Al final de la primera parte, asentamos que los libros de texto gratuitos tuvieron como base fundamental la fracción séptima del Artículo Tercero de la CPEUM, que establece: TODA EDUCACIÓN QUE IMPARTA EL ESTADO SERÁ GRATUITA.

En tal sentido, en su primer informe de gobierno, el presidente Adolfo López Mateos, afirmó: “En un país de tantos desheredados, la gratuidad de la educación primaria y secundaria supone el otorgamiento de libros de texto…”

Continuando con el hoy por hoy, latente y controvertido tema sobre los Libros de Texto Gratuitos (LTG) y la NEM, es menester recordar que antes de la creación de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos, era necesario que los propios padres de los alumnos comprasen sus libros de texto y demás recursos didácticos.

Lo que representaba un gasto que excedía los ingresos financieros de miles de familias mexicanas, agravándose la situación para los habitantes del medio rural. Por lo que, los niños se veían obligados: o bien, a no asistir a la escuela, o bien a hacerlo sin las ventajas de tener sus propios libros de texto y demás materiales escolares.

Siendo sensibles al histórico rezago de la educación del pueblo, el presidente Adolfo López Mateos, como el titular de la SEP, obtuvieron óptimos resultados del profesional trabajo del Consejo Nacional Técnico de la Educación y de la Comisión Nacional de los LTG; logrando que, a inicios de 1960, se distribuyeran 17 millones de ejemplares, y para marzo de 1963 la cifra total ascendió a 73 millones de LTG.

Los libros de texto fueron distribuidos tanto en las escuelas públicas como en las privadas, y su uso se consideró como parte obligatoria del programa de estudios supervisado por las autoridades federales.

Cabe destacar, que los primeros ejemplares de los libros fueron repartidos en los centros rurales, donde fueron bien recibidos, o fueron recibidos sin incidente alguno.

No obstante, a medida que el programa avanzó, en algunas zonas conservadoras, reaccionarias y/o de derecha surgieron grupos opositores con airadas protestas contra los LTG. Y en algunas poblaciones, se quemaron miles de tan necesarios recursos pedagógico-didácticos.

Desde inicios de su distribución, entre detractores y aun violentos opositores se ubicaron a comerciantes del libro y a personajes y grupos de la derecha y clericales. Precisamente durante los primeros meses la hostilidad fue manifiesta por parte de algunas empresas editoriales y autores profesionales de libros de texto, lo que originó que en agosto de 1960 un grupo de profesores, sin duda alentados por ellos, publicaron en los diarios de la ciudad de México, a plana completa, una crítica desacertada e injusta.

No tardaron en dar respuesta puntual a esos “profesores”, escritores como: René Capistran Garza, Alí Chumacero, Luis Garrido, Andrés Henestrosa, Francisco Monterde, Rubén Salazar Mallén, Jesús Silva Herzog, Alfonso Teja Zabre, Julio Torri, Artemio del Valle Arizpe… quienes manifestaron públicamente su adhesión a esta patriótica obra del gobierno de la República.

Empero, los grupos reaccionarios, opositores sistemáticos al gobierno, continuaron con una ofensiva más persistente que la de los autores y libreros, ya que como lo aseguró Jaime Torres Bodet en sus memorias “fieles a preceptos no confesados (aunque emanaban, en ocasiones, de cautelosos confesionarios), las escuelas particulares declararon un clandestino boicot contra los libros de la SEP”.

Es imperativo retrotraer que el grupo más exaltado y desorientado se hallaba en la ciudad de Monterrey, donde se habían registrado hechos bochornosos y denigrantes que se suponía alentaba una organización denominada “Unión Nacional de Padres de Familia”, grupo evidentemente minoritario que en forma alguna representaba a los padres de familia del país. Así las cosas, a petición del gobernador del Estado, se trasladó a Monterrey un grupo de maestros de la ciudad de México, quienes en varios actos públicos refutaron todas las acusaciones dirigidas contra los textos. Debates que demostraron que las diatribas procedían de personas que ni siquiera habían leído los textos que censuraban.

En ese estar contra los LTG, en enero de 1963, cuando el presidente López Mateos inauguraba la Ciudad Deportiva de León, Guanajuato, un grupo de niños, que sin duda obedecían a consignas de conservadores y críticos ocultos, exhibió un cartel que contenía la siguiente frase denigrante: “El texto único es una vergüenza para México.” El presidente contestó de inmediato:

“Lo que es una vergüenza para México es que las fuerzas obscuras que no dan la cara se VALGAN DE LOS NIÑOS para decir un pensamiento que no tienen el valor de expresar. Y esas mismas gentes irresponsables quieren, además, engañar al pueblo. Hablan de un texto único, como si ese texto PRETENDIERA DEFORMAR LA CONCIENCIA NACIONAL. Pero ocultan que es un texto gratuito, para que llegue a los hijos de todos los mexicanos, y QUE ES EL ÚNICO TEXTO GRATUITO.”

Uno de los líderes del sector en contra de los LTG, Adolfo Christlieb Ibarrola, en tres conferencias que dictó en 1962, en Monterrey, Saltillo y Guadalajara, hablaba de los “derechos de los padres” y el “desarrollo espiritual de la niñez”; sosteniendo, que en el proceso educativo se configura un “tipo humano”, que a su vez resulta el basamento para la formación del alma, que constituye la esencia del hombre.

Durante esa etapa (AYER) la Unión Nacional Sinarquista (cuyo ideólogo y fundador fue el alemán hitleriano: Hellmuth Oskar Schreirter), y el PAN (que remplazó a esa UNS) fueron irreconciliables opositores a los LTG.

Mientras que el PRI —fiel al Partido oficial—, era el “defensor a muerte” de los citados libros gratuitos y demás política educativa del Estado mexicano.

HOY, el PRIANMC es un triunvirato “político” en férrea alianza para combatir los LTG y todo lo que signifique la Nueva Escuela Mexicana, formulada e impulsada por MORENA 4T/2P.