“Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes”
Lucas 6:31

Todo país tiene el legítimo derecho de buscar y conseguir la satisfacción de sus propios intereses, pero no le es dable que, en el trayecto, pisotee la dignidad y el bienestar de los pueblos del mundo.
Los acontecimientos internacionales derivados principalmente del segundo mandato presidencial de Donald Trump, han puesto aún más al descubierto, sin ambages, la clase de gobierno que él dirige. Reitera que no tiene naciones amigas, sino sólo intereses.
Y en esa búsqueda de satisfacer sus deseos expansionistas —que para nada son novedad—, en el último año y a la vista de todo el mundo, ha prevalecido la prepotencia embustera y cínica de un auténtico dictador, habiendo turbado el ánimo, las economías y la confianza de sus más férreos aliados, principalmente europeos concentrados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Al interior de EE. UU., cada día crece más la inconformidad hacía su persona, no únicamente de la sociedad en general, sino también de políticos demócratas y republicanos.

Esa bestial cacería de inmigrantes y la represión a los propios norteamericanos; el asesinato de “narco” lancheros en el Caribe; el secuestro de Maduro y la deliberada pretensión de apropiarse del petróleo venezolano; la caprichosa guerra arancelaria; el sobajamiento a la persona e investidura de quienes representan naciones; el solapamiento del genocidio en Gaza; el atropellamiento a uno de sus aliados de la OTAN al querer adjudicarse Groenlandia a como dé lugar; el indulto al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión por infestar los USA de cocaína, en contraste con la persecución y captura de Nicolás Maduro, a quien se le señaló como líder del “Cartel de lo Soles”, que finalmente su existencia fue una mentira; entre muchísimas aberraciones más, es lo que claramente define al actual presidente norteamericano.

A lo anterior se le suma, por demás grave e inhumano, el criminal bloqueo al abasto de petróleo a Cuba, decretado por Trump a finales de enero del presente año, habiendo declarado «una “emergencia nacional” por lo que calificó de “amenaza inusual y extraordinaria” de Cuba por sus acciones hostiles, entre las que se incluyen, dijo, permitir que Rusia espíe a Estados Unidos desde su territorio y “acoger” a naciones hostiles, como Irán, y a grupos terroristas, como Hamás y Hizbulá. (Trump no aportó evidencias de ninguna de esas afirmaciones)» (The New York Times en español, 30 de enero de 2026, nota de Frances Robles).

Es así que Donald Trump inició su propio genocidio contra el pueblo cubano, ya que, al impedir el suministro total o habitual de petróleo a la isla, prácticamente ha paralizado su vida cotidiana. Ya fue anunciado el faltante de combustible para la aviación civil, lo que afectará al turismo, pero sobre todo, al abasto de un sinfín de artículos de primera necesidad. Igualmente, tal carencia ha derivado en apagones, así como en perjuicios a hospitales, escuelas y transporte público que, de no cesar dicho bloqueo, podría verse comprometida la salud y la vida de los cubanos, sin exagerar.

¿Hasta dónde querrá llevar Trump al gobierno y al pueblo del mencionado país caribeño? ¿Podrá someter a una nación que ha dado supremas muestras de dignidad, valentía y superación, ante el sexagenario e inhumano hostigamiento del gobierno estadounidense?

Cabe destacar, que el 29 de octubre de 2025, fue la trigésima tercera ocasión en que la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) pide el fin del embargo estadounidense impuesto desde 1962 a Cuba. Entre otros posicionamientos, la representación del citado país antillano expresó: su preocupación por disposiciones reglamentarias, como la promulgada por Estados Unidos el 12 de marzo de 1996, conocida como “Ley Helms-Burton”, “cuyos efectos extraterritoriales afectan a la soberanía de otros Estados, a los intereses legítimos de entidades o personas bajo su jurisdicción y a la libertad de comercio y navegación (https://news.un.org/es/story/2025/10/1540649).

El rechazo al bloqueo se aprobó por la mayoría de los estados participantes, votando a favor 165 de ellos, 7 en contra (Argentina, Estados Unidos, Hungría, Israel, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania) y 12 abstenciones (Albania, Bosnia y Herzegovina, Costa Rica, Chequia, Ecuador, Estonia, Letonia, Lituania, Marruecos, Moldavia, Rumanía y Polonia).

El insistente y abrumador repudio internacional al embargo estadounidense a Cuba desde hace más de sesenta años, evidencia la sinrazón del mismo, independientemente de si es cierto o no que existe una dictadura violadora de los derechos humanos en la isla caribeña. Ir en contra de esa conciencia y condena mundial, no tiene otro significado más que el de acompañar la perversión de un mandatario, no únicamente hacia un gobierno, sino a hacia un pueblo en su totalidad. Un pueblo que pretendiendo salir de una ancestral expoliación, paradójicamente se ha enfrentado a inacabables agravios por haber buscado su identidad y destino propios.

Indudablemente, en la sociedad norteamericana hay nobleza, pero su gobierno no es el que, cuya imagen, se nos quiere imponer con los filmes hollywoodenses. No son precisamente los gobiernos etiquetados y demonizados como dictatoriales, los que andan por el mundo causando guerras y genocidios, empobreciendo naciones, imponiendo regímenes y enajenando mentes.

Entonces, considerando que la vileza precitada va más allá de perjudicar únicamente a los dirigentes de un país: ¿solidaridad o desprecio hacia el pueblo cubano? ¿fraternidad como la que están demostrando distintos gobiernos y sociedades del mundo, entre ellos y ellas los de nuestra patria?