Actualmente es casi imposible entrar a un hogar y no encontrar una pantalla encendida frente al rostro de los niños. Me refiero a la televisión encendida mientras se come, la pantalla de un teléfono celular o una tableta para "entretener" a los hijos lo mismo en el hogar que durante un viaje para lograr que este quieto o deje de llorar.
Lo que parece una solución inofensiva y sin trascendencia para los padres o para quien tiene a su cargo el cuidado de niños, está convirtiéndose en algo preocupante, algo en lo que debemos poner atención para evitar problemas graves en el futuro cercano.
El desarrollo temprano en un niño no ocurre solo por “ver” cosas, sino también por tocar, balbucear, moverse, repetir, explorar y convivir con otros. Un estudio[1] llevado a cabo en niños mexicanos entre 12 y 36 meses mostró una realidad preocupante que, conforme aumentan las horas frente a pantallas, disminuyen la densidad léxica y el uso de oraciones, es decir, un lenguaje pobre y menos experiencias que les ayudan a aprender.
El estudio da a conocer que nuestros niños están pasando en promedio de 3 diarias frente a estos dispositivos, una cifra que excede las recomendaciones de salud internacionales sobre el tiempo que pueden pasar frente a pantallas; lo que contraría las recomendaciones que sociedades científicas y colegios de pediatría han realizado al señalar que no es prudente su uso en infantes entre los 0 y 2 años.
Para los jóvenes de hoy, entre ellos estudiantes de bachillerato y universidad que mañana serán padres, y para quienes hoy lidian con esta realidad, resulta fundamental comprender el desarrollo mental y emocional de los niños cuando su principal ventana al mundo es una pantalla táctil. El estudio, muestra que a mayor tiempo de exposición individual a las pantallas, menor es la riqueza del lenguaje de los niños. Es decir, aprenden menos palabras y les cuesta más formar oraciones.
No solo se trata de cómo hablan, sino de cómo se mueven, cómo aprenden a sentarse, gatear o caminar de forma independiente. El estudio encontró que el uso excesivo de tecnología retrasa la adquisición de estas habilidades. Cuando un niño está deslumbrado por un video, deja de explorar su entorno, de gatear hacia un juguete o de intentar realizar actividades que son el verdadero "gimnasio" para su desarrollo.
No todo son noticias desalentadoras. El estudio arroja que cuando un adulto se sienta con el niño a ver el contenido, le explica qué sucede, interactúa y convierte la pantalla en un puente de comunicación, el efecto negativo se mitiga e incluso puede volverse positivo para el desarrollo motor y lingüístico. La pantalla pasa a convertirse en una herramienta que, bajo supervisión, no frena su crecimiento.
Debemos dejar de ver los dispositivos móviles como el recurso fácil para silenciar el aburrimiento infantil. Aunque vivimos en un mundo en el que la tecnología nos envuelve fácilmente, es necesario volver a lo básico, el juego al aire libre, la lectura de cuentos impresos y, sobre todo, la interacción y comunicación cara a cara.
Si eres estudiante, observa cómo la tecnología impacta tu entorno; si eres madre o padre recuerda que tu presencia mientras tu hijo usa una tableta marca la diferencia entre un posible retraso y un aprendizaje ordenado. El reto no es prohibir el uso de la tecnología, sino aprender a usarla como un complemento, como un medio más y nunca como un sustituto de las relaciones familiares, el juego y la comunicación humana.
Al final del día, el mejor "dispositivo" para el desarrollo de un niño sigue siendo el tiempo de calidad que pasamos con ellos para su debida formación intelectual y moral.
[1] Robles-Estrada, E., del Carpio-Ovando, P. S., & Gago-Galvagno, L. G. (2024). Uso de pantallas y su influencia en la cognición y los hitos del desarrollo motor de infantes mexicanos. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, 11(2), 21–28. https://doi.org/10.21134/rpcna.2024.11.2.3