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La fría mañana del sábado 17 octubre quedará grabada en el muy fresco otoño que se avecina en Chihuahua.

La detención del exfiscal del estado, César Gustavo Jáuregui Moreno, aspirante a la candidatura del PAN para la alcaldía de Chihuahua capital se sintió como un cataclismo de proporciones bíblicas.

Con mucha rapidez corrió la noticia de que CJ había sido detenido en el puente de La Cantera, a la altura de la Washington, por varios elementos de la propia fiscalía que hasta unos meses encabezó.

Sonaba increíble para el común de los ciudadanos que están mejor ocupados en sus cosas que de la grilla que sale de las cloacas de las “instituciones partidistas”.

Para el mentado círculo rojo, es decir, para la plana mayor de los grillos se trata de un asunto extremadamente explosivo dada la alta tensión que se vive en el ambiente político por las denominaciones a la coordinación municipal del PAN para él o la candidata a relevar a Marco Bonilla en la presidencia municipal.

Durante meses la gobernadora y el exfiscal hicieron públicos sus diferendos por los acontecimientos de abril pasado en el poblado del Pinal, municipio de Morelos, donde agentes estatales de la FGE, acompañados de efectivos del Ejército mexicano y 4 presuntos agentes extranjeros (CIA) desmantelaron un narcolaboratorio para fabricación de fentanilo.

Desde que estalló el escándalo las inconsistencias de lo sucedido rodearon al entonces fiscal César Jáuregui, el que en un principio negó la participación de los agentes extranjeros, de los cuales dos habrían fallecido junto a dos agentes estatales al volcarse e incendiarse la unidad oficