Podría ser un mono, o tal vez un oso. En realidad, eso nunca les importó a las generaciones de niños soviéticos que adoptaron a Cheburashka, un personaje de dibujos animados taxonómicamente ambiguo con enormes orejas y un carácter amable.
En una cultura que insistía de manera implacable en temas grandilocuentes como el patriotismo, el socialismo o la guerra, los cuatro cortometrajes de animación fotograma por fotograma de Cheburashka —el primero de los cuales apareció en 1969— fueron un oasis de deleite inocente. El héroe epónimo y su mejor amigo, un cocodrilo fumador de pipa llamado Gena, vivían aventuras benévolas. Tras la caída de la Unión Soviética en 1991, Cheburashka fue uno de los pocos símbolos de la era pasada que la gente consideró digno de conservar.
La popularidad del personaje ha alcanzado nuevos niveles gracias a dos largometrajes de acción real —incluido Cheburashka 2, estrenado en enero— que se han convertido, con gran diferencia, en las películas rusas nacionales más taquilleras. Pero ese éxito ha preocupado a algunos conservadores influyentes, que han acusado al personaje de peluche de socavar los valores rusos, corromper las mentes de los jóvenes y debilitar el orgullo nacional cuando el país entra en su quinto año de lucha en Ucrania.
Estas acusaciones han convertido a Cheburashka en un improbable símbolo de los debates sobre identidad y cultura, sobre el futuro de Rusia y su pasado soviético.
“En la Rusia actual existen dos narrativas al mismo tiempo”, dijo Anna Narinskaya, periodista y crítica rusa que abandonó su país tras la invasión de Ucrania. A los rusos se les anima en gran medida a vivir como si el país no estuviera en guerra o alejado de gran parte de Occidente. Eso irrita a los conservadores, que quieren que los rusos acepten lo que consideran como un momento crucial en el renacimiento de un imperio. Habitar el universo cinematográfico de Cheburashka no favorece precisamente ese objetivo.
La primera película de Cheburashka, cargada de gráficos por computadora y más audaz que los dibujos animados originales, se estrenó el 1 de enero de 2023. Recaudó alrededor de 94 millones de dólares en taquilla. (Los ingresos de las películas rusas pueden ser difíciles de verificar). Ese desempeño pareció demostrar que, si las sanciones de guerra privaban a los rusos del acceso legal a las producciones de Hollywood, la industria cinematográfica nacional podía producir éxitos de taquilla por sí misma.
“Nos alegramos con los creadores de esta película”, dijo entonces el portavoz del Kremlin, Dmitri S. Peskov.
Cheburashka 2 apareció exactamente tres años después. Rusos de San Petersburgo a Vladivostok desafiaron heladas extremas y montañas de nieve para ver a Cheburashka ayudar a Gena —que en las nuevas películas ha pasado de ser un reptil afable a un humano gruñón— a salvar su casa de un promotor inmobiliario. La película ha recaudado hasta ahora 80 millones de dólares. Este mes pasó a estar disponible en las plataformas de transmisión en continuo, lo que significa que muchos más rusos probablemente verán la película ahora, especialmente fuera de las grandes ciudades.
Hubo voces contrarias a Cheburashka cuando se estrenó la primera de las nuevas películas, aunque en general fueron ignoradas. Esta vez, la recepción ha sido más compleja con un Moscú menos festivo que hace tres años (la novedad de la primera película puede haber protegido parcialmente a Cheburashka de las críticas que han ensombrecido a la secuela, pese a las muchas similitudes entre ambas).
La polémica comenzó varias semanas antes del estreno de la película, cuando Andrei M. Makarov, miembro de la cámara baja del Parlamento ruso, la Duma, dijo que creía que Cheburashka era judío. Llegó a esa conclusión —que expuso durante una audiencia presupuestaria que, en parte, se centraba en juguetes— porque en el dibujo animado de 1969 Cheburashka es descubierto en una caja de naranjas que la Unión Soviética importó durante un tiempo desde Israel.
Es posible que Makarov estuviera bromeando. Pero también parecía estar en juego un tipo familiar de antisemitismo ruso.
En respuesta, el cónsul general israelí en San Petersburgo respondió bromeando y dijo a la agencia estatal RIA Novosti que “la única forma de verificar que pertenece al pueblo judío, si no tenemos información sobre sus padres, es comprobar si está circuncidado y asegurarnos de que no come cerdo”.
Ese intercambio resultaría ser el preludio de ataques mucho más duros.
El abanderado de la cruzada anti-Cheburashka ha sido Aleksandr G. Dugin, un influyente teórico político vinculado al Kremlin, quien prevé que Rusia abrace el cristianismo ortodoxo y recupere influencia sobre partes de Europa Oriental y Asia. El nacionalismo religioso de Dugin ha calado en Occidente, y ha sido entrevistado por Tucker Carlson y el teórico de la conspiración Alex Jones.
Sus declaraciones se han vuelto marcadamente apocalípticas desde que su hija, Daria, murió en 2022 en un atentado con coche bomba que las agencias de inteligencia estadounidenses creen que fue dirigido por Ucrania.
