Hace un par de años, en gran parte del mundo se vitalizó un reto entre jóvenes para, en vivo y través de sus redes sociales, simular una autoasfixia para saber quién resistía más. Las consecuencias fueron mortales.
Ningún territorio del mundo, que se sepa, escapó a esa mortal “moda” que, por supuesto, enlutó a decenas de familias. Hoy tenemos un nuevo “reto” que, de broma, ha pasado a una inminente alerta y la mayor parte de las entidades de México la están viviendo.
Las autoridades educativas, de seguridad pública, maestros y sociedades de padres de familia en gran parte del territorio nacional prendieron antenas cuando, de forma sorpresiva, empezaron a aparecer pintas en lugares estratégicos de algunos centros escolares.
Hay cosas que empiezan como “broma” en internet… y terminan sembrando miedo real en la vida de nuestros hijos. Hoy toca decirlo claro, fuerte y sin rodeos: el llamado reto viral de amenazas de tiroteo en escuelas no es un juego, es una irresponsabilidad colectiva que está rebasando a padres, autoridades y estudiantes.
En los últimos meses, autoridades educativas y de seguridad en México han encendido alertas por un “trend” que circula principalmente en TikTok, donde estudiantes escriben amenazas en baños, paredes o redes sociales como “mañana tiroteo”, provocando pánico y hasta suspensión de clases.
Sí, la mayoría de estas amenazas resultan falsas… pero el miedo es absolutamente real. Y lo más preocupante: no ocurre en un vacío. Ninguna de estas pintas pueden ignorarse, eso sería un gravísimo error.
México ya ha vivido episodios de violencia escolar que no pueden ignorarse. Entonces, ¿de verdad alguien cree que jugar con amenazas de tiroteo es “divertido”? Porque no lo es. Es gasolina sobre un terreno lleno de pasto seco.
Aunque no siempre se detallan oficialmente, han documentado alertas y operativos en múltiples regiones, incluyendo el norte, centro y occidente del país, reflejando que el fenómeno no es aislado, sino nacional.
Aquí es donde entra el punto incómodo -pero necesario-: no es un problema que deben atender sólo las autoridades educativas o policiales, sino toda la sociedad, incluidos, por supuesto, padres de familia.
Hoy, educar también implica vigilar en el hogar qué consumen los hijos en redes, qué retos siguen, qué conversaciones tienen en grupos privados. Porque estos “retos” no nacen solos: se viralizan, pues miles de adolescentes los replican sin medir consecuencias.
Y ojo: no se trata de criminalizar a los jóvenes, sino de asumir responsabilidad total. Porque mientras algunos lo ven como chiste, otros niños entran en pánico, maestros y directivos escolares activan protocolos de emergencia y los cuerpos de seguridad despliegan operativos como si se tratara de una amenaza real.
Algunos padres de familia aseguran que revisar, por ejemplo, de vez en cuando la mochila de sus hijos, sus celulares o las computadoras que utilizan en casa es un atentado a su intimidad; otro segmento de madres, padres o tutores advierten que, debido a la invasión constante de información riesgosa en las redes sociales, esa supervisión constante se hace necesaria.
Hoy que ese reto, “juego” o actividad viral de anunciar supuestos tiroteos en centros escolares se ha hecho evidente en gran parte de las entidades del país, es importante, en principio, no ignorarlo, por lo contrario, atenderlo de inmediato y activar los protocolos de seguridad.
Porque… ¿y si un día no es falso? La línea entre simulación y tragedia es cada vez más delgada. El propio historial de violencia escolar en el mundo entero demuestra que los ataques sí ocurren, y que muchas veces hubo señales previas que nadie tomó en serio.
Pero este debe ser un llamado para todos: padres de familia, autoridades educativas, instituciones de seguridad pública. Porque educar hoy no es sólo mandar a los hijos a la escuela, es también enseñarles que jugar con el miedo ajeno puede tener consecuencias reales.
Y a los jóvenes, si alguien les vendió la idea de que esto es “viral” o “cool”, que les quede claro: provocar terror nunca será tendencia, es simple y llanamente irresponsabilidad.
La escuela debería ser el lugar más seguro después de casa. No un escenario de amenazas escritas en un baño. No esperemos a que una broma se convierta en tragedia para reaccionar. Por cierto, en Chihuahua, tanto las autoridades educativas como de seguridad pública, han actuado de manera inmediata y con acciones determinantes para enfrentar este problema.
Cuando alguien en un plantel educativo encuentra estas amenazas escritas en algún baño o muro, en ese instante se activa el protocolo de seguridad. E intervienen muchas personas, en una movilización que pudiese servir, en ese momento, para alguna emergencia real. Seamos conscientes, todos, de que esto no debe ocurrir. Al tiempo.