Aquellos tiempos en que Chihuahua llegó a destacar a nivel nacional como una ciudad limpia y con una buena calidad de vida en general, tal parece que han quedado en el olvido ante tanto descuido y maltrato inmerecido.

En colaboraciones anteriores, se han señalado deficiencias y omisiones en lo que hace a banquetas obstruidas por vehículos en cajones de estacionamiento para comercios, despachos de profesionistas, etc., así como por árboles y otro tipo de obstáculos que impiden el desplazamiento seguro de los peatones, máxime si son personas con alguna discapacidad o bebes en sus carriolas.

También se ha mencionado lo relativo a un sinfín de semáforos que un día fallan y al otro también. El caos que provocan los choferes del servicio público de transporte y de traslado de personal de las maquiladoras, quienes se apoderan de las vialidades a su antojo, incluso con estrategias de bloqueo momentáneo de la circulación vehicular en determinadas vialidades (hasta de la avenida Cantera, al ir bajando del puente de la avenida Río de Janeiro), para que sus compañeros puedan salir o incorporarse a otras arterias sin obstáculo alguno.

Igualmente, se ha expuesto el descuido exagerado del pavimento en prácticamente toda la mancha urbana, sin importar que sean vías principales o secundarias. Por inercia, ya se procura esquivar los acostumbrados “Alfonsos” (baches poncha llantas) y, cuando no es posible, a cargar con las consecuencias del desperfecto resultante. Pero en esta temporada de lluvias, indudablemente se acrecentará tal situación desfavorable.

De lo anterior, se tenía la esperanza de que con la opinión de un simple mortal —como el que esto escribe—, hubiera alguna reacción favorable de los gobiernos estatal y municipal en lo que a cada uno atañe, ante todo considerando que ya estamos a poco tiempo del inicio del proceso electoral y, como es costumbre, es la época en la que toda autoridad “se pone las pilas” para quedar bien ante el electorado. Pero lo único que hubo, fueron algunas notas periodísticas que daban cuenta de diversas calles parchadas, continuando la ciudad en idéntica condición hasta la fecha.

No obstante, lo apuntado es sólo una parte de las múltiples deficiencias observadas en la capital chihuahuense, habiendo además, entre otras: parques deforestados e invadidos de mala hierba y basura, con juegos infantiles y aparatos para hacer ejercicios descompuestos; falta de señalización en las vialidades; colonias carentes de vigilancia policiaca y de un eficiente alumbrado público; cámaras de vigilancia supuestamente por toda la ciudad, cuyo costo no se justifica ante la falta de resultados en cuanto a la inhibición y disminución de delitos se refiere.

En contraste con lo citado en el párrafo que antecede, existen sectores “fifís” en los que hasta se exageran tales servicios: como los arbotantes colocados a cortísima distancia uno del otro, que hasta parece de día; rondines permanentes de patrullas de la policía municipal a toda hora; parques, jardines y camellones impecables y con mantenimiento periódico; vialidades con menos descuido en lo que hace a la señalización y líneas divisorias de los carriles; suficientes cámaras de vigilancia para cubrir casi todo espacio público; etc.

Entonces, cuando se nos presumen encuestas o premiaciones en las que el municipio o el Estado destacan en funciones relacionadas con lo anteriormente expresado, o simplemente se nos señala que todo marcha óptimamente, más que convencernos de eso, lo que resulta es una verdadera burla para la sociedad, la que en el día a día mide de manera tangible desempeños gubernamentales. A las y a los chihuahuenses no se les puede engañar tan fácil y tan burdamente.

En lugar de andar visitando otros municipios “encampañadamente”, y para el bien de quienes habitamos esta todavía hermosa ciudad de Chihuahua, mejor sería que el alcalde Marco Bonilla se dedique a concluir su encargo lo más decorosamente posible, pues ni los resultados electorales ni las encuestas recientes le dan para siquiera suspirar con que ocupará la silla principal de Palacio de Gobierno. Lo más recomendable será, dejar su administración con cuentas ordenadas y transparentes, evitando así conflictos futuros que, como ya lo hemos visto ejemplificado en múltiples personas, a la postre verdaderamente pueden causar serios problemas que involucran hasta a la familia.

Inequívocamente, queda la esperanza de que 2027 será un parteaguas para el Estado de Chihuahua y para sus 67 municipios, con el arribo de otras personas, propuestas y mentalidades, en beneficio de toda la sociedad.