguirá determinando buena parte de las oportunidades disponibles desde el nacimiento.