El 1 de agosto de 1926, hace 100 años, amanecieron mudas todas las campanas de las iglesias católicas en México. Fue la expresión última de protesta ante la decisión del gobierno federal de restringir la libertad de creencia, de intolerancia religiosa y de falta de respeto a la libre conciencia de fe. El siguiente paso fue las armas.
Este pasaje de la historia de México entre 1926 y 1929, conocido como Guerra Cristera, la han ido desapareciendo de la historia mexicana, a pesar de establecer por estadísticas que México es un país con un alto porcentaje de católicos practicantes, o al menos así se consideraba hace poco. Los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana la fueron desdibujando e ignorando de la historia oficial y obligatoria.
La decisión del presidente Plutarco Elías Calles (de 1924 a 1928) de poner leyes anticatólicas despertó una animadversión a grandes sectores de la sociedad mexicana. Algunos historiadores han calificado esa reacción como fanatismo y para otros es considerada una etapa de heroísmo de mexicanos que murieron en el intento de combatir al gobierno intransigente. Esa etapa dio como resultado casos de mártires, beatos y santos.
Un caso es el de Anacleto González Flores, orador, periodista, abogado y líder de la resistencia católica que inició con un boicot contra el gobierno, pero terminó en la vía armada. Anacleto González fue enemigo de la violencia y apostó a la acción de protesta y resistencia pacífica, pero él mismo fue víctima de la violencia que combatió. Se ha dado por llamarle el “Gandhi mexicano”.
El gobierno federal lo detuvo el 1 de abril de 1927 y en un acto terrible de tortura lo desolló, arrancándole la piel de su cuerpo hasta morir en un afán de que revelara nombres de la resistencia católica.
Conservó el silencio de la identidad de líderes católicos y al final lo fusilaron en el paredón alcanzando a gritar con lo que le quedaba de fuerzas, la famosa frase que se convirtió en un grito de guerra y de afrenta al gobierno: “yo muero, pero Dios nunca muere…viva Cristo Rey”.
Los días 31 de julio y 1 de agosto de 2026 celebraron el Primer Congreso Nacional Cristero, organizado por la cátedra Anacleto González Flores en el salón del templo expiatorio Eucarístico de la ciudad de Guadalajara, con varios expositores e historiadores que presentaron trabajos sobre los antecedentes y causas de esa epopeya cristera.
El maestro Anuar Emanuel López Marmolejo, en su intervención sobre la Revolución Francesa y la guerra de la Vendé, ésta última considerada como una de las etapas más tenebrosas de la Revolución Francesa como una expresión anticatólica, donde campesinos se levantaron en armas contra el gobierno revolucionario de la Primera República Francesa, entre 1793 y 1796, cuando la Convención Nacional decretó una leva masiva para reclutar 300 mil hombres contra su voluntad, a pesar de que estaban en desacuerdo con las políticas anticlericales de la Revolución.
Ante la imposibilidad de reclutarlos, el gobierno francés envió grandes contingentes militares que realizaron una brutal represión con exterminio de católicos, conocidas como las columnas infernales que destruían aldeas, cosechas y masacrando a la población sin importar la edad y los llamados noyades, que fueron ahogamientos masivos, ejecutado metódicamente a mujeres, niños y sacerdotes, hundiéndolos en barcazas en el río Loira, sumando entre cien mil y 250 mil vendeanos asesinados.
Ese lamentable pasaje sería un antecedente de la persecución contra católicos por un gobierno ateo. En la Independencia y la Revolución Mexicana se darían casos similares. En ésta última con Venustiano Carranza, quien ordenaba el fusilamiento de imágenes religiosas afuera de los templos o el uso de los altares como mesas de bacanales.
El licenciado José Salmerón expuso en su conferencia el tema de la Independencia y Reforma en México como antecedentes de la persecución religiosa, que calificó como “cadenas de amargura”.
