Donald Trump ha puesto de manifiesto y en sus acciones el peor rostro del imperio decadente, ha elevado sus amenazas a las acciones directas, y en los hechos cualquier acción causa mucho daño a las poblaciones que han impulsado gobiernos soberanos o incluso con una visión distinta del futuro de estos pueblos, hemos visto que ejerce mediante el poder militar y económico, bloqueos comerciales brutales como los que padecen en Cuba, las sanciones económicas que se aplican a potencias que intentan generar sus propios caminos culturales y económicos, como Rusia, China o Irán, o hasta el secuestro de presidentes en su propio territorio o desencadenar guerras sangrientas, al imperio en la decadencia nada ni nadie lo detiene.

México no está exento de las amenazas de Trump y de la zona de influencia de Estados Unidos, atados por nuestra vecindad, gran extensión fronteriza y los lazos comerciales, aún así cada que ellos necesitan del “enemigo externo”, somos los primeros afectados, incluso no nos salvamos de ser amenazados constantemente de una invasión o de misilazos contra “el narcotráfico”, se trata de mantener el amedrentamiento en contra de los demás pueblos, y nosotros estamos en primera fila.

Entonces, en este momento nos encontramos bajo un gran dilema, porque las circunstancias están orillando y obligando a cualquier país que aspire a una soberanía energética, a no mantenerse a merced de los intereses de Estados Unidos, o mínimo, a no perecer ante la asfixia que pudieran ejercer en contra nuestra, por cualquier motivo, para Trump no es muy necesario que existan argumentos sólidos o razones contundentes para dar el manotazo, y dentro de muchas elucubraciones que podemos pensar, nuestra dependencia energética es una gran vulnerabilidad para México.

Es así que la presidenta Claudia Sheinbaum ha puesto sobre la mesa un tema polémico pero totalmente necesario, ante este panorama de guerras por combustibles y la necesidad de las poblaciones para mantener la seguridad de la población, al recordar la realidad de la dependencia que tenemos para con nuestra energía eléctrica, que en su mayoría se alimenta de gas de Estados Unidos, por lo que urge que comencemos a valorar otras opciones que nos protejan de un “cierre de llave”.

Aquí entra el tema de la explotación del gas de esquisto, o gas shaile, al que nuestro movimiento se ha opuesto desde que se pretendió el ingreso de empresas estadounidenses en el gobierno de Enrique Peña Nieto, debido al daño ambiental y los intereses de empresas extranjeras en territorio mexicano, se trata de un tema complejo al que ha tocado el momento de actuar antes de que sea demasiado tarde.

La presidenta presentó la Estrategia para Fortalecer la Soberanía Energética que plantea tres acciones principales: 1. Contar con equipos más eficientes que consuman menos energía; 2. Más fuentes renovables; y 3. Explotación de las reservas de gas natural de yacimientos convencionales para disminuir la importación de este recurso, lo que desató una discusión muy interesante, porque no fue una propuesta al aire, hay un proceso que se pretende impulsar para conocer todas las opciones y al mismo tiempo, escuchar, atender e incluir todos los conocimientos posibles. En el caso de los yacimientos no convencionales, se integrará un comité de científicos y especialistas en manejo de agua, explotación sustentable, geología y medio ambiente, que emitirá sus recomendaciones en los próximos dos meses.

Se trata de un tema toral en los intereses de seguridad nacional para México, pero también de atender y no descuidar la postura de la cuarta transformación para con los territorios, los pueblos y el medio ambiente, sin embargo del otro lado de la balanza se encuentra nuestra soberanía, el desarrollo del país y el futuro ambiental que aglutina la explotación de yacimientos no convencionales de gas natural.

Lo más interesante es que la presidenta adelantó que ya existe un trabajo que busca nuevas tecnologías y nuevos métodos para que la explotación del gas natural no sea tan nocivo para el medio ambiente, informó que, para los yacimientos no convencionales, desde hace cuatro meses un equipo viajó a Texas, California, en Estados Unidos y a Canadá, buscando en la literatura nuevas tecnologías para su explotación. La discusión ha iniciado.