Cuando diariamente transito en vehículo por distintos puntos de la ciudad, además de identificar los consabidos altos, semáforos y topes, también he aprendido a esquivar los ya habituales hoyos que se encuentran en el pavimento, salvo cuando son recientes. Ya forman parte de la cotidianidad.
En el trayecto, uno se va familiarizando con tales baches que hasta se les ha bautizado con diferentes nombres: Alfonso “Poncho” I, Poncho II, Poncho III… Innegablemente, han servido para poner más atención al conducir, pues cualquier descuido puede hacer patente el apelativo de cada uno de ellos, honrándolo con una “ponchadura” o daño en el rin o suspensión del automotor (y hasta del conductor).
Frecuentemente se esconden detrás de algún tope, lo que provoca un abrupto descenso del vehículo y consecuentemente de sus pasajeros, propinándoles una intempestiva y terapéutica zarandeada acomoda huesos, si bien nos va.
Los hemos conocido desde su nacimiento y los hemos acompañado en su crecimiento, que ya sentimos que nos pertenecen o que somos amigos —¿o enemigos?—. No sabemos qué ocurrirá el día que se hayan ido (si es que se van), pues probablemente trataremos de seguir esquivándolos instintivamente. Se les extrañará.
Por lo pronto, si no es que ya cuentan con ella, bueno sería tramitarles su respectiva licencia de uso de suelo, toda vez que, seguramente, ya han de formar parte del Plan de Desarrollo Urbano. No vaya a ser que sin previo aviso sean clausurados con asfalto de no muy buena calidad, lo que por cierto les permitiría resucitar a la primera llovizna que se presente.
Con la narrativa anterior, seguramente muchos de quienes habitan la capital chihuahuense coincidirán, al igual que con las reiteradas reparaciones que conllevan el abrir zanjas en múltiples calles y zonas, o el lidiar con la falta de semáforos funcionando o, simplemente, retirados de determinadas intersecciones viales.
Se habla de similares deficiencias en ciudad Juárez, lo que no pudiera extrañar, ya que algo que por décadas ha caracterizado —o caracterizó— a la población fronteriza, es precisamente la presencia de verdaderos cráteres en sus calles y hasta de socavones que literalmente se tragan a personas y vehículos. No obstante, por ser vecino de toda la vida en la ciudad de Chihuahua, de lo que ocurre en esta urbe es de lo que puedo referirme con sustento.
Conste que no se trata de golpetear o de favorecer a un gobierno emanado de tal o cual partido político, sino de una legitima exposición y reclamo ciudadano, en relación con el buen desempeño que está obligada a tener toda autoridad emanada de las elecciones populares. Es decir, no es cuestión de ser aplaudidores o detractores sinrazón de determinadas corrientes políticas a causa de filias y fobias, sino de exigir, con base en una necesaria justipreciación del voto y de la obligada aportación a la hacienda pública, lo que cada representante popular y demás funcionarios públicos están obligados a cumplir cabalmente de conformidad con el marco jurídico atinente y con el interés colectivo.
Así como he señalado deficiencias en temas como los que anteceden (semáforos retirados o sin funcionar; transporte de personal de maquiladoras que se apodera de las calles; obstáculos permanentes que obstruyen la circulación de los peatones por las aceras —inclusive de personas con discapacidad—, entre otros), de la misma forma he expuesto las deficiencias en materia de salud y de seguridad pública que involucran a todos los niveles de gobierno.
Entonces, en problemáticas que atañen a la ciudad de Chihuahua y que están a la vista de todos, y que como nunca han sido persistentes y no formaban parte de lo que ha caracterizado a la capital estatal, pues obliga a no acostumbrarnos a ellas y a exigir, que fuera de toda politiquería, de manera inmediata sean resueltas, pues es esa la obligación de quienes están percibiendo un sueldo en sus cargos públicos.
Más allá de fotos tomadas en inauguraciones o entregas de contados bienes o servicios otorgados con recursos del erario (no personales), que no convencen al contrastarles con las carencias en la infraestructura urbana en comento, de las cuales diariamente nos enteramos y padecemos los chihuahuenses, pues a remangarse camisetas y a cumplir con sus responsabilidades, que para eso se les eligió —y/o designó– y para eso se les paga, no para otra cosa.
Las denuncias formuladas en otras ocasiones por este modesto opinador, generalmente no han tenido eco en las acciones de quienes debieran atenderlas; sin embargo, al estar en puerta el inicio del proceso electoral 2026-2027, como suele ocurrir en esas ocasiones, seguramente aflorará el presupuesto de donde sea para hacer lucir el trabajo de las distintas administraciones públicas, sean del nivel o corriente política que sea. No hay que perder las esperanzas.
Ojalá y no sigamos festejándole a los “ponchos” más meses cumplidos y, en todo caso, si bien nos va, verlos resucitar cuando lleguen los primeros chipichipis de la próxima temporada de lluvias.