Chihuahua, Chih.- A sus 21 años, Alma Edith Acosta Peralta cursa el octavo semestre de la licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras (FFYL), acompañada de su pequeña hija Eimy Damariz, de apenas tres meses de edad.
Su historia es un ejemplo de perseverancia, amor y determinación para alcanzar sus metas profesionales.
“Me decían que iba a dejar la carrera. Aunque me case o tenga hijos, mi sueño es terminarla y ejercerla. No importa cuánto batalle”
ALMA EDITH ACOSTA
Madre y estudiante
Cada día, Alma Edith prepara sus mochilas: la de sus artículos escolares y todo lo necesario para atender a su bebé. Juntas abordan el transporte público para llegar a la FFYL, de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH). Al terminar las clases, emprenden el camino de regreso a casa, algunas veces cuando la luz del día comienza a desaparecer.
Aunque su hogar está cerca, el traslado representa un esfuerzo adicional para una madre que ha decidido no abandonar su formación universitaria.
Su esposo, Carlos Raúl, de 22 años, trabaja largas jornadas, mientras que su mamá vive lejos de su domicilio. Además, desde que Eimy comenzó a rechazar el biberón, Alma Edith mantiene la lactancia materna exclusiva, situación que hace indispensable que su pequeña permanezca a su lado.
Así, entre apuntes, tareas, pañales y momentos de lactancia, la estudiante continúa su preparación académica con un propósito que la acompaña desde la infancia: convertirse en maestra de Historia.
“Desde que me casé me decían que iba a dejar la carrera, pero yo siempre dije que no. Aunque me casara, aunque tuviera hijos, mi sueño era terminar una carrera y ejercerla. No importa cuánto batalle, la voy a terminar”, expresó.
La maternidad le ha exigido reorganizar sus tiempos y aprender a combinar las responsabilidades del hogar con las exigencias universitarias. En ocasiones debe atender a Eimy mientras escucha las explicaciones de sus profesores; otras veces intenta dormirla para continuar con sus actividades académicas.
Sin embargo, en medio de estos desafíos ha encontrado algo que considera fundamental: la comprensión y solidaridad de sus maestros y compañeros.
Alma Edith reconoce que al principio sentía vergüenza cuando su bebé lloraba durante las clases, pues temía incomodar a sus compañeros o profesores. La respuesta que recibió fue distinta a la que imaginaba.
“Todos han sido muy amables y comprensivos. A veces me daba pendiente que mi bebé llorara y alguien se fueran a enojar, pero todos se han portado muy bonitos con nosotras”, compartió.
Esta experiencia también refleja el valor de una comunidad académica sensible a las distintas realidades de sus estudiantes, donde la empatía y el acompañamiento pueden marcar la diferencia entre abandonar un proyecto educativo o encontrar las condiciones para continuarlo.
Para Alma Edith y Carlos Raúl, el futuro está lleno de planes que desean construir juntos. Primero, que ella concluya sus estudios y comience a ejercer su profesión; posteriormente, que él pueda retomar su preparación académica. También sueñan con rentar una casa más amplia y, algún día, adquirir un hogar propio para su familia.
Por ahora, su mayor ilusión es ver crecer a Eimy mientras Alma Edith avanza hacia la culminación de su carrera.
Su historia recuerda que detrás de cada estudiante existen circunstancias, responsabilidades y sueños que pocas veces son visibles dentro del aula. También demuestra que la maternidad no tiene por qué significar el final de las aspiraciones profesionales.
Alma Edith no llega sola a clases. Lleva en brazos a su hija, pero también la convicción de que ambas merecen un futuro lleno de oportunidades.
Y mientras Eimy comienza a descubrir el mundo desde los brazos de su madre, Alma Edith continúa escribiendo una historia que algún día podrá contarle: la de una mujer que decidió no renunciar a sus sueños y que encontró en el amor por su hija una razón más para cumplirlos.