En junio de 2006, OJ Simpson entró a una suite de un hotel en Miami y se dejó caer en un sillón. Sus ojos recorrieron la habitación, como si buscaran una salida. Sus dedos tamborileaban sobre el reposabrazos.
La exsuperestrella de la NFL, presentador de televisión, estrella de cine y alguna vez sospechoso de asesinato había aceptado esta reunión con su escritor fantasma. Simpson planeaba publicar una confesión, o al menos una confesión “hipotética”, del asesinato de su exesposa y el amigo de ella. Pero parecía tener dudas.
Se inclinó y tomó un puñado de nueces. Se estiró para tomar una botella de agua. El escritor fantasma encendió su grabadora de audio y señaló el inicio de una conversación.
Simpson hizo una pausa por un momento; la habitación estaba envuelta en silencio.
“Sabes que no podría haber hecho esto solo”, comenzó.
En la historia que Simpson contó ese día, publicada más tarde en el libro If I Did It, describió una versión de los asesinatos de 1994 de Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman en la que Simpson tuvo ayuda de un amigo que se deshizo del arma homicida y de la ropa ensangrentada de Simpson.
Los fiscales que no lograron condenar a Simpson por asesinato han dado poca credibilidad a la noción de un cómplice. La policía, también. Muchas personas consideraron los detalles de la confesión hipotética de Simpson una fantasía, parte de un esfuerzo desesperado por sacar provecho de su fama y notoriedad menguantes en medio de crecientes problemas económicos y roces con la ley.
Pero hoy, más de 30 años después del “juicio del siglo”, evidencia recientemente dada a conocer insinúa que el relato de Simpson no debió haber sido descartado tan fácilmente.
Una revisión de The New York Times, basada en archivos judiciales recientemente desclasificados, entrevistas y otras pruebas, detalla información oculta durante mucho tiempo sobre el arma homicida desaparecida, los supuestos esfuerzos de Simpson para encubrir el crimen, así como la posibilidad de un cómplice. Juntos, los hallazgos desafían lo que se cuenta popularmente en torno a un caso que ha sido analizado en innumerables libros, pódcast y documentales, y siembran dudas sobre la decisión de las autoridades de no hacer más para seguir una pista prometedora.
Un documento de hace décadas presentado en un caso penal no relacionado y poco conocido en Nueva York, que fue recientemente desclasificado a petición del Times, describe el relato de un informante preciado que se presentó con información prometedora mientras se desarrollaba el juicio de Simpson por asesinato en 1995.
El informante, un hombre considerado “extremadamente confiable” por un fiscal federal veterano y elogiado efusivamente por una jueza federal con una larga carrera, era un socio de Simpson y un amigo cercano de Al Cowlings, confidente de Simpson. Como parte de su amplio acuerdo de cooperación con las autoridades, el informante compartió información sobre la supuesta ubicación del arma homicida y los esfuerzos para deshacerse de ella. El documento describe la naturaleza general de lo que el informante ofreció a los fiscales, pero no especifica qué dijo, ni en qué grado se implicó a sí mismo o a otros.
Su relato fue enviado a los fiscales de Los Ángeles a finales del juicio por asesinato de Simpson, tan tarde que los fiscales ya habían expuesto su versión de los hechos al jurado y habían concluido la presentación de su caso, pero aún no habían ofrecido los argumentos finales. Hace 30 años se ordenó que los documentos en el caso de Nueva York se mantuvieran en secreto. Y así habían permanecido, hasta ahora.
El papel del informante en el caso podría ser aún más profundo. A principios de este año, el hermano del informante le dijo al Times que tanto él como su hermano estaban en Los Ángeles la noche de los asesinatos. Y vio al informante con las manos aparentemente cubiertas de sangre después de salir a ayudar a Simpson.
Ninguna de las nuevas pruebas reveladas por el Times esclarece definitivamente el misterio. Nadie se ha presentado con nuevas evidencias forenses. Incluso el hermano del informante ha tratado desde entonces de retractarse de las declaraciones explosivas que hizo al Times. Tomado en su conjunto, el material apunta en direcciones diferentes, pero se desvía significativamente del relato oficial que la policía y los fiscales han ofrecido.
El enjuiciamiento por doble asesinato de Simpson, quien fue absuelto por un jurado, sigue siendo uno de los casos más analizados en la cultura popular y ha generado innumerables teorías. Ahora que muchos de los actores principales han muerto, es posible que la verdad completa nunca se conozca.
Aun así, la noción de que un cómplice participó en los asesinatos ha llamado la atención de los investigadores de casos sin resolver de la Policía de Los Ángeles, quienes apenas el invierno pasado estaban haciendo llamadas discretamente sobre posibles pistas.
“El caso de OJ Simpson sigue siendo una investigación abierta y en curso”, dijo un portavoz del Departamento de Policía de Los Ángeles. Debido a que no hubo condena en los asesinatos, “el departamento tiene la obligación de continuar buscando justicia en este asunto”. El portavoz agregó: “En el momento en que se encuentre nueva evidencia, los detectives seguirán esas pistas de investigación”.
Como parte de una nueva revisión del caso Simpson, el Times ha desenterrado historias de cintas de audio secretas, vínculos con la mafia, una fuga de prisión y comunicaciones extraoficiales entre fiscales estatales y federales. La reportería también encontró un relato dramático del rapero Fat Joe que refuerza el supuesto papel del informante en el caso.
Gran parte de la nueva información se enfoca en el informante, un traficante de drogas fallecido llamado Joseph Ippolito, conocido como Joey. Era un asociado de la mafia, un criminal en serie, un fugitivo de prisión, y un amigo de Simpson. La historia de la vida de altos vuelos del nativo de Nueva Jersey y su vínculo con el caso Simpson, si no estuvieran respaldados por informes policiales, archivos judiciales y entrevistas, podría parecer demasiado fantástica para ser verdad.
Un mafioso escapa de prisión
Ippolito creció en los bajos fondos de la mafia de Nueva Jersey, donde su padre era parte de la familia criminal DeCavalcante. De joven, recibió aclamación en Florida como corredor profesional de lanchas rápidas. Construyó una red de amigos adinerados y de alto perfil, como el actor James Caan, y se forjó una reputación como un tipo que aceptaba el peligro y tomaba riesgos. Esos riesgos incluían traficar drogas por la costa este.
Finalmente fue atrapado en 1981, en una redada de drogas tan grande que apareció en la primera plana del Times. Cumplió tres años en prisión por ayudar a traficar 20 toneladas de marihuana desde Colombia hasta Long Island.
A finales de la década de 1980, recién salido de prisión, Ippolito se mudó a Los Ángeles para comenzar una nueva vida.
Comenzó a administrar un restaurante italiano, PCH Bar & Grill, que ocupaba una ubicación privilegiada cerca de la playa de Santa Mónica. Ofrecía vistas del atardecer a través de la Pacific Coast Highway, y atraía a algunas de las personas más ricas y famosas de la ciudad. Entre las personas con las que se juntaba estaba Al Cowlings, una exestrella de fútbol americano que se había convertido en actor novato de Hollywood.
Cowlings también era el mejor amigo de Simpson: habían sido compañeros de equipo en el bachillerato, la universidad y la NFL.
Cowlings e Ippolito se hicieron amigos rápidamente. Hacían senderismo y daban paseos por la playa. Eran tan cercanos que Cowlings luego le dio crédito a Ippolito por ayudarlo a dejar la cocaína.
“Mi situación se estaba volviendo tan sombría que sé que si no fuera por Joe, probablemente habría muerto”, escribió Cowlings en una carta a un juez, en la que solicitaba indulgencia para Ippolito.
Pero mientras ayudaba a Cowlings a mantenerse alejado de la cocaína, Ippolito la suministraba a otros. Las autoridades descubrieron que Ippolito estaba aprovechando su proximidad a los poderosos de Hollywood para traficar drogas. Una gran operación federal, que involucró grabaciones secretas y un informante encubierto de la mafia, llevó a su arresto en Los Ángeles en 1992. Un jurado lo declaró culpable al año siguiente.
Familiares y amigos se apresuraron a apoyar a Ippolito, cabildeando ante el juez y dando fe de su carácter. Una amiga, Julie Mijares, se ofreció a alojar a Ippolito en Los Ángeles si era liberado bajo fianza. “Quiero a Joe como a un hermano”, escribió Mijares, quien lo conoció más de una década antes en Florida.
Mijares, una estilista de estrellas como el grupo pop TLC, administraba dos tiendas minoristas de la boutique de Hollywood Fred Segal en la década de 1990. Era una clienta habitual en el restaurante de Ippolito.
El hermano de Ippolito, Sam, uno de los nueve hermanos de la familia Ippolito, le dijo al tribunal que su hermano había mantenido unida a la familia después de la muerte de su padre, y había sido la cabeza de la familia.
“Joseph ha trabajado duro toda su vida, no para sí mismo sino para su familia, y no haría nada para lastimarlos”, escribió Sam.
Ippolito fue condenado a 10 años de prisión y enviado a una instalación de mínima seguridad en Florida.
Pero la prisión no pudo frenarlo.
En mayo de 1994, ocho meses después de su sentencia, se fugó tras escapar de su puesto de trabajo antes del conteo de las 4 p. m. Se subió a un auto que había llamado y lo llevaron a Panama City, Florida. Su abogado luego diría en la corte que fue la única fuga de prisión conocida realizada con una limusina privada.
Su hermano Sam dijo en una entrevista este año que recogió a Ippolito en Florida, comenzó a conducir hacia el oeste y finalmente llegó a Los Ángeles. Dijo que se quedaron en un apartamento que pertenecía a Mijares, la amiga estilista que previamente había ofrecido refugio a Joey en medio de sus problemas legales.
Los registros muestran que Mijares alguna vez tuvo una dirección en West Hollywood, en un edificio de cuatro pisos en Doheny Drive, justo al lado de Sunset Boulevard.
Luego, una noche, el 12 de junio de 1994, Sam Ippolito recordó que su hermano salió del apartamento. Dijo que necesitaba ayudar a un amigo.
Un doble asesinato en Los Ángeles
Las autoridades sostuvieron que, esa noche, Simpson condujo hasta el condominio de su exesposa. La expareja, que tenía dos hijos juntos, tenía una relación volátil, y él tenía antecedentes de violencia doméstica.
Los fiscales dijeron que la apuñaló hasta la muerte afuera del apartamento, y acuchilló fatalmente a Goldman cerca de allí.
En la escena del crimen, los investigadores encontraron sangre de Simpson, junto con huellas que coincidían tanto con el estilo como con el tamaño de sus inusuales zapatos Bruno Magli. También encontraron un solo guante de cuero que coincidía con el tipo que Brown Simpson había comprado una vez para Simpson. Los investigadores también recuperaron una gorra que contenía cabello que coincidía con el de Simpson, y otro cabello en la camisa de Goldman, que también coincidía con Simpson. Se encontró otro guante en la casa de Simpson, con sangre de ambas víctimas. Simpson tenía un corte en la mano.
La montaña de pruebas contra Simpson parecía clara. El juicio sería todo lo contrario.
Cuando las autoridades emitieron una orden de arresto contra él cinco días después de los asesinatos, Simpson huyó. El país quedó paralizado cuando un Ford Bronco blanco, conducido por Cowlings y con Simpson en el asiento trasero, llevó a la policía a una persecución a baja velocidad por el área metropolitana de Los Ángeles.
Simpson finalmente se rindió después de regresar a su casa.
La persecución no solo cautivó al país, sino que también llamó la atención de las autoridades que intentaban localizar a Ippolito.
Los alguaciles de Estados Unidos sabían que Ippolito y Cowlings eran amigos. Y las autoridades sabían que estaban en contacto.
Cuando Cowlings fue detenido brevemente después de la persecución de la Bronco, la policía encontró en su billetera el número de teléfono de un comedor donde Ippolito trabajaba mientras estaba encarcelado, dijo John Cuff, uno de los alguaciles encargados de encontrar a Ippolito. En la Bronco, los detectives también encontraron fotos de una de las novias de Ippolito, junto con el número de teléfono de esta.
La búsqueda de Ippolito se volvió más urgente, y las autoridades comenzaron a buscar de costa a costa. Su persecución persistió durante meses. Realizaron vigilancias y crearon vínculos con fuentes; en ocasiones creyeron que estaban tras sus huellas, solo para que Ippolito se les escapara de las manos.
