Ciudad de México.- Hay tres cosas que no se pueden ocultar: lo rico, lo enamorado y lo pendejo. Esta última característica se manifiesta pronto en quien la tiene. El maistro Torres, de felicísima memoria, contaba entre sus incontables categorías de pendejos a los esféricos: eran pendejos por el lado que los vieras. Igualmente clasificaba a los telescópicos: desde lejos se les veía lo pendejo. La pendejez no se quita jamás; se lleva hasta la tumba, y aun hasta la ultratumba: "Pendejo que al Cielo va, también lo joden allá". Este muchacho del Potrero les anunció a sus padres que ya se iba a casar. "¿Con quién?" -le preguntaron ellos azarados, pues no le conocían novia. "Con una señorita de la ciudá -respondió el mocetón-. Se llama Gladiola". "Pero, hijo -le hizo ver el genitor-. Estás muy joven para casarte. Tienes apenas 18 años". "Sí, 'apá -admitió el mancebo-. Pero ya me acosté con ella, y tengo que cumplirle". "¡Mano Poderosa! -profirió la madre, que conservaba las jaculatorias aprendidas de la suya-. ¿Cómo fuiste a hacer eso?". "No supe ni cómo -replicó el muchacho-. Mis amigos de allá me invitaron a ir a una casa que tenía en la entrada un foco rojo. Ahí había hombres y mujeres bebiendo, y parejas bailando. Una muchacha vino a nuestra mesa, y después de tomarse una copa con nosotros mis amigos le regalaron unos pesos. Ella me llevó a su cuarto y se desvistió. No me aguanté, y me acosté con ella. Ahora le tengo que cumplir". El padre suspiró aliviado. "Hijo mío -le dijo a su retoño-. Puedes ir a esa casa cuando se te antoje, y acostarte con la tal Gladiola cuantas veces quieras sin tener que casarte con ella. Eso sí: lleva algunos pesos para regalarle". En seguida el señor se volvió hacia su esposa: "Mujer: tu hijo es muy pendejo, pero al menos ya sabemos a qué atenernos con él". Yo creo saber a qué atenerme en el caso de Adán Augusto López. Hay quienes han visto en su defenestración una muestra de autonomía de la Presidenta Sheinbaum frente al poder no tan oculto de AMLO. Tendrán que perdonarme, pero mi lectura -así se dice ahora- es diferente. El hecho de que el lugar del destituido haya sido ocupado por su segundo de a bordo es evidencia de que la salida del hermano putativo de López Obrador fue hecha con autorización del cacique morenista, quien a pesar de su ceguera debe haber visto que la presencia del tal Augusto como coordinador de la bancada de Morena en el Senado era nociva para su maximato, por el enorme desprestigio del incómodo hermanito. Así, en vez de estar en una ergástula el probado delincuente sigue en su escaño senatorial sin que se le toque ni con el pétalo de una fiscalía. A la rampante corrupción que ha acompañado al régimen de la 4T sigue una impunidad también rampante. "No somos iguales", proclamaba el autócrata. En efecto: son peores. El cuento con el cual termina hoy esta columna tiene dos notas distintivas: es increíble y es muy rojo. Los amigos de la verdad y de la moralidad deben abstenerse de leerlo. Una serpiente boa afrontó dificultades económicas. El mono le sugirió que se dedicara a la prostitución. Le dijo: "Pero no se te ocurra tragarte a tus clientes, porque luego ya nadie te visitará". El primero que requirió los servicios de la boa fue un conejito blanco y gordezuelo. Empezaron las acciones. Por lo apetitoso del conejito la boa no se pudo contener y se lo tragó. En eso, sin embargo, recordó la advertencia del mico, y apresuradamente regurgitó al conejo. Salió este de las fauces de la boa todo mojado y con los pelos en desorden. "¡Uta! -exclamó sorprendido y asustado-. ¡Si así estuvo el sexo oral cómo irá a estar el otro!". FIN.

MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Relato muy triste es éste que mi abuelo don José María solía relatar.
Un cierto amigo suyo fue a comprarse unos zapatos. El empleado de la zapatería le preguntó de qué medida los usaba. Respondió:
-Del 8 y medio, como estos que traigo.
Una mirada a la estatura y robustez del cliente le bastó al experto vendedor para saber que esa no era la medida del hombre.
-Señor -le indicó-, creo que usted debe usar del 9, y quizás hasta del 9 y medio.
Le dijo el amigo de mi abuelo:
-Mira. En el trabajo, el jefe me trata como a un esclavo. Mi mujer es gruñona y desobligada. Tengo una hija que anda en malos pasos, y un hijo borracho y holgazán. El único placer que disfruto en la vida es llegar a mi casa y quitarme los zapatos. Ya sé que soy del 9, pero dámelos del 8 y medio.
No obstante lo pedestre de la historia, encuentro en ella una apretada síntesis de la tristeza que en el mundo existe. Insignes escritores se han ocupado de ella, y en sus escritos han puesto un tenue velo de melancolía. El relato de mi abuelo no es tan tenue, pero a mí me parece más triste que los de esos insignes escritores.
¡Hasta mañana!...

MANGANITAS
Por AFA.
". La 4T envía a Cuba miles de libros del Fondo de Cultura Económica.".
Oí cierto comentario
que a muchos disgustará:
"Los cubanos tienen ya,
por fin, papel sanitario".