Poco después del estreno de Cheburashka 2, Dugin recurrió a Telegram, donde ofreció una valoración contundente. Si Rusia continuaba con su “malsana” obsesión por Cheburashka, advirtió, “Dios nos maldecirá sin duda”. Dugin fue más explícito en una posterior entrevista radial con el periódico Komsomolskaya Pravda, donde culpó a Cheburashka de destruir la Unión Soviética. (Los historiadores de la corriente dominante suelen señalar otros motivos).
La provocación, y la atención que conlleva, puede haber sido el objetivo, dijo Evgenii V. Bershtein, natural de San Petersburgo, quien ahora enseña en el departamento de ruso del Reed College de Portland, Oregón. “No estoy seguro de que pueda trazarse una línea nítida entre ‘troleo’ y ‘seriedad’ cuando se trata de Dugin y los de su calaña”, escribió Bershtein en un correo electrónico.
Dugin elaboró significativamente sus opiniones en un artículo titulado “Cheburashka, o la metafísica de la desintegración”. Con su habitual mezcla de invectivas políticas, filosofía ocultista y declaraciones ominosas, Dugin describió a Cheburashka como un “demonio lunar”, un ejemplo de la “putrefacción mental del final de la era soviética” cuyo “Segundo Advenimiento” había provocado el “más profundo malestar metafísico y estético”. Dugin no respondió a las solicitudes de comentarios.
Otros respondieron a la llamada. El conocido crítico Sergey Sosedov declaró en el periódico Pravda que “nunca había visto una película más estúpida”. La película “enseña la falta de respeto a los mayores, el culto a la permisividad infantil y el lujo ostentoso”, añadió.
En relación con la conformidad de la cultura soviética de los años setenta, el Cheburashka original era sutilmente transgresor con su discreta independencia. “Es un marginado” y “absolutamente centrado en la vida privada”, dijo Narinskaya, periodista y crítica rusa. “Vive como si el Estado no existiera”.
Narinskaya señaló que el creador de la caricatura, Leonid A. Shvartsman, era judío. También lo eran Roman Kachanov, quien dirigió los queridos dibujos animados originales de Cheburashka, y Vladimir Shainsky, quien compuso su música. Su experiencia compartida de crecer en una sociedad que valoraba las contribuciones judías pero denigraba a los judíos influyó en el estatus de Cheburashka como un personaje al margen de la sociedad dominante.
“No es que se sentaran juntos y conspiraran y dijeran: ‘Vamos a hacer alusiones a lo judío’”, dijo Narinskaya. “Pero así funciona el arte. Expresan su experiencia a través de esta película animada”.
Como el Kremlin mantiene un férreo control sobre la cultura rusa, la reacción política podría traducirse en consecuencias en el mundo real. El comité de cultura de la Duma debatió recientemente un proyecto de ley que financiaría íntegramente las películas infantiles de animación, siempre que se adhieran estrechamente a los valores tradicionales rusos.
Dmitriy Pevtsov, legislador conservador y actor, aprovechó una audiencia del comité para calificar Cheburashka 2 de “producto cinematográfico nocivo que corrompe a nuestros hijos”. Instó a sus colegas legisladores a “olvidar lo que piensa la gente” y, en una entrevista con la agencia de noticias Tass, pidió explícitamente una censura más estricta.
En otra audiencia, un legislador se quejó de que Cheburashka 2 era “aterradora”. La viceministra de Cultura, Zhanna V. Alekseyeva, intervino para defender la película, señalando su éxito comercial y negando que la película debilitara la determinación en tiempos de guerra. “Al fin y al cabo, nuestra población ya es bastante patriótica y bien educada”, dijo Alekseyeva.
El proyecto de ley fue aprobado. (Ni el Ministerio de Cultura ni otros funcionarios del Kremlin respondieron a las solicitudes de comentarios).
Cheburashka ha sido fundamental para el esfuerzo bélico desde que Rusia invadió Ucrania por primera vez en 2014. En 2018, las fuerzas prorrusas de la disputada región de Donetsk introdujeron el lanzacohetes múltiple Cheburashka, pariente de las baterías Katyusha que ayudaron a derrotar a Hitler.
Cuando comenzó la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el Cheburashka apareció con frecuencia en el campo de batalla como una calcomanía o peluche. Algunos fabricantes de juguetes empezaron a producir muñecos de Cheburashka con una Z, símbolo del esfuerzo bélico ruso. Los escolares rusos elaboraron “talismanes” Cheburashka para los soldados.
Es evidente que muchos rusos no comparten las opiniones de los críticos de Cheburashka, aunque consideren que la nueva franquicia es muy inferior a los dibujos animados originales. Para algunos, Cheburashka recuerda una época más estable, aunque fuera represiva y aburrida. Al menos era predecible y, durante un tiempo, pacífica.
En cualquier caso, los rusos tendrán muchas más oportunidades de litigar sobre todo lo relacionado con Cheburashka. Está previsto que la tercera entrega se estrene el 1 de enero de 2027.