Luego, mientras Cuff evaluaba una red de actividad de buscapersonas, identificó uno que probablemente pertenecía a Ippolito. Los alguaciles hicieron planes para detenerlo cuando fue a hacer reparar el buscapersonas a una tienda en la Little Italy de Nueva York. Vigilaron la tienda durante días hasta que vieron a un hombre que se parecía a Joey. Sin embargo, en lugar de una cabeza calva, el hombre tenía cabello largo y suelto.
Aun así, se acercaron.
“Joe”, le dijo Cuff al hombre.
“¿Qué quieres decir? ¿Quién?”, respondió el hombre.
“¿Qué es esto?”, dijo Cuff, y agarró el cabello y le quitó el peluquín a Ippolito. El fugitivo simplemente sonrió, recordó Cuff, mientras lo volvían a poner bajo custodia.
El ‘soplón del siglo’
Ippolito conocía los problemas y cómo salir de ellos.
Pero las opciones eran limitadas para un delincuente reincidente que recientemente se había fugado de prisión.
Mientras Ippolito se instalaba de nuevo tras las rejas en Nueva York, Simpson estaba en juicio por asesinato, y los procedimientos se transmitían por televisión ante una audiencia global.
Los dos hombres luchaban por su libertad. Pero Ippolito no quería ir a juicio, ni volver a prisión. Así que se convirtió en soplón.
A partir de sus conexiones como narcotraficante de costa a costa, trabajó rápidamente desde detrás de las rejas para ayudar a agentes encubiertos a comprar narcóticos a objetivos de alta prioridad. Los registros muestran que comenzó a proporcionar información clave que ayudó a los agentes federales a reconstruir las actividades de chantaje de importantes figuras de la mafia. Las autoridades dijeron que Ippolito se puso “en gran riesgo” para ayudarlos.
Su ayuda extraordinaria se describió más tarde en una carta 5k sellada, un documento legal presentado por fiscales federales para recompensar el servicio de un acusado. La carta, presentada ante el tribunal en diciembre de 1996, detallaba la cooperación de Ippolito “casi inmediatamente” después de su arresto en agosto de 1995.
“Desde el principio, Ippolito fue completamente sincero en nuestros interrogatorios, durante los cuales descubrimos que Ippolito era una fuente de información notable”, se lee en la carta. “Esta información ha demostrado ser valiosa tanto como pistas de investigación como para respaldar varios casos bajo acusación formal, y es probable que resulte en enjuiciamientos significativos en los que Ippolito, si es llamado, debería demostrar ser un testigo valioso”.
¿El primer ejemplo citado? El caso OJ Simpson.
Mientras traficaba drogas en California, decía la carta, “Ippolito se hizo cercano a varios individuos en el centro del caso de asesinato de Simpson/Goldman. A través de sus relaciones personales estrechas con Al Cowlings, el confidente de Simpson, y otros involucrados en los casos, incluidos OJ y Nicole Simpson, Ippolito se había enterado de muchos hechos relevantes para el caso, incluida la supuesta violencia doméstica de Simpson, el uso de narcóticos de los Simpson, el intento de fuga de Simpson de la justicia, y cómo desechó el arma homicida”.
Las afirmaciones de Ippolito podrían haber parecido extravagantes, el tipo de narraciones que brotan de reclusos desesperados por indulgencia. Excepto que Ippolito había sido un “recurso tremendo” para las autoridades mientras el caso Simpson se desarrollaba en California.
Los fiscales federales en Nueva York comenzaron a compartir discretamente información con los fiscales locales en Los Ángeles. Ippolito se puso a disposición de las autoridades, y su información fue proporcionada a los fiscales “durante el juicio por asesinato”, lo cual era “en ese momento importante para su caso, particularmente la huida de Simpson y sus comentarios a Cowlings sobre un arma homicida”, decía la carta de cooperación.
“Aunque Ippolito finalmente no fue llamado como testigo (fue arrestado y comenzó a cooperar en un momento en que el juicio llegaba a su fin), mis conversaciones con las autoridades de Los Ángeles indican que la información de Ippolito fue, por lo menos, muy útil para su caso”, dijo la carta, escrita por el entonces fiscal federal David Kelley.
