Apreciables lectores: antes de que se nos acabe de perder la memoria histórica de nuestra Patria y Matria, de Latinoamérica y del resto del Globo Terráqueo, es menester retrotraer ciertos hechos sucedidos en América latina y el Caribe; precisamente, en momentos en que la geopolítica impuesta por el actual presidente de los E U, Donald Trump, se declara y convierte en los hechos, en: BURDA Y PREPOTENTEMENTE INJERENSISTA.
Como tal política intervencionista del capitalismo-imperialista-neofascista, surge desde los inicios del S. XIX hasta lo que va del S. XXI, abriremos el libro de la historia, en las páginas correspondientes al capítulo titulado: BOLIVIA DESPUÉS DEL CHE.
“Cuatro factores decisivos que se han venido estimando como condicionantes del NEOFASCISMO DEPENDIENTE se dan en BOLIVIA con caridad: el desafío continental que significó la Revolución Cubana, extremada en este caso por la presencia concreta de ERNESTO CHÉ GUEVARA —entendido como figura trascendental de la izquierda— en la campaña de Ñancahuazu (cerrada trágica y provisionalmente en octubre de 1967), situación que inquietó al máximo de los sectores reaccionarios bolivianos: la experiencia de la clase obrera, en especial la concentrada en la COB (Central Obrera Boliviana) que, luego de los gobiernos populistas-democráticos de Paz Estensoro y de Siles Suazo, llegó a alcanzar una profunda radicalización política puesta a prueba en la masacre de ‘la noche de San Juan’ (1966); en tercer término, la inmensa movilización popular masiva, que se verificó en el llamado ‘soviet’ de la PAZ (1971) durante el gobierno del general Torres. Y, por último, la presencia sistemática de la CIA, a través de su hombre clave, el coronel Edward Fox.
Nada tiene de extraño, entonces, que la respuesta sucesiva de los generales Barrientos (1964), Ovando (1969) y Banzer (1971) se haya dado de manera directamente proporcional en sus componentes autoritarios cada vez más globalizados. Al grado de ir cerrando este circuito represivo, no sólo con la entrega prácticamente incondicional a las directivas de las MULTINACIONALES y/o TRANSNACIONALES, sino también con la injerencia de EXPERTOS venidos de la zona de Panamá y el SEGUIDISMO político respecto de los representantes mayores del NEOFASCISMO LATINOAMERICANO, ya sea mediante los perfeccionados nexos con Garraztazu Medici y Geisel del Brasil, Pinochet de Chile o Videla de la Argentina.
Proceso que —sobre todo en lo que va de 1971, con la caída de Torres, a 1976, con los viajes del general Hugo Banzer Suarez a Buenos Aires— va alcanzando un grado de coherencia tal y como jamás se había dado en la política del SUBCONTINENTE. Tanto es así que, en varios niveles, se tiene el convencimiento de asistir a un plan que (si bien no había sido diagramado de manera previa) poco a poco se va convirtiendo en una suerte de SANTA ALIANZA NEOFASCISTA DE AMÉRICA LATINA o de los países caracterizados por los USA como BANANA REPUBLICS.
En particular, si se analizan, por lo menos, los niveles no tanto en los tratados de complementación económica […] sino de acuerdo a las contradicciones hegemónicas de Chile, Argentina o Brasil respecto del país BOLIVIA que siempre ha sido considerado por los geopolíticos militares ‘la Polonia latinoamericana’, como en lo específicamente militar y represivo policial.
Pero, sobre todo, las coincidencias en el terreno policial: oficiales que se desplazan de la Paz a Buenos Aires, a Santiago de Chile o a Río de Janeiro y Montevideo. ‘Verdugos viajeros’, reconocidos por sus propias víctimas en esas capitales. El intercambio de listas de estudiantes, de origen boliviano, que cursan sus estudios en La Plata o en la Universidad de Concepción en el sur de Chile; obreros de la minería boliviana, de Siglo XX o Catavi, que se reúnen con trabajadores afines en Lota o El Teniente (a quienes se les acusa no ya sólo de marxistas revolucionarios, sino de TRAFICANTES DE DROGAS).
Negocio, el de las drogas —que es público y notorio— es monopolio del general Banzer y de su camarilla de coroneles. Y cuyo circuito de comercialización en América Latina dibuja otro de los rasgos inéditos del parentesco entre los neofascismos dependientes. Y cuyo ‘camino real’ pasa por la Paz, Santiago de Chile, y, muy especialmente, por círculos castrenses de Buenos Aires, Montevideo —en la zona áulica de Pocitos— y Río de Janeiro.
Y lo correlativo: las delaciones, torturas, desapariciones, persecuciones que culminan en asesinatos proyectados en el Palacio Quemado de la Paz, Bolivia, pero que se llevan a cabo a orillas de Río de la Plata (el periodista Orellana Paz, desfigurado y tirado desde un avión) o en la playa de Copacabana (los cuerpos de Helena Oraya, Justo Chulpe y Miguel Mercado Juárez, dinamitados y señalados con carteles amenazantes).
Actividad que se especializa, de manera particular, con los descendientes ideológicos del comandante Ernesto CHÉ Guevara: Inti y Chato Peredo y los otros combatientes.
Incluso, los últimos de ellos, en Montevideo y hasta en Sao Paulo; como si fueran marcando con su itinerario de rescate la sólida alianza que, en el nivel del aparato represivo ha alcanzado el neofascismo dependiente de Latinoamérica. Que, de manera complementaria, ha encontrado el aplauso de los miembros del ESTABLISHMENT a través de los grandes diarios. EL MERCURIO: ‘Expulsados los últimos guevaristas de Chile’; LA PRENSA DE Buenos Aires: ‘Deben ser considerados como delincuentes comunes los excómplices de Guevara’. EL DIA de Montevideo: ‘A esos elementos disolventes no se les puede conceder el derecho de asilo’. O GLOBO: ‘Son marginales descalificados moralmente y no exiliados políticos’.
Esa fue y sigue siendo la realidad en no pocos Estados-Nación de Latinoamérica y del Caribe, en donde resulta humillante e indignante el contraste abismal entre un 5% de privilegiados con enormes riquezas y un 95% de trabajadores urbanos y rurales que no acaban de librarse de la pobreza en todas sus manifestaciones.
Geografía policial, dictatorial, donde los militares cumplen el rol de torturadores bajo la sofisticación de los INSTRUCTORS; y los ‘diarios serios’, para no ser menos, cubren con alegre ferocidad su función de delatores y aplaudidores”.

(David Viñas, “Qué es el FASCISMO en Latinoamérica”, Editorial La Gaya Ciencia, Barcelona, 1977).