El 2026 llegó con un golpe en seco: el mundo habló de geopolítica como si fuera partido de fútbol. México quedó ante las grandes potencias con el vértigo de quien escucha el trueno sin ver el rayo. Cuando Venezuela se sacudió, medio continente corrió a opinar, diagnosticar, a repartir culpas, incluso hasta a vender certezas.
En paralelo, aquí, en lo local, ya se asoman nombres para la gubernatura y alcaldías del 2027 como si el calendario electoral fuera un “spoiler” constante. Todo se vuelve especulación; la conversación pública parece una licuadora que mezcla ingredientes como el miedo, la esperanza, el coraje; así es como nace el monstruo de todos los días: la desinformación. Durante los primeros días del año las redes sociales se llenaron de opinólogos: unos con trayectoria; otros con una selfie seria y una frase tajante con la audacia de “explicarte” el mundo en 15 segundos.
El problema no es la opinión con base en la experiencia, el problema es opinar sin conocimiento y compartir sin freno. Eso, además de ingenuo, puede ser violento: invalida, confunde y empuja a la gente a pelear por ideas que ni siquiera se han comprobado.
De acuerdo con lo dicho por Wardle & Derakhshan en 2017 el “desorden informativo” se explica fácil: existe la información falsa que se comparte por error, la que se fabrica para manipular y en la que usa datos reales para dañar. La intención cambia, pero el golpe social genera lo mismo: desconfianza, enciende sospechas, descompone la conversación; cuando sucede de esta manera, el poder gana: porque el ciudadano cansado baja la guardia, se rinde o se radicaliza.
Las plataformas nos sirven un menú donde ciertos temas se vuelven inevitables. Eso tiene nombre: “agenda”. No solo te dicen de qué hablar; te empujan a hablar de eso ya, con ese tono, con ese marco. En otras palabras: el tema te elige a ti antes de que tú lo elijas; cuando eso pasa, la opinión deja de ser pensamiento y se vuelve reflejo los hechos en Caracas. Venezuela nos dieron ejemplo de ello.
Aquí entra lo más delicado: la soberbia informativa. Creer que “con ver dos videos” ya entendiste un conflicto histórico, que tu intuición vale más que el contexto de quien lo ha estudiado o lo ha vivido o que el volumen de tu voz sustituye la evidencia. Esa postura no solo confunde y aplasta, porque coloca al “opinador veloz” por encima de los dolores reales de otros, y encima del trabajo paciente de quienes sí documentan.
Te propongo seguir estos sencillos pasos: si el post te acelera el corazón, no lo compartas, eso es un anzuelo.
Lo viejo resucita para manipular. Lo anónimo existe para escapar. Si una nota no trae cuándo pasó y dónde pasó, no es noticia: es una carnada y si trae fecha pero el material (video, foto, audio) circula recortado, sospecha doble: el recorte es la tijera favorita del engaño. Una mentira bien editada puede parecer “prueba”; una verdad completa casi siempre se ve menos espectacular.
En temas delicados (Venezuela, México, potencias), una sola voz nunca basta. La agenda pública tiende a empujar un tema y un encuadre a la vez; por eso comparar resulta vital: lo que vemos primero suele definir lo que creemos después
La foto es el disfraz favorito de la mentira: no necesita explicar, solo necesita impactar. Muchas imágenes “del momento” son de otro país, de otro año o de otro conflicto. Una foto real puede contar una historia falsa si la usan fuera de contexto.
Hay una idea importante que conviene decir en voz alta: compartir desinformación también es un acto político. Aunque no votes, con tu click promueves. En un país como México —donde la polarización se usa como herramienta y la geopolítica se vende como espectáculo— la verificación no es un lujo intelectual: es defensa civil.
México no necesita más gritos. Necesita ciudadanía con higiene informativa, menos compartir por impulso; más leer con intención. Una regla final, sobria, casi doméstica: si una publicación te exige prisa, te está usando.
Hoy, antes de repostear, haz tres cosas: respira, busca la fuente, compara. Si no puedes, no pases la cadena: córtala. Ahí empieza la soberanía más urgente: la de tu mente.
Referencias (APA 7)
Wardle, C., & Derakhshan, H. (2017). Information disorder: Toward an interdisciplinary framework for research and policy making. Council of Europe.
Opinión
Martes 06 Ene 2026, 06:30
En la red no todo es verdad
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Karla Cháirez Arce