Cuando se le contactó recientemente, Kelley dijo que recordaba que Ippolito habló de un cuchillo oculto en la propiedad de Simpson y que Ippolito supo de la información por un asociado cercano de Simpson. Declinó dar el nombre de la persona, aunque la carta de cooperación que escribió años antes insinuaba que Cowlings era el conducto. Kelley agregó que no creía que Ippolito estuviera involucrado en los asesinatos.
Cowlings no respondió a mensajes de texto, llamadas telefónicas ni a una carta enviada a su casa.
Kelley dijo en una entrevista que recordaba haber tenido una serie de conversaciones con el equipo de fiscales en Los Ángeles, incluidos los fiscales principales Marcia Clark y Christopher Darden.
Darden declinó comentar.
Clark, en un mensaje reciente, dijo que no tenía conocimiento de Ippolito. “Si alguien hubiera hablado con él y hubiera descubierto que tenía información relevante y creíble, seguramente habría sido informada”, dijo. “El hecho de que nunca se me informó establece que no tenía evidencia creíble o relevante que proporcionar”.
Pero otros dijeron que hubo un intercambio significativo entre las agencias. Un agente de Los Ángeles que estuvo involucrado en el enjuiciamiento recordó haber recibido una llamada en el verano de 1995, en medio del juicio por asesinato, de un funcionario federal en Nueva York que dijo que Ippolito tenía información sobre el caso y estaba dispuesto a hablar. El oficial, que habló bajo condición de anonimato debido a la sensibilidad en torno al caso, recordó que Ippolito luego se mostró reacio a “ser el soplón del siglo en el juicio del siglo”. Con el enjuiciamiento de Simpson en marcha, y la policía de Los Ángeles y la oficina del fiscal de distrito inundadas de pistas, el funcionario en Los Ángeles dijo que no presionaron el asunto.
Kelley, el exfiscal federal, dijo que no recordaba que Ippolito no estuviera dispuesto a ayudar a las autoridades locales y que cualquier reticencia de ese tipo habría violado su acuerdo de cooperación.
Ippolito estaba en el radar de los investigadores y fiscales de la policía de Los Ángeles mucho antes del juicio por asesinato, según los archivos del caso revisados por el Times.
Detectives de la policía, con Darden presente, entrevistaron a Marcus Allen, una estrella de la NFL y amigo de Simpson, el 22 de septiembre de 1994, en Kansas City, según archivos de investigación. La entrevista tuvo lugar meses después de los asesinatos y mientras Ippolito estaba prófugo.
En la entrevista, los investigadores le preguntaron a Allen si conocía a los amigos y asociados de Simpson, incluido Joey. El informe señaló que Allen dijo que “no conocía a Joey Ebalito”, un aparente deletreo erróneo del nombre de Ippolito.
Por esta época, los abogados defensores de Simpson también se interesaron en el narcotraficante con vínculos con la mafia. El grupo investigó si Ippolito estaba vinculado a los asesinatos, y en un momento sopesó si podría ser considerado un sospechoso, según Patrick McKenna, un investigador privado de Florida que trabajaba para el equipo de la defensa.
McKenna dijo que el equipo tenía a otro investigador, Jack McNally, un exdetective del Departamento de Policía de Nueva York que tenía contactos en el hampa de la ciudad y que ahondó en este ángulo. McKenna recordó que McNally habló con contactos en “lo más alto de las cinco familias” de Nueva York y se lo informó al equipo de la defensa, y dijo: “No creo que tenga ninguna participación”. (McNally murió en 2023).
Ippolito nunca fue llamado, por la defensa o la fiscalía, para declarar como testigo en el caso de asesinato. Uno de los factores que lo complicó, como se insinuó en su carta de cooperación, tenía que ver con el momento.
Al momento del arresto de Ippolito en agosto de 1995, el juicio contra Simpson había estado en marcha durante ocho meses. La fiscalía ya había concluido la presentación de su caso. Los argumentos finales se acercaban.
Un jurado absolvió a Simpson en octubre de 1995. El enjuiciamiento se vio empañado por el historial de racismo del departamento de policía y cuestionamientos sobre el manejo de evidencia clave. (Un jurado en un caso civil luego responsabilizó a Simpson por las muertes).
En el momento de la sentencia de Ippolito a finales de 1996, los fiscales federales y una jueza de distrito lo elogiaron por su cooperación.
Además de hacerle informar sobre asociados de la mafia, las fuerzas del orden federales lo colocaron en un centro de detención federal en Brooklyn para espiar a reclusos de alto perfil, más notablemente sospechosos detenidos por sus supuestos roles en el ataque con bombas contra el World Trade Center de 1993, según dos personas que eran cercanas a Ippolito.
En una audiencia de 1996 cerrada al público, la jueza Kimba Wood dijo que el gobierno escribió en nombre de Ippolito “una de las cartas más contundentes que he recibido, posiblemente la más contundente”.
Wood dijo que estaba “inclinada” a hacer todo lo posible para “asegurarse” de que recibiera “el crédito que merece por esta cooperación”, según una transcripción de la audiencia.
Ella emitió la sentencia más indulgente que pudo, según la ley.
Por su fuga de prisión, Ippolito fue condenado a tiempo ya cumplido. El gobierno también acordó no enjuiciarlo por distribuir drogas en California durante los cinco años previos a su arresto.
Los registros indican que Ippolito fue liberado de custodia en 1998. Murió en 2006. Su obituario minimizó enormemente su pintoresca vida, y lo describió como “un restaurantero independiente en el área de Florida”.
Manos ensangrentadas y una bolsa misteriosa
La nueva información recopilada por el Times insinúa que el papel de Ippolito pudo haberse extendido más allá de lo que les dijo a las autoridades.
El hermano de Ippolito, Sam, dijo que Joey estuvo en la escena de los asesinatos.
Sam Ippolito dijo que en la noche de los asesinatos, Joey salió del apartamento alrededor de las 6 p. m. Horas después, alrededor de la medianoche, su hermano regresó a su apartamento cargando una bolsa con un objeto pesado dentro y parecía tener sangre en sus manos, dijo Sam Ippolito. A continuación, Joey se desvistió y metió su ropa en la bolsa. Luego le pidió a Sam que se deshiciera de ella mientras se duchaba.
Sam también dijo que vio a Joey llamar a Cowlings desde el apartamento, y escuchó a su hermano decir que acababa de estar “ayudando” a Simpson.
Sam Ippolito le dijo al Times que no hizo preguntas. Salió y encontró un contenedor de basura en Doheny Drive, cerca de un sitio de construcción. Tiró la bolsa adentro.
Poco después, dijo Sam, él y su hermano dejaron Los Ángeles y regresaron a la costa este. Sam mencionó a Simpson durante el viaje. Sam dijo que Joey se negó a responder preguntas específicas sobre lo que había sucedido excepto para decir que “fui a ayudar a OJ” esa noche.
Un abogado de Mijares emitió una declaración en la que negaba la afirmación de Sam Ippolito sobre la apariencia ensangrentada de Joey en su apartamento, y la calificó de absurda. “Ella conoció a Joey desde que era una adolescente”, decía la declaración. “No se puede esperar que recuerde cada vez que estuvieron juntos, especialmente eventos de hace 30 años”.
Mijares no abordó preguntas sobre si los Ippolito se quedaron en su casa en junio de 1994.
Sam Ippolito dijo en una entrevista que estaba “100 por ciento” seguro de que Joey estaba con Simpson en la escena de los asesinatos. Dijo que debería haber revelado esta información hace mucho tiempo.
Pero revelar secretos puede tener consecuencias. En 1997, dos años después de que Joey se convirtiera en un informante federal, un pistolero de la mafia le disparó repetidamente a Sam y lo atropelló con un vehículo: las autoridades lo llamaron represalia por la cooperación de Joey con el gobierno. El pistolero fue luego condenado por intento de asesinato y manipulación de testigos.
En sus conversaciones con un reportero a principios de este año, Sam Ippolito mantuvo durante meses la historia sobre la participación de su hermano.
Luego, en un intercambio de seguimiento el verano pasado, Sam Ippolito pidió una compensación. Dijo que le habían “ofrecido un montón de dinero” y estaba bajo contrato para contar su historia en otra parte. Y ahora, quería retractarse de lo que le dijo previamente al Times, y dijo que antes no podía diferenciar qué era real y qué no.
Peacock ha anunciado que emitirá un documental, OJ’s Accomplice, a finales de este año sobre teorías del caso Simpson.
Amigos y algunos familiares de Joey Ippolito han rechazado cualquier insinuación de que estuvo involucrado la noche de los asesinatos. Dijeron que no se podía confiar en Sam Ippolito y que podría estar tratando de obtener atención y compensación.
A lo largo de los años, muchos se han preguntado sobre los misterios del caso que no tienen explicación, como a dónde pudo haber ido el arma homicida. Algunos han postulado que la naturaleza brutal y eficiente de los asesinatos significaba que era probable que más de una persona estuviera involucrada.
De acuerdo con la línea de tiempo presentada por los fiscales, Simpson tenía prisa la noche de los asesinatos, y se dirigió rápidamente a su casa para tomar una limusina que lo llevaría a un vuelo programado previamente.
Los detectives buscaron el cuchillo en la ruta: en los bosques, basureros e incluso en las entrañas de un tanque de desechos del aeropuerto que podría haber contenido los residuos del avión. Nunca se encontró ninguno.
Tom Lange, quien fue el detective principal en el caso Simpson y ahora está retirado de la policía de Los Ángeles, dijo que nunca creyó que Simpson tuviera ayuda, y dijo que si hubiera alguna evidencia para apoyar esa teoría ya habría sido revelada a estas alturas.
Lange recordó que el nombre de Ippolito surgió durante la investigación de los asesinatos, pero que “nunca se convirtió realmente en un tema” para los investigadores. Dijo que recibieron cientos de pistas durante su tiempo en el caso y que solo un puñado estaban relacionadas con Ippolito.
Durante el juicio penal, el equipo de defensa de Simpson insinuó que había evidencia de que dos personas habían estado en la escena del crimen, una idea que los fiscales rechazaron. Robert Blasier, un abogado que formaba parte del equipo de defensa de Simpson tanto para el juicio penal como para el civil y que vivía con él en su casa de Brentwood durante el caso civil, dijo que Simpson también había mantenido su inocencia en conversaciones privadas. Aun así, Blasier cree que las teorías sobre tener un cómplice podrían ser ciertas.
“Mi opinión es que estas otras teorías son ciertamente posibles”, dijo. “Pero ninguna de ellas equivale a una prueba más allá de una duda razonable”.
A lo largo de los años, Ippolito le contó a la gente diferentes historias sobre su papel en el caso.
Eddie Trotta, un amigo de muchos años de Joey, dijo que Ippolito lo llamó por teléfono y le contó que le estaba diciendo a las autoridades que Cowlings fue quien escondió el cuchillo, y que Cowlings finalmente se deshizo del arma. Trotta dijo que le pareció que Ippolito estaba inventando historias.
Rob Brisolari, un exagente de la Administración de Control de Drogas que hablaba regularmente con Joey Ippolito, se mostró escéptico de que Ippolito estuviera involucrado en los asesinatos. Creía que Ippolito no tenía motivo para hacerlo. Aun así, Brisolari no descartó la posibilidad.
“Me parece un poco descabellado, pero eso no significa que no sucedió”, dijo en una entrevista.
Brisolari recordó que Ippolito le reveló que había recibido una llamada de Cowlings después de los asesinatos en busca de ayuda para sacar a Simpson del área. Ippolito le informó a Brisolari que le dijo a Cowlings que sería difícil hacerlo: el propio Ippolito estaba huyendo de las autoridades.
Esa solicitud de ayuda coincidía con otra historia que ha surgido sobre Ippolito. El rapero Fat Joe, el hombre detrás de la exitosa canción “What’s Luv?”, contó una historia aparentemente al azar en su pódcast sobre un amigo llamado “Joe” y OJ Simpson.
Dijo que este amigo que falleció en Miami se llamaba Joe Bentley, un nombre usado por Ippolito debido a los muchos Bentleys que poseía.
En el pódcast, Fat Joe dijo que Joey, quien fue liberado de custodia federal en 1998, le confió que cuando Cowlings y Simpson estaban en la persecución de la Bronco, Joey había estado a la espera en un aeropuerto con un avión privado para ayudarlos a escapar. (Los investigadores sí encontraron en la infame Bronco blanca una bolsa de viaje con un pasaporte y un disfraz).
Fat Joe dijo que una vez fue a la casa de Joey para el cumpleaños de la esposa de Joey. Simpson estaba allí. Cuando llegó el momento de cortar el pastel, Joey le entregó un “machete” a Simpson y declaró: “¡Tú lo hiciste!”. Simpson luego persiguió a Joey con el arma, aparentemente todo en broma.
Cuando se le contactó recientemente, un portavoz de Fat Joe dijo que el rapero declinó comentar. La viuda de Ippolito declinó hacer comentarios.
La historia significaba que había al menos tres versiones del vínculo de Ippolito con los asesinatos. En la que contó a los fiscales federales, compartió información de Cowlings, incluida la supuesta ubicación del arma homicida. En otra versión, según lo contado por su hermano, Ippolito estaba en la escena de los asesinatos y parecía tener sangre en las manos. En otra versión, contada a Fat Joe, Ippolito estaba listo para ayudar a Simpson a escapar.
Un cómplice llamado ‘Charlie’
Simpson, quien murió en 2024, fue evasivo sobre la verdad a lo largo de los años. Vacilaba entre profesar inocencia y admitir culpa en una confesión “hipotética”.
En su relato hipotético de la noche del 12 de junio de 1994, Simpson le dijo a un escritor fantasma que un amigo suyo, al que identificó con el nombre de “Charlie”, había venido a su casa esa noche, y su conversación provocó la ira de Simpson. Los dos subieron a la Ford Bronco blanca de Simpson y condujeron a la casa de Brown Simpson para “asustarla”. Describió a Charlie como un observador horrorizado del derramamiento de sangre que siguió.
“Por Dios, OJ, ¿qué hiciste?”, citó a Charlie diciendo mientras miraban la escena de los dos cuerpos desplomados en el suelo. Pero después de regresar al vecindario de Simpson, Simpson dijo que le había entregado a Charlie un bulto de ropa ensangrentada y el arma homicida. Charlie acordó cautelosamente deshacerse de ello.
Pero hay otro detalle en la historia de “Charlie”. Un hombre cuyo verdadero nombre es Charlie una vez insinuó que él era el cómplice hipotético.
Charlie Ehrlich fue acusado junto a Simpson durante un caso de robo en Las Vegas en 2007.
Ehrlich dijo en una entrevista que antes de que se publicara el libro If I Did It, Simpson le dijo durante una cena que había usado su nombre como parte de su relato hipotético.
Hace varios años, Ehrlich comenzó a trabajar con un productor, Erik Laibe, para contar la historia de su vida. El par imaginaba una película.
En horas de cintas de audio nunca hechas públicas pero revisadas por el Times, Laibe y Ehrlich no abordan directamente la cuestión de si el “Charlie” en el libro de Simpson era una representación de Ehrlich. Ehrlich dijo en las cintas que había conocido a Simpson antes de los asesinatos. Laibe en un momento menciona que el relato hipotético de Simpson había usado el nombre. “Respecto a eso: usa tu imaginación”, dijo Ehrlich. “Lo dejaré así”.
Ehrlich insinuó en otro punto que tenía información sobre lo que estaba en la mente de Simpson la noche de los asesinatos.
Esas cintas alimentaron la teoría de que Ehrlich era el cómplice.
En una entrevista reciente, Ehrlich dijo que todo era una mentira. Dijo que le había seguido el juego a la idea de que era el cómplice hipotético como parte de un esfuerzo por sacar provecho de la infamia.
El escritor fantasma de Simpson, Pablo Fenjves, dijo que recordaba haber sido él quien propuso a Charlie como el seudónimo del supuesto cómplice de Simpson.
Ehrlich dijo que no conoció a Simpson hasta que Simpson se mudó a Florida en los años posteriores a su juicio, mucho después de los asesinatos.
Ehrlich recordó que Simpson estaba impresionado de que él hubiera cumplido siete años de prisión, de que “mantuvo la boca cerrada” y de que “nunca delató a nadie”.
“A OJ le encantó eso de mí”, dijo Ehrlich.
No se dijo que el hombre que los presentó era un soplón superestrella. ¿Su nombre? Joey Ippolito.