“Al final haremos el crimen de pensamiento literalmente imposible porque no habrá palabras para expresarlo”
George Orwell, 1984

SAINT-TROPEZ, Francia.- El INE se prepara para las elecciones de 2027 y, una vez más, toma medidas para el monitoreo y valoración de las informaciones de precampañas y campañas. Cuando empezó estos ejercicios en 2011-2012, registraba solo seis variables. Para 2023-2024 ya eran 13. En 2026-2027 se sumará una decimocuarta: "los mecanismos discursivos indirectos de descalificación".
Es bastante cuestionable que un árbitro electoral dedique tiempo y recursos de los contribuyentes a monitorear y valorar los contenidos de los medios en un país en el que, pese a los parches, la Constitución todavía establece que "la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa". El esfuerzo por registrar y exhibir lo que dicen los periodistas, sin embargo, está llegando a niveles absurdos. Ahora el INE quiere registrar los usos de la ironía o el sarcasmo.
El INE mide ya los tiempos de transmisión y el género de cada nota, y valora la información; registra su importancia y si se divulgan encuestas o sondeos; revisa el uso de "un lenguaje incluyente y no sexista" (emplear las reglas de la Real Académica es sexista); determina si hay violencia política "en razón de género"; toma nota del enfoque informativo y la cobertura de candidaturas generadas por acciones afirmativas; determina si se emplean "estereotipos" relacionados con "grupos en situación de discriminación"; registra si hay vínculos de temas de interés público con actores políticos y si hay actos de violencia política contra candidatos.
A las variables ya existentes, hay que añadir ahora una nueva: los "mecanismos discursivos indirectos de descalificación de candidatos". La variable 14 "contabilizará el número de piezas de monitoreo en las que se identifique al menos una expresión de descalificación, menosprecio o cuestionamiento indirecto hacia una persona precandidata o candidata, mencionada por personas conductoras, locutoras, reporteras, analistas o cualquier voz en off". Se registrarán las expresiones de ironía o sarcasmo, la "minimización" (que reduce la experiencia, capacidad o logros de un candidato), la "infantilización" (que trata a los candidatos como inexpertos, ingenuos o incapaces), el "cuestionamiento implícito de legitimidad" (expresiones que sugieren que un candidato no merece o no está en condiciones de ocupar el cargo que disputa) y la "asociación negativa por identidad" ("expresiones que hacen referencia implícita a la pertenencia de la persona a un grupo -por género, origen étnico, edad, orientación sexual u otra característica-de manera que implique una limitación o descalificación sin enunciarlo explícitamente").
Sí, a esto estamos llegando. El INE quiere registrar y exhibir las expresiones de ironía, sarcasmo o minimización en los medios. Dicen que no tiene el propósito de censurar, pero entonces ¿para qué lo registra? ¿Para qué gasta millones y millones de pesos de los contribuyentes para saber si un conductor, entre miles, se refirió con sarcasmo a un candidato o si no expresó con corrección de género su preocupación, en palabras de Vicente Fox, de "los chiquillos y las chiquillas"?
El INE, con sus listas negras de periodistas que incurran en ironía o sarcasmo, y el gobierno, con sus lineamientos para los derechos de las audiencias, quieren llevarnos a ese mundo del Gran Hermano que describió George Orwell en su novela 1984. Buscan controlar el lenguaje porque no aceptan que alguien pueda pensar con independencia. Nos dicen que solo quieren registrar el lenguaje inadecuado, pero tarde o temprano castigarán el crimen de pensamiento.
Millonarios
En el gobierno de "primero los pobres" resulta que todos los funcionarios son millonarios y utilizan sus propios recursos para cubrir sus gastos. Resulta difícil creerles. Mara Lezama es solo el último ejemplo.