Mientras las grandes potencias afinan estrategias para disputar la Luna, en México la ciencia avanza a otro ritmo por falta de continuidad, pues cada sexenio el país sufre un reinicio, considera el científico chihuahuense Gerardo Herrera, en entrevista exclusiva con El Diario.

Considera que la humanidad obtendrá la respuesta a muchas preguntas gracias a los avances tecnológicos, pero de ellas llegarán más cuestionamientos, formando así un núcleo infinito de conocimiento

El problema, dice el también autor de múltiples obras de divulgación científica, es estructural. Es una visión de corto plazo que impide consolidar proyectos de gran escala. Así, cada sexenio redefine prioridades, pero la ciencia difícilmente logra sostenerse en el tiempo.

El contraste con programas como Artemis de Estados Unidos o los desarrollos impulsados por China responden a estrategias de largo aliento, donde la política no interrumpe el camino de la ciencia y le permite trabajar en proyectos durante décadas.

Aquí, en cambio, los avances suelen ser frágiles, intermitentes, sujetos a vaivenes presupuestales y decisiones administrativas que muchas veces no alcanzan a dimensionar el valor del conocimiento, como él mismo lo vivió al ver interrumpido su trabajo en 2018 en el Gran Colisionador de Hadrones, que pudo reiniciar hasta seis años después. “El mundo compite por la Luna... México reinicia cada seis años”, resume.

Con el pretexto perfecto de la carrera por colonizar la Luna, Herrera Corral hace un diagnóstico crítico de la ciencia en México y reflexiones que van desde la física de partículas, su especialidad, hasta la exploración espacial avanzada de estos tiempos; desde las guerras que vienen a nivel global, hasta la miopía mostrada del Gobierno de la República, que incluso critica el desarrollo científico y tecnológico.

Aprovecha, además, para anunciar que el 17 de abril presentará en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez su nueva obra “Cuántica. El sinuoso sendero a la realidad”, realizada junto con el escultor chihuahuense Sebastián, en el marco de la Feria del Libro.

Doctor, en esos grandes proyectos que vemos ahora como Artemis y el programa lunar chino, ¿consideraquehabrárealcooperación internacional y será una carrera de bloques rivales?

“Es un escenario mixto, no creo que deba ser una pregunta binaria. Creo que dependerá del área. En algunos campos habrá cooperación global; en otros, competencia directa. Por ejemplo, China ha tomado decisiones que sugieren apertura en ciertos proyectos científicos, pero en la carrera espacial mantiene un programa muy sólido y nacional”.

Más allá del simbolismo, ¿por qué es importante regresar a la Luna?

“Sí, tiene un valor simbólico muy fuerte. También habla de la curiosidad humana, de la necesidad de explorar.

La humanidad ha ocupado todos los rincones del planeta por ese impulso. Ahora estamos abriendo nuevos caminos fuera de él. Es una visión optimista: los viajes no han terminado”.

Y desde la física de partículas, su materia de especialidad, ¿cómo se conecta la exploración espacial con la comprensión del universo hacia escalas más fundamentales?

“Bueno, de manera muy estrecha, de manera muy estrecha, porque el desarrollo de la tecnología se cruza. Ahora para la misión Artemis, en la nave que fue a darle la vuelta a la Luna, iban seis detectores de radiación que estuvieron monitoreando uno de los aspectos más importantes y más preocupantes, que es el de la radiación.

Esos detectores fueron desarrollados para el Gran Colisionador de Hadrones. Poca gente lo sabe, pero esos detectores iban en la nave y tendrán mucho que decir sobre el desarrollo de la misión Artemis III y de las que vienen. Están íntimamente ligados”.

A lo mejor es una obviedad, ¿pero estamos más cerca de responder las grandes preguntas del universo o cada vez nos alejamos más?

“Hemos avanzado mucho. En distintas áreas del conocimiento estamos resolviendo preguntas fundamentales.

Pero cada respuesta abre nuevas interrogantes. El conocimiento es una serie infinita: no termina, pero cada vez entendemos mejor. Como decíamos, estos son proyectos más tecnológicos que científicos, pero en términos generales, los desarrollos recientes en los laboratorios se plantean diferentes preguntas y yo pienso que poco a poco hemos ido descifrando grandes secretos.

“Por ejemplo, en el área de la biología, el misterio de la vida está cada vez más cerca de ser resuelto. Entendemos los mecanismos que están detrás de ese fenómeno aparentemente milagroso que es la vida, pero también en lo más profundo, en la física, donde tenemos grandes interrogantes sobre el origen del universo, sobre el destino del universo, también hay grandes avances.

“Creo que estamos cerca de obtener muchas respuestas, pero también yo siempre creo que las grandes respuestas llegan con más preguntas, y está bien que así sea, porque me parece que el conocimiento es una serie infinita que no terminará nunca”.

“Veo cambios importantísimos, de las épocas en que era un niño en Delicias, Chihuahua, y escuchaba y leía sobre los cuestionamientos que se planteaban en aquel entonces, a los que veo que se plantean ahora, pues me da mucho gusto ver un avance significativo en tan sólo una generación. Entonces yo creo que eso continuará”.

Ya que volvemos a lo terrenal, como científico mexicano, ¿cómo ve usted hoy al país en este contexto global de exploración espacial? ¿Cómo está México... o dónde está México en este contexto?

“El problema en México ha sido siempre la falta de continuidad. Vivimos en una estructura sexenal donde todo comienza y termina cada seis años. Eso impide desarrollar proyectos de largo plazo. Hay momentos de avance, sí, pero son frágiles. Cada nueva administración redefine prioridades y el mundo vuelve a empezar.

“Proyectos como el programa Apolo o Artemis nos muestran que si un país quiere avanzar, es necesario tener acuerdos que rebasen los programas políticos. Eso debe estar más allá de la visión de los líderes administrativos, como los que tenemos, y esa parte todavía no la conseguimos.

“Cada nueva administración federal llega con una visión de las cosas y entonces todo vuelve a comenzar. El mundo comienza cada seis años en nuestro país.

¿Carecemos entonces de política pública y esa visión de Estado para proyectos de largo aliento?

“Creo que sí. Ayer o antier la presidenta otra vez sacó la pregunta del subdesarrollo, la pregunta que arrastramos de si no sería mejor utilizar el dinero que se emplea en Artemis para resolver el problema de la pobreza y del hambre. A mí eso me parece una visión muy pobre, muy truncada, muy miope de las cosas, curiosamente viniendo de una mujer científica, que en realidad creo que nunca estuvo involucrada en proyectos científicos. Ella estuvo más involucrada en el diseño de una estufa de leña. Sí, su tesis de doctorado es el diseño de una estufa de leña. Eso no es ciencia, de hecho, yo creo que difícilmente también se lo puede llamar tecnología, es más tratar de resolver un problema social que otra cosa.

“Esa visión es la que nos priva. Habría que echarle un vistazo a las cifras, habría que echarle un vistazo a los gráficos de cómo la humanidad ha avanzado, de cómo la esperanza de vida ha aumentado en todas las regiones de la tierra, de cómo la pobreza se ha reducido en todos los países del planeta, cómo África ha ido poco a poco resolviendo los problemas de salud y de hambre, y que muchos de esos se ha logrado gracias al desarrollo tecnológico, gracias al desarrollo de proyectos como estos.

“Pero eso parece ser muy difícil de entender, parece ser que un líder que vive toda su vida en las calles protestando difícilmente tiene tiempo para leer y enterarse un poquito más a fondo de lo que significa el desarrollo tecnológico y de cómo eso impacta en los problemas sociales. Parece que no lo vemos, parece que tenemos ese tipo de miopías, un tema de visión con el que todavía no podemos salir a flote”.

¿Entonces son muy complicadas las condiciones para que científicos mexicanos participen en proyectos como Artemis, del que comenzamos a hablar, o como el del Gran Colisionador, en el que usted participa?

“Sí, eso tiene consecuencias muy concretas. Los grupos trabajan con cautela, con recelo. Porque uno se compromete con proyectos internacionales, pero no sabe si tendrá el respaldo en el futuro. Eso limita la participación y el crecimiento. Nosotros, por ejemplo, tuvimos un desarrollo muy importante en el Gran Colisionador de Hadrones, pero hubo un periodo en que se cortó el apoyo y eso representó un retroceso”.

Entonces, para ser totalmente claros, ¿México está más atado a la Tierra que viendo hacia el espacio, por decirlo metafóricamente?

“Sí, sí, sí, desde luego, tenemos muchísimas restricciones, tenemos muchísimos problemas, tenemos una inversión muy baja, es la inversión más baja en los últimos veintitantos años para ciencia y tecnología, nunca habíamos caído tan bajo.

“El programa de ciencia y tecnología para este sexenio no es realmente un programa científico, es un programa para hacer coches, para hacer carros, es un programa para hacer un camión de transporte público, y son programas entonces de los años cincuenta, por los que México ya pasó”.

Para encaminarnos a la parte final, está por presentar en Juárez su libro “Cuántica....”, junto con el escultor Sebastián. ¿Cómo surge este proyecto? ¿Cómo se juntan el físico y el escultor?

“Sebastián y yo nos conocemos desde hace tiempo, somos vecinos, él es de Camargo y yo de Delicias. Hemos coincidido en distintos proyectos y, hace más de un año, comenzamos a reunirnos semanalmente para conversar. Esas conversaciones se fueron formalizando. Él empezó a grabarlas y de ahí surgió la idea de convertirlas en un libro”.

¿De qué trata esta obra, para los que no hemos tenido oportunidad de conocerla?

“Es un diálogo. Por un lado, se explican conceptos de mecánica cuántica de manera accesible: el gato de Schrödinger, el principio de incertidumbre, la teleportación cuántica. Y por otro, Sebastián traduce esos conceptos en obra artística: piezas escultóricas que evocan esas ideas.

¿Es divulgación científica, una reflexión sobre el arte y la ciencia o qué es exactamente?

“Es una combinación. La ciencia busca la verdad; el arte busca la belleza. Aquí intentamos poner ambas cosas en una misma reflexión”.

¿Qué puede aportar el arte a la comprensión de la ciencia?

“El arte siempre ha estado vinculado con la ciencia. No hay una separación real. Las ideas científicas han influido en grandes artistas, y la literatura o la imaginación también han influido en la ciencia. En el caso de Sebastián, su obra tiene un discurso matemático y científico muy claro”.

¿Cree existe una belleza compartida entre las leyes del universo y el arte?

“Definitivamente. Eso es justamente lo que buscamos mostrar. El lector verá un concepto científico y luego su interpretación artística. Es una forma distinta de entender la realidad.

¿Y qué papel juega la imaginación en la ciencia?

Es central. La imaginación permite visualizar aquello que queremos comprender. En ese sentido, la ciencia y el arte se parecen mucho: ambas intentan representar la esencia de las cosas.