Es preciso aclarar que este próximo 2 de noviembre la Iglesia Católica celebra la conmemoración litúrgica de todos los fieles difuntos. Con esto no se quiere decir que la Iglesia celebre la muerte, ni mucho menos que esta sea santa, pues la muerte no es una persona ni una entidad; por lo tanto, no puede ser celebrada por los católicos ni por quienes creemos en Cristo, ya que Él, Señor y fuente de la vida eterna, venció al pecado y a las ataduras de la muerte.
Existe una línea muy delgada entre esta conmemoración litúrgica y el "día de muertos", que en la tradición de los mexicanos y de otras culturas se festeja, se le canta, se le llora, y se ríe y baila con "la calaca". Sin embargo, debemos dar a cada cosa su propio lugar: la conmemoración de los fieles difuntos nos habla de la esperanza y de la promesa de la vida eterna cuando el Señor nos llame a su presencia; lo otro es folclor e incluso diversión, pero solo queda en eso.
La meta de todo cristiano es el cielo. Por ello, como decimos comúnmente, no hay que confundir la gimnasia con la magnesia; son planos muy diferentes. Lo que hacemos los católicos no es celebrar la muerte, sino conmemorar y recordar a quienes pasaron a otro plano de vida, y orar para que el Señor, en su infinita misericordia, los acoja en la Iglesia triunfante.
Aquí un breve recuento de la Conmemoración litúrgica del 2 de noviembre:
Ya en el siglo II se encuentran testimonios de que los cristianos rezaban y celebraban la Eucaristía por sus difuntos. Al principio, en el tercer día después de la sepultura, luego en el aniversario. Más tarde, el séptimo día y el trigésimo.
En el año 998, el abad Odilón de Cluny ( 9941048) hizo obligatoria la conmemoración de los difuntos, el 2 de noviembre, en todos los monasterios a él sometidos.
En 1915, Benedicto XV concedió a todos los sacerdotes el derecho a celebrar tres misas en este día, con la condición de que una de las tres se aplique libremente, con la posibilidad de recibir una oferta; la segunda misa, sin ninguna oferta, se dedique a todos los fieles difuntos; y la tercera se celebre según la intención del Sumo Pontífice. La liturgia propone varias misas para este día, todas ellas orientadas a resaltar el misterio pascual, la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte.