Ciudad de México.- "En toda mi vida sólo he hecho el amor con mi marido". Doña Nabora declaró eso en la reunión semanal del Club de Costura. Una de las socias le dijo traviesamente: "No seas presumida". Replicó doña Nabora: "No estoy presumiendo. Me estoy quejando". El juez pedáneo hizo llamar al borrachín del pueblo. Eso de "pedáneo" no significa que el juzgador fuera igualmente dado a la bebida. Se llaman pedáneos los jueces que tienen una jurisdicción territorial tan pequeña como si midiera un pie. El letrado le indicó al beodo: "La señora aquí presente se queja de que le dijiste que tiene cara de nalga". Replicó el briago: "No recuerdo habérselo dicho, pero de que la tiene la tiene". Don Sufricio les comentó a sus amigos en el Bar Ahúnda: "Mi mujer salió de la casa hace una semana, y no la he encontrado". Sugirió uno: "Repórtala a la policía". "¡Oh no! -se alarmó don Sufricio-. ¡Ellos sí la encuentran!". ¡Cuántas cosas suceden en las noches de bodas! El recién matrimoniado dejó caer la bata de terciopana verde con rayitas color de rosa que para la ocasión le había confeccionado su mamá, y se mostró por primera vez al natural ante su desposada. Con atención lo miró ella y exclamó luego alegremente: "¡Qué bueno! ¡Ahora ya no me preocuparé por tener las bubis tan pequeñas!". "La mayor parte de quienes lo mascan son mujeres, pero lo hacen en su casa. Las rameras lo andan mascando sin vergüenza alguna en la calle, en el tianguis, sonando las dentelladas como castañetas. Los hombres también lo emplean, en secreto, para echar la reuma y limpiar los dientes. Los sométicos lo mascan en público". ¿A qué sustancia masticable se refiere Sahagún en este antiguo texto? Al chapopote, usado como chicle en el México de la Colonia. En estos días la palabra se ha puesto muy de moda por la oscura mancha que llega ya hasta las costas de Texas, y cuyo origen la 4T desconoce o, peor aún, oculta. "Nessun maggior dolore -escribió Dante- che ricordarsi del tempo felice nella miseria". No hay dolor más grande que recordar el tiempo feliz en la desgracia. Este hombre que camina con la mujer amada por la playa de la Isla del Padre soy yo. Aún no amanece, y no se mira el mar; sólo se escucha De pronto surge el sol, monarca enorme, cotidiano dios, y a su luz resucitan los seres y las cosas. Ahora ese mar y esa playa están contaminados por el chapopote llegado desde el sur de México. Una nota más que aumenta el desprestigio de nuestro país, cuyos gobernantes piden a sus funcionarios el 90 por ciento de incondicionalidad y el 10 por ciento de capacidad. A fin de aliviar su soledad la señorita Peripalda, catequista, se compró una periquita en la tienda de mascotas. El vendedor no le dijo que la cotorra había pertenecido antes a la madama, mariscala o mamasanta de una casa de mala nota, que la vendió porque los años la hicieron arrepentirse de su pasado oficio, y la cotorra se lo recordaba. Bien pronto la nueva dueña del ave tuvo motivo de preocupación, pues la perica empezó a decir a toda voz palabras como "pindeja", "caprona" y "chingata". Asustada, la señorita Peripalda consultó el caso con el padre Arsilio. Le dijo el buen sacerdote: "Mi loro se la pasa rezando todo el día. Ponlo en la jaula de tu periquita. Seguramente le servirá de ejemplo". Así lo hizo la piadosa catequista. Tan pronto el pajarraco entró en la jaula se trepó sobre la periquita a fin de llevar a cabo el consabido rito natural. "¿Qué haces, lascivo pecador?" -se escandalizó la señorita Peripalda. Respondió el loro con rasposa voz: "¡Joder! ¡Rezaba todo el tiempo pidiendo esto!". FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche levanta la primera y dice:
-Nunc bibamus.
Eso, en latín, quiere decir: "Y ahora bebamos".
Continúa:
-Es una pena que te llames Armando. Debiste haberte llamado Juan, o Luis.
-¿Por qué? -le pregunto extrañado.
Responde:
-Los antiguos romanos acostumbraban bibere nomen alicujus, beber el nombre de alguien; o sea tomarse tantas copas como letras tuviera el nombre del compañero de mesa. Tu nombre tiene siete letras, y siete copas son muchas a mis años.
-Bebamos cuatro -le propongo-. Las otras tres me las quedas a deber.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS.
Por AFA,
". 'Acabaré con una civilización', amenaza Trump.".
Una lectora me dice,
al leer lo que se cita,
que el gorila necesita
alguien que lo civilice.