En una sociedad como la nuestra, agobiada por asuntos urgentes, que reclama obras y servicios de calidad, y sobre todo infraestructura que “se vea y se pueda tocar”, hay un tema que, como una prioridad, el Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua está atendiendo de forma clara y decidida.

Se trata de la Concienciación sobre el Autismo, una iniciativa que nació hace dos años en este subsistema de educación media superior y que, a la fecha, ha logrado avances significativos. No es fácil entrarle a un asunto al que pocos le dan importancia.

El pasado 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, el Cobach lanzó una intensa campaña, mediante sus redes sociales, pero antes de forma presencial en sus 31 planteles, con la intención de dar a conocer que realizó la última parte del Taller “Ajustes razonables: herramientas para promover la inclusión escolar”, logrando capacitar a 385 docentes en la última semana.

De acuerdo con las cifras oficiales, el Cobach ha logrado capacitar, en un año, a cerca de 700 docentes en estrategias de trato, mediación, atención y adopción de técnicas para brindar una mejor educación en el aula a estudiantes con algún problema de neurodivergencia.

La tarea no es fácil, pero esta acción forma parte del compromiso institucional del Colegio de Bachilleres por fortalecer prácticas educativas más equitativas, brindando a los docentes herramientas concretas para atender la diversidad en el aula.

Es, hasta ahora, el único subsistema de educación media superior en el estado y uno de los pocos en el país que cuenta con una unidad especializada en inclusión, con personal profesional que permanentemente capacita a sus docentes y alumnos con estrategias muy definidas.

Cada 2 de abril, en el marco del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, México se suma a una conversación global que, aunque cada vez más visible, sigue siendo insuficiente. El Trastorno del Espectro Autista (TEA) no es una enfermedad, sino una condición del neurodesarrollo que implica formas distintas de percibir, comunicarse y relacionarse con el entorno.

Comprenderlo exige sensibilidad, información y, sobre todo, compromiso social. Las cifras permiten dimensionar el reto en el entorno mundial, estiman que una de cada 100 personas está dentro del espectro autista. En México, aunque no existe un registro plenamente actualizado, calculan que hay al menos 45 mil niños diagnosticados con TEA y que cada año nacen alrededor de 6 mil personas con esta condición.

Sin embargo, especialistas coinciden en que estos datos son parciales debido a la falta de diagnósticos oportunos y de un sistema estadístico integral. En Chihuahua, por ejemplo, aproximadamente 621 personas con autismo reciben atención en instituciones públicas, una cifra que parcialmente refleja la realidad.

Pero, en todo el país, no existe un padrón unificado ni programas sólidos de detección temprana, lo que ha derivado en estimaciones indirectas como una prevalencia de un caso por cada 115 nacimientos. Esto revela una problemática estructural: lo que no es medido, no es atendido.

Hablar de autismo no es sólo hablar de cifras, es hablar de inclusión. En México, miles de personas con TEA enfrentan barreras en la educación, el empleo y la vida social. La falta de capacitación docente, la escasez de especialistas y la persistencia de estigmas dificultan su integración plena. La inclusión no debe entenderse como un acto de caridad, sino como un derecho humano fundamental.

La sociedad tiene un papel crucial. La sensibilización comienza en casa, en las escuelas y en los espacios laborales. Reconocer la diversidad neurológica implica abandonar prejuicios y promover entornos accesibles, donde las diferencias no sean motivo de exclusión, sino parte de la riqueza social. La empatía, en este contexto, es una herramienta de transformación.

Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente en las familias o en la buena voluntad social. Las autoridades tienen la obligación de diseñar políticas públicas efectivas: sistemas de diagnóstico temprano, programas de intervención integral, inclusión educativa real y oportunidades laborales dignas. Sin datos confiables, sin inversión y sin coordinación institucional, cualquier esfuerzo será insuficiente.

El Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo no debe ser una fecha simbólica más. Debe ser un recordatorio de la deuda histórica que México tiene con esta comunidad. Visibilizar es el primer paso, pero actuar es el verdadero compromiso. Ese es el trabajo que inició hace dos años el Cobach con una estrategia clara.

Una sociedad verdaderamente inclusiva no es aquella que tolera las diferencias, sino la que las entiende, las respeta y construye condiciones para que todas las personas, sin excepción, puedan desarrollarse plenamente. Al tiempo.

Fuentes: Diario de Chihuahua, INEGI, Secretaría de Salud