Ciudad de México.-Doña Vanidia se enteró de que su esposo don Gorrino y un compadre suyo tenían trato de fornicio con sendas coristas de un teatro de revista. Le exigió a su marido que la llevara a ver a "esa vieja". Salieron las danzarinas y formaron fila en el proscenio. Le preguntó la señora a su marido: "¿Cuál es la infame mujer con quien me engañas?". Contrito, compungido, avergonzado, respondió Gorrino: "La tercera de izquierda a derecha". Inquirió, severa, la esposa: "Y la del compadre ¿cuál es?". Contestó el apenado señor: "La segunda de derecha a izquierda". Tras una pausa manifestó doña Vanidia: "La nuestra está mejor". En las películas hollywoodenses de los mediados del pasado siglo mujeres y hombres fumaban como chacuacos. Me interrumpo para decir que el chacuaco era la chimenea por la cual salía el humo de los hornos en los ingenios azucareros. En aquellos viejos filmes el piloto del avión fumaba en su cabina; el médico en su consultorio; el capitán del submarino y su tripulación en el cerrado espacio de la nave; el esposo y la esposa en su recámara. Jack Benny promovía desenfadadamente en su programa de televisión los cigarros Lucky Strike, y un gran espectacular de Wall Street proclamaba que fumar los de la marca Camel no alteraba los nervios. Los curas fumaban con devota asiduidad. A uno oí decir que el cigarro era otium in negotio et negotium in otio, descanso en la ocupación, y ocupación en el descanso. Yo no he fumado nunca. A la tierna edad de 8 años me fumé en el corral de la casa de mi abuela Liberata una colilla de puro dejada en el cenicero por mi padrino Arturo, y esa experiencia, aparte de haberme hecho ver el mundo de color morado, me provocó náuseas y mareos que me llevaron desde entonces a sentir pavor por todo lo que a tabaco oliera. Santo remedio, como antes se decía. Mi mejor amigo de juventud, empedernido fumador, murió de cáncer en la garganta. En su lecho de muerte, sin poder ya hablar, ante los sobrinos adolescentes que lo visitaban hacía con desesperación el ademán de llevarse un cigarro a la boca y luego, con un gesto angustiado, les indicaba que no fueran a fumar. Murió a los pocos días. Digo todo esto porque me alegró saber que cada día son menos los fumadores, esos hombres y mujeres que arriesgan la salud, y aun la vida, por el ridículo y letal hábito de aspirar el humo emanado de un cilindro de papel relleno de tabaco, o sea de nicotina y otras sustancias cancerígenas. Lejos de mí la temeraria idea de erigirme en dómine o magister. Soy respetuoso de las decisiones ajenas, pues espero sean respetadas las que en raras ocasiones tomo. Aun así reitero mi satisfacción por ver que cada día son menos los fumadores. Eso es como decir que cada día la vida triunfa más sobre la muerte. Los recién casados ocuparon un bungalow en el hotel ecológico. Ahí pasarían su noche de bodas. Les informó el propietario: "La luz en las cabañas se apaga a las 11 de la noche". "No importa -respondió el novio-. No vamos a estar leyendo". (Decía un antiguo dicho: "Cuando me acueste con Luz aunque me apaguen la vela"). Babalucas se asomó por la ventana. Le preguntó su esposa: "¿Cómo está el tiempo?". "No sé -respondió el badulaque-. Hay tanta neblina que no se ve nada". Solía decir un cierto maestro mío que la astrología es a la astronomía lo que la teología es a la filosofía. El joven Asterino, desconocedor de ese apotegma, era astrólogo aficionado. Quisieran o no les leía la carta astral a sus amigos y parientes. En el Bar Ahúnda conoció a una linda chica. Le preguntó: "¿Cuál es tu signo?". Sin vacilar respondió ella: "El de pesos". (Nota.: $). FIN.

MIRADOR.

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

En el curso de la Semana Santa fui todos los días a la catedral.

Con ese nombre, "la catedral", bautizó la amada eterna a un cedro que crece en lo alto de la labor llamada de Las Melgas, en el Potrero de Ábrego.

Frondoso y elevado es ese árbol. Bajo su fronda cabemos todos los de la familia. Ponemos sillas y pequeñas mesas, y bebiendo cada quien a sorbos lentos un vaso de jugo de manzana platicamos acerca de los temas de que en el rancho se platica: la lluvia; la yegua que parió; el toro que anda suelto; la salud de doña Fica -Pacífica-, señora que anda ya por los 100 años.

Por esa edad debe andar también este viejo árbol. Ha dado innumerables hijos. Los trasplantamos con amoroso cuidado a otros lugares de la huerta, y van creciendo, capillitas que algún día serán catedrales, como su padre. Yo ya no los veré, pero en ellos me verán mis nietos y bisnietos, igual que ahora miro a la amada eterna bajo la verde fronda de esta catedral.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

Por AFA.

". Son 'fallas pequeñas' las de los trenes de la 4T, dice el gobierno.".

No quiero ser imprudente,

pero al decirlo te callas

que tales pequeñas fallas

han matado mucha gente.