De Chihuahua, participó el Dr. Héctor Socorro Tarango Rivero con el tema “La anticatólica Revolución Mexicana”, a la que calificó como una lucha por el poder entre bandas y generales que fue orquestada desde fuera del país, diseñada por protestantes norteamericanos con la finalidad, entre otras cosas, de extinguir el catolicismo en México y luego en América Latina.
Esos revolucionarios fueron los caciques y tiranos como la “soldadesca” de Carranza que robaban en pueblos y asesinaban a gran escala, creando un terrorismo ideológico. Cuando gobierna Plutarco Elías Calles, su pretensión fue desaparecer la Iglesia Católica en México.
Consideró que la rebelión de los católicos, plasmada en la llamada guerra cristera, cambió la ruta histórica del país, al defenderse ante un gobierno de tiranos que quería eliminar la libertad de creencias, concluyendo en que un México católico no sería posible sin los cristeros.
La historiadora e investigadora Helena Judith López Alcaraz disertó sobre la encíclica Rerum Novarum y la organización de los católicos mexicanos entre 1891 y 1912. Ese documento papal fue la respuesta de la Iglesia Católica ante la polarización del socialismo y el capitalismo, dando herramientas de organización a los católicos que dio nacimiento a la doctrina social de la Iglesia.
Sobre el papel de la juventud en esa etapa de la guerra cristera, José de Jesús Martínez Zúñiga expuso la conferencia sobre el sacerdote jesuita francés Bernardo Bergoënd, como forjador de la juventud, creador de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) el 12 de agosto de 1913. La idea fue formar jóvenes católicos y defender los principios de la Iglesia en el contexto de esa época en que era perseguida desde el gobierno mexicano.
Esa agrupación fue una de las claves de la organización de los cristeros, que con el lema de “Por Dios y por la Patria” encabezaron actos de resistencia, avituallamiento y reclutamiento para los ejércitos cristeros.
El licenciado José Martín Gama Jaramillo tuvo a su cargo la conferencia sobre la movilización de los católicos previo al conflicto armado y al inicio de la guerra armada, entre 1920 y 1926.
El final, el presbítero Tomás de Hijar habló sobre Chalchihuites, primer bastión de la gesta cristera, donde logró establecerse un gobierno cristero. El municipio de Chalchihuites, ubicado en el estado de Zacatecas, es un lugar clave en la historia de la Guerra Cristera (1926-1929).
Este municipio fue una de las chispas de la Cristiada, aunque no fue el único gobierno cristero, pero sí fue el epicentro donde inició la persecución religiosa y uno de los primeros focos de resistencia armada.
Según la historia, el inicio del conflicto ahí fue el 15 de agosto de 1926, cuando el presidente Plutarco Elías Calles ordenó la ejecución del párroco Luis Batis Sáinz y de los laicos Salvador Lara Puente, David Roldán Lara y Manuel Morales. En respuesta a estos fusilamientos, el líder regional Pedro Quintanar organizó sus tropas y se levantó en armas el 15 de septiembre de 1926 en esta misma zona. Desde Chalchihuites, controló militarmente una amplia región de Zacatecas y el sur de Durango, operando como un mando sumamente organizado.
El pasado 31 de julio de 2026, la Conferencia del Episcopado Mexicano, integrada por todos los obispos mexicanos, dio a conocer un documento sobre este centenario de la entrada de la llamada “Ley Calles”, subrayando que esta conmemoración no pretende reabrir heridas ni celebrar una guerra, sino sanar la memoria colectiva y aprender de una de las etapas más dolorosas de la historia nacional de México.
Sin embargo, entre las conclusiones señalan que la libertad religiosa sigue siendo una tarea pendiente porque uno de los ejes centrales fue la defensa de la libertad religiosa como un derecho humano fundamental, reconociendo que si bien México ha dado pasos importantes desde las reformas constitucionales de 1992, la expedición de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la santa Sede y la reforma al artículo 24 constitucional en 2013, también advierte que esos avances todavía no han permitido consolidar plenamente el derecho a la libertad religiosa.