El Presidente estadounidense, Donald Trump, enfrenta un creciente descontento por el costo de vida, un problema que amenaza con afectar a los republicanos en las elecciones intermedias del próximo 3 de noviembre y que recuerda a la situación que debilitó políticamente a su antecesor, Joe Biden.

De acuerdo con BBC News, aunque los principales indicadores económicos de Estados Unidos no muestran necesariamente un panorama desfavorable, la percepción de la población es distinta. Esta brecha entre los resultados económicos y la experiencia de los ciudadanos fue uno de los factores que afectó políticamente a Joe Biden y que ahora representa un desafío similar para Donald Trump.

Pese a las promesas de Trump de reducir los precios y mejorar el poder adquisitivo de los estadounidenses, los hogares continúan resintiendo el encarecimiento de productos básicos, la gasolina, la vivienda y otros servicios, mientras que la inflación ha vuelto a acelerarse.

En septiembre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 0.6 por ciento respecto al mes anterior y alcanzó una tasa anual de 3.7 por ciento, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales.

El precio de la gasolina subió 9.1 por ciento en ese mes, mientras que el índice de energía acumuló un incremento anual de 20.4 por ciento.

La persistencia de los precios elevados representa un desafío para Trump, quien durante su campaña presidencial de 2024 prometió combatir la inflación desde el primer día de su segundo mandato.

Sin embargo, sus políticas comerciales y el conflicto con Irán se han convertido en factores adicionales de presión sobre los costos.

Los aranceles impuestos a productos extranjeros han generado preocupación por su impacto en los precios de importación y los bienes de consumo, mientras que la guerra con Irán ha contribuido al encarecimiento de los energéticos y los combustibles.

Este escenario ha complicado el mensaje económico de la Casa Blanca, que ha defendido sus políticas y señalado que sus beneficios requieren tiempo para reflejarse en los hogares.

El malestar ya se refleja en las encuestas. Un sondeo de The Associated Press y el Centro NORC, realizado entre el 24 y el 28 de septiembre a 2 mil 140 adultos, encontró que apenas 17 por ciento aprueba la gestión de Trump frente al costo de vida y 26 por ciento respalda su manejo de la economía.

Además, 65 por ciento responsabiliza principalmente a las políticas del Mandatario por los precios persistentemente elevados, frente a factores externos a su control.

La comparación con Biden resulta especialmente significativa. En octubre de 2022, antes de las elecciones intermedias de ese año, 44 por ciento de los estadounidenses atribuía los precios elevados a las políticas del entonces Presidente demócrata, mientras que 55 por ciento consideraba que obedecían a factores fuera de su control.

Ahora, Trump enfrenta un nivel mayor de responsabilidad ciudadana por el encarecimiento de la vida, de acuerdo con el mismo estudio de AP-NORC.

La situación también recuerda el costo político que tuvo para Biden la inflación posterior a la pandemia de Covid-19. Aunque su Gobierno registró avances en el empleo y la actividad económica, el encarecimiento de los bienes y servicios se convirtió en una de las principales fuentes de inconformidad entre los votantes y debilitó la posición de los demócratas antes de los comicios de 2022.

En el caso de Trump, el descontento llega en un momento decisivo para su partido.

Los republicanos buscan conservar sus mayorías en el Congreso, mientras los demócratas han colocado la asequibilidad y el costo de vida entre los ejes centrales de sus campañas.

Una encuesta del Pew Research Center publicada en octubre encontró que 65 por ciento de los estadounidenses considera que las políticas económicas de Trump han empeorado las condiciones del país.

Incluso entre los republicanos se observó un cambio: 39 por ciento dijo que sus medidas habían mejorado la economía, frente a 57 por ciento que opinaba lo mismo en enero.

Así, el Presidente enfrenta una paradoja similar a la de su antecesor: los resultados económicos que defiende su Administración no necesariamente coinciden con la experiencia cotidiana de los ciudadanos. Para los votantes, la capacidad de pagar alimentos, combustible y vivienda puede pesar más que los indicadores generales de crecimiento.

Con información de AP