Ciudad de México.- Todos los gobernantes tienen el mal gusto de que les agrada sobremanera escuchar su voz y piensan que sus expresiones van cargadas de enseñanza, sabiduría; están convencidos de que, cuando hablan, el mundo calla para poner atención a sus dichos. Pero, en no pocas ocasiones, lo que expresan son tonterías y, en el peor de los casos, exhiben lo que intentan ocultar.
Desde hace un tiempo se puso de moda lo que llaman “políticamente correcto”, que no es más que una forma de disfrazar la hipocresía y ocultar lo que realmente se siente o piensa en lo interno. La mayoría de los políticos son hábiles en permanecer en los parámetros de lo políticamente correcto, pero hay ocasiones en que el subconsciente los traiciona y, sin quererlo, nos muestran ese sentimiento interno que tanto ocultan.
Pero los dichos de muchos gobernantes también terminan por adosarles un mote. Recuerde usted a aquel presidente municipal que dijo ser el gato de angora del gobernador, aludiendo a una excelente relación y coordinación; tal alusión a los gatos le dejó el apodo de “El Whiskas”.
El mismo Andrés Manuel López Obrador llegó a compartir ese apodo, aunque por otra connotación. Él contó que, en 2006, durante su primer intento por llegar a la silla presidencial, sus enemigos le pusieron “El Whiskas” y que ese mote se relacionaba con un anuncio publicitario de esa marca de comida para gatos: “8 de cada diez gatas lo prefieren”, con lo cual aludían a que la mayoría de sus seguidoras eran mujeres y de condición social muy humilde.
El mismo López Obrador, ya siendo presidente de la República, logró que, en plena pandemia, se le enjaretara el mote de “El Cacas”, esto luego de que asegurara usar la expresión “¡Fuchi, caca!” para ahuyentar al virus del COVID-19.
Recordamos lo anterior debido a que la presidenta Claudia Sheinbaum pretendió ser graciosa con una frase, pero lo que resultó es que terminó por mostrar clasismo, desprecio y menosprecio hacia la situación económica de las familias mexicanas, así como desdén por la afectación al bolsillo de los ciudadanos.
La señora presidenta se encontraba en su conferencia del pueblo —antes llamadas “las mañaneras”— y ahí uno de los periodistas asistentes le cuestionó sobre lo caro del precio de la gasolina premium. Se esperaba una respuesta técnica o, al menos, políticamente correcta, pero lo que dijo terminó por tomarse como un insulto a los mexicanos y una denigración para ciertas clases sociales, las cuales aspiran a mejorar sus condiciones de vida.
Su respuesta fue una mezcla de ironía, sorna y humor negro: “Si no les alcanza para comprar premium, entonces que le pongan de la magna”, dijo.
Una respuesta de esa naturaleza tiene otras equivalencias y derivaciones:
“Si no les alcanza para comprar carne, pues confórmense con frijoles”; “Si no les alcanza para comprar un buen par de zapatos, quédense con los huaraches o las chanclas”; “Si no les alcanza para comprar un buen café, limítense a tomar agua de la llave”. Lo anterior son frases que van en concordancia directa con la expresión de la señora Sheinbaum Pardo y que muestran los alcances de su expresión.
La respuesta no solamente se sale de lo que llaman “políticamente correcto”, también deja ver el lado insensible y la poca tolerancia presidencial para reconocer una situación económica que ahoga y asfixia a muchas familias en México, que a duras penas alcanzan a llegar a los fines de quincena.
Pero eso ni siquiera es lo peor. Lo que realmente cala es el insulto a la pobreza, es la forma como ella nos refriega en la cara lo poco que le importa la economía familiar y el impacto que el precio de esos productos tan básicos tiene en el bolsillo de los ciudadanos, en particular de aquellos a quienes cada vez les resulta más complicado mantener un estilo de vida digno y con ciertos privilegios.
No se trata de una simple ocurrencia que terminó mal; en el fondo, la expresión también expone el pensamiento que priva dentro de Palacio Nacional y que parece ser el fundamento de muchas de las decisiones que se toman. Es una clara manifestación de ese desprecio que se tiene por asumir la responsabilidad de las condiciones económicas y donde lo que importa es que el gobierno tenga dinero, sin importarle el perjuicio que eso le causa al pueblo.
Expresiones de esa naturaleza son las que hacen que se pierda el sentido de frases como “primero los pobres”, la cual es una base discursiva que da sentido al gobierno cuatroteísta.
En este punto, no se puede soslayar que, si el precio de la gasolina premium ronda entre los 27 y los 30 pesos, eso deriva de la voracidad del gobierno federal, que le carga la mano a los consumidores al aplicar una alta carga de impuestos a cada litro del combustible. Pero, además, no puede olvidarse que, si bien el precio de la gasolina magna es menor, también está muy por encima del precio de 10 pesos que ofreció la 4T cuando pedían el voto.
Esa insensibilidad, que empieza a perfilarse dentro de la persona de la presidenta Sheinbaum, la encontramos por todas partes de su gobierno: en el conteo de desapariciones forzosas; en la indolencia para atender la crisis en el sistema de salud; en las víctimas del crimen organizado que no reciben justicia; con las agrupaciones de Madres Buscadoras, que son despreciadas; en los grupos feministas, a los que se les ponen barricadas para que no toquen los muros de Palacio Nacional; es la misma insensibilidad que muestran con los productores agrícolas, con los ganaderos, con los pescadores, con los periodistas y muchos otros sectores a quienes, antes de atenderlos, los desprecian o ignoran.
Y como el humor mexicano no deja pasar ninguna, ahora a la administración federal de Sheinbaum Pardo ya le “apoyan la gasolina”, porque cada vez nos resulta más cara.
Ahora, así como la presidenta pide que catafixiemos una cosa por la otra, igual podemos decidir cambiar a Morena por algo mejor y más barato.