Ciudad de México.- "Te casarás con un hombre guapo, rico e inteligente". Eso le auguró la gitana a una mujer joven. Preguntó ella: "¿Y qué haré con el hombre feúcho, pobretón y pendejo con el que ya estoy casada?". La fortuna que guía a los viajeros me llevó en cierta ocasión a Santander, en España. Lo primero que hice ahí fue visitar la estatua de don José María de Pereda, escritor a quien debía muchas horas de lectura deleitosa. Adolescente yo, encontré en la biblioteca de mi padre la novela "Peñas arriba", del gran costumbrista montañés, una de las pocas obras de ficción que los ceñudos padres ignacianos permitían leer a sus alumnos del Colegio de San Juan Nepomuceno. Leí después otra novela de Pereda, en la cual se apartó de sus bucólicos relatos para tratar de política, de la engañosa vida en la corte madrileña, de matrimonios contraídos por interés y desbaratados por el adulterio o la indiferencia. ¿Cómo se llama esa novela, que de seguro nadie lee ya? Se llama "Pedro Sánchez", el mismo nombre del actual presidente del Gobierno español. Sin conocer a ese caballero le envío desde México un aplauso tributado con ambas manos para que cruce el mar y llegue hasta Madrid. Con admirable sentido ético, y además con entereza y dignidad, don Pedro se ha negado a apoyar la guerra de Trump en Irán, y lo ha hecho pese a las presiones internas y externas de quienes ponen los intereses económicos por encima de los valores que deben normar el trato entre naciones. Antes se usaba en Durango (el Durango mexicano, porque también hay un Durango español) una expresión que servía para animar a quien entraba en conflicto con alguien. La tal expresión era: "¡No te dejes, Enriqueta!". Sucedió que una maestra de ese nombre le pidió a uno de sus alumnos que dijera cómo se llamaba la isla del Océano Índico que ella le señaló en el mapa. Respondió con acierto el estudiante: "Sumatra". Desde el fondo del aula otro le gritó a la profesora: "¡No te dejes, Enriqueta!". Lo mismo le digo yo al presidente de España: "No se deje, don Pedro. Resista las críticas y embates de quienes se oponen a la postura, razonable y justa, que ha asumido usted frente al prepotente intervencionismo de Trump". Esa respetuosa exhortación la acompaño con otra frase de uso más común: "Hoy por ti, mañana por mí". Don Chinguetas y su esposa fueron a una agencia de viajes. Les dijo el encargado: "Puedo sugerirles varios destinos para sus vacaciones". Se apresuró a pedir el incivil marido: "Continentes separados, por favor". Pepito le preguntó al padre Arsilio: "Señor cura: cuando un cura cura a un cura que necesita cura, el cura a quien el cura cura ¿se cura de que el cura que lo cura sea un buen cura?". El sacerdote se rascó la cabeza. "Caramba, hijo -respondió turbado-. Creo que esa pregunta se la debes hacer más bien al señor obispo". El gran escultor aguascalentense Jesús Contreras perdió el brazo derecho. Así amputado, dice la tradición, labró en mármol, con la mano izquierda, la estatua "Malgré tout", "A pesar de todo", que representa a una mujer desnuda, yacente, en el trance de romper las cadenas que la atan. Manuel M. Ponce, insigne compositor zacatecano, escribió un bello estudio para piano y le dio el mismo nombre de la estatua de Contreras, pues se toca sólo con la mano izquierda. Es una pena que ese interesante relato cultural sirva de exordio a una picardía como la que sigue. La orgullosa mamá de la muchacha comentó: "Mi hija toca muy bien el estudio 'Malgré tout' para la mano izquierda". "¡Uh! -acotó el novio de la chica-. ¡Y no se imagina usted lo que toca con la derecha!". FIN.
MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Esta película se llama "Purgatorio". Creo que es el más original de los westerns. En él aparecen vaqueros, claro, "surly spitoon-fillers", rudos llenadores de escupideras, pero deambulan por un pueblo espectral, fantasmagórico, cuyo ambiente no se explican quienes por primera vez el film. Y es que dicho pueblo es en verdad el purgatorio. Sus habitantes, muertos todo ya, expían ahí en diversos modos los pecados que cometieron durante su existencia terrenal.
La película es de 1999, con actuación de Sam Shepard y Randy Quaid. También aparece fugazmente en ella un extraordinario actor de cine, televisión y teatro, R. G. Armstrong, quien hace el papel del cochero que lleva a las almas al cielo, al purgatorio o al infierno. Fue él quien pronunció una frase que se ha vuelto icónica tanto en los estudios de Holywood como en los teatros de Broadway: "El trabajo del actor no consiste en actuar. Consiste en ser".
En mi primera juventud fui actor. Luego descendí a otros oficios. En todos he procurado aplicar esa frase.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS
Por AFA.
". El intervencionismo de Trump.".
Venezuela. Ahora Irán.
Las embestidas se juntan.
Muchos ahora preguntan:
¿qué países seguirán?