Ciudad de México .-Frente al labioso galán que la asediaba una ingenua y romántica muchacha llamada Florinelda empezó a arrancar uno a uno los pétalos de una margarita, al tiempo que decía: "Me quiere. No me quiere. Me quiere. No me quiere.".
Cuando cortó el último pétalo exclamó jubilosa: "¡Me quiere!". "Tiene razón la florecita -dijo el salaz sujeto atusándose el bigote-. Ahora pregúntale: 'Me quiere ¿qué?"...
La vecina le pregunta a Pepito: "Dime, buen niño: ¿a quién te pareces más: a tu papá o a tu mamá?". "Definitivamente a mi papá -respondió Pepito sin dudar-. Sobre todo, del cuello para abajo"...
La esposa de Capronio, incivil sujeto, le comentó: "Supe de una mujer intelectual que se casó con un tonto y lo está haciendo sabio". "Eso no es nada -replica Caprronio-. Yo supe de una mujer nada intelectual que se casó con un sabio y lo está haciendo tonto"...
Me pregunto si alguna vez la clase política que nos gobierna recapacitará ante la irritación creciente de los ciudadanos, y volviendo por fin a la decencia renunciará a los incontables privilegios de que disfruta ahora merced a una viciosa legislación que los políticos hicieron a su medida y conveniencia.
Dos partidos deberían haber en este país únicamente: uno conservador, el otro liberal; como en los viejos tiempos mexicanos, o como en los modernos tiempos norteamericanos. Si no queremos ser tan rigoristas admitamos tres: uno de centro, otro de izquierda y el tercero de derecha.
Pero no es posible ya tolerar la existencia de esos partidejos que no son en verdad organizaciones políticas, sino negocios de familia o empresas particulares concebidas para el medro y ventaja de un grupúsculo, y aun de una persona sola.
Partidos ricos en un país de pobres, esos organismos son en verdad parasitarios, y hacen de la política en México un bazar para la compra y venta de apoyos, alianzas y coligaciones. Si alguna vez salimos del subdesarrollo político en que vivimos hoy desaparecerán esos remedos de partido, y quienes ahora viven del trabajo de sus conciudadanos deberán ponerse por primera vez en su vida a trabajar. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado.
Himenia Camafría, madura señorita soltera, era objeto de las galantes atenciones de un senescente caballero. Ilusionada, le confió a su amiguita Celiberia: "Creo que don Geroncio abriga intenciones matrimoniales hacia mi persona".
Le pregunta la amiga: "¿Por qué piensas eso?". Respondió la señorita Himenia: "Cada día se pone más romántico conmigo. La otra tarde que lo invité a merendar en mi casa me preguntó si ronco"...
Babalucas conoció en el Bar Ahúnda a una mujer de exuberantes atributos físicos. Entablaron conversación, se bebieron un par de copas, y para sorpresa del badulaque la atractiva dama lo invitó a ir con ella a su departamento. Cuando llegaron, la hermosa fémina le pidió al visitante que se pusiera cómodo.
Desapareció un momento, y regresó luego cubierta sólo por un ligero negligé que dejaba a la vista la munificencia con que natura la había favorecido. Sin decir palabra tomó por la mano a Babalucas, y sonriendo voluptuosamente lo condujo a la recámara.
Ahí, con gracioso ademán, le mostró el lecho, como diciéndole: "Mira lo que tengo". "¡Wow! -exclamó entusiasmado el tonto roque-. ¡Cama de agua!". Y así diciendo se dispuso a gozar los deliquios de la sensualidad en aquel movible tálamo.
La dama lo detuvo. "Espera -le dijo-. ¿No crees que deberías usar alguna protección?". "Es cierto" -respondió Babalucas sofrenando sus ímpetus eróticos al tiempo que salía con cuidado de la cama de agua. Y seguidamente le preguntó a la dama: "¿Tienes un salvavidas?". FIN.
MIRADOR
La revista Kirche, que aparece en Zurich, publicó en su último número un artículo de Malbéne. No resisto la tentación de transcribir aquí una frase del texto escrito por el controvertido teólogo:
"... En los primeros tiempos del cristianismo morían los cristianos y el cristianismo vivía. En nuestro tiempo los cristianos viven y el cristianismo muere...".
Malbéne explica su paradoja. La vida del cristianismo es el amor. Divididos ahora los cristianos en innumerables grupos distintos, y aun hostiles entre sí, el amor no tiene sitio entre ellos. "... Ni siquiera practican -añade Malbéne- ese modesto atributo del amor que se llama tolerancia...".
A nadie le agradará, seguramente, la afirmación del maestro de Lovaina. Pero ya lo ha dicho él otras veces: "Hablar de religión sin inquietar a la gente no es muy religioso".
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS
". El precio de la gasolina sube más.".
Sigue el aumento con saña,
y la gente está que trina.
Muy pronto la gasolina
costará más que el champaña.