Islamabad, Pakistán.- El conflicto con Irán ha entrado en una nueva y perjudicial fase, un limbo paralizante entre la guerra y la paz que mantiene cerrado el Estrecho de Ormuz y la posibilidad de una escalada del conflicto asomándose.

Los misiles y bombas que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán y las represalias de Teherán podrían haber cesado con la extensión indefinida del alto al fuego del Presidente Trump. Pero la batalla por el control del Estrecho, una de las vías más importantes del comercio mundial, sigue librándose, dejando a los operadores de materias básicas en vilo y contribuyendo a que los precios internacionales del petróleo superaran los 100 dólares por barril el miércoles.

Fuerzas iraníes atacaron tres buques de carga el miércoles, dijeron fuentes enteradas de los combates. La Armada de la Guardia Revolucionaria iraní escribió en X que había confiscado los buques y los había guiado hasta la costa iraní. Mientras tanto, la Armada de EU intentó impedir que Irán exportara petróleo -la principal fuente de ingresos del país- o recibiera suministros. Los mediadores árabes que trabajan para reanudar las conversaciones entre ambas partes dijeron temer que la situación se deteriore.

El equipo negociador iraní ha endurecido su postura desde que decidió a última hora cancelar las conversaciones de esta semana en Islamabad, la capital pakistaní, prometiendo no volver a la mesa de negociaciones hasta que se levante el bloqueo, dijeron los mediadores.

"La diplomacia es una herramienta para salvaguardar los intereses y la seguridad nacionales", declaró el miércoles Esmail Baghaei, vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní.

"Este alto al fuego es inherentemente inestable", dijo Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán en el International Crisis Group. "En el mar, ni Washington ni Teherán están reduciendo la tensión, sino que están poniendo a prueba los límites de la coerción. Mientras se mantenga el doble bloqueo, cada interceptación, disparo de advertencia o incautación de un barco se convierte en un posible detonante de una escalada del conflicto".

Trump dijo el martes en redes sociales que el bloqueo se mantendría para presionar a Irán hasta que concluyeran las conversaciones entre ambos países. La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán ha afirmado que mantendrá el Estrecho cerrado a lo que denomina navegación hostil.

"Es poco probable que ninguna de las partes ceda a la presión económica en un futuro próximo", indicó Vaez.

Los mediadores, entre ellos Turquía, Pakistán y Egipto, se apresuraban el miércoles por reactivar el proceso diplomático. Funcionarios indicaron que Estados Unidos e Irán continuaban intercambiando mensajes a través de terceros, pero reportaron escasos avances.

Los renovados ataques iraníes contra buques mercantes en las proximidades del Estrecho pusieron de relieve la lenta, pero constante batalla de represalias que se libra en las aguas de la región. Los ataques se produjeron después de que las fuerzas estadounidenses incautaron el martes en el Océano Índico un petrolero que había sido sancionado por colaborar con Irán.

La prolongada inestabilidad ha incrementado el riesgo de un escenario económico catastrófico en el que el Estrecho permanece cerrado a todas luces durante meses, lo que agravará las presiones inflacionarias y profundizará la desaceleración económica mundial.

"A medida que se prolongue la situación, podríamos ver un aumento en los precios del petróleo y un incremento en los riesgos de estanflación, lo que afectará negativamente a los consumidores globales", dijo Rachel Ziemba, investigadora principal adjunta del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense, un centro de expertos en Washington.

Más de 10 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados del petróleo -aproximadamente el 10% del suministro mundial- están atorados en el Estrecho. Los costos disparados ya están obligando a las industrias a reducir su consumo de energía, un proceso conocido como destrucción de la demanda, en el que empresas y consumidores se ven obligados a recortar su consumo para equilibrar el enorme déficit de suministro.

"Habrá más destrucción de la demanda que aumento de la oferta", señaló Ziemba. "Eso podría provocar un efecto dominó en la economía global".

El conflicto ya ha demostrado ser más perjudicial para los mercados energéticos mundiales que la crisis petrolera de 1973. Las consecuencias se extienden mucho más allá del petróleo crudo.

Las cadenas de suministro también están trastocadas para el helio, crucial para el auge de los chips de inteligencia artificial, y los fertilizantes, esenciales para la seguridad alimentaria mundial. Los precios del aluminio se encuentran cerca de su máximo de cuatro años, alcanzado a principios de este mes en medio del cierre de fundiciones en el Golfo Pérsico relacionados con la guerra, representando alrededor del 10% del suministro mundial.

Analistas de Rabobank escribieron en una nota a sus clientes que, si continúa el cierre del Estrecho de Ormuz, "la energía y bienes esenciales no fluirán mucho tiempo más, con un daño económico que aumentará exponencialmente".

Impulsado por su gran industria energética nacional y el floreciente desarrollo de la IA, Estados Unidos está en posición de capear la tormenta. Pero no es inmune si la crisis continúa. La inflación ya está aumentando debido al alza en los precios de las materias básicas. La Reserva Federal podría verse obligada a elegir entre controlar la inflación mediante tasas de interés más elevadas sostenidas y amortiguar el impacto en la economía nacional.

Un cierre prolongado del Estrecho afectaría más duramente a Asia. De acuerdo con la Administración de Información Energética de EU, más del 80% del petróleo y el gas natural licuado que transitó por ese punto de estrangulamiento tuvo como destino a los mercados asiáticos en el 2024. El impacto ya se está dejando sentir en los principales centros de manufactura, obligando a algunas fábricas a reducir la producción y a las gasolineras de Sri Lanka y Myanmar a racionar el combustible.

Europa está lidiando con su propia desaceleración cada vez más profunda. Una creciente escasez de turbosina ha afectado a los aeropuertos de todo el continente, sin solución rápida a la vista.

Un impasse persistente amenaza con causar mayores daños a los países del Golfo, que hasta ahora han llevado la peor parte de los ataques de represalia de Irán.

Los exportadores de energía de la región siguen sin poder llevar la mayor parte de sus suministros a los mercados. Qatar sufrió graves daños a sus instalaciones de GNL, y se prevé que las reparaciones tomen hasta cinco años. La consultora Rystad Energy estima que el costo de reparar la infraestructura de energía dañada en toda la región podría ascender a hasta 58 mil millones de dólares.

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Traducida del inglés por Grupo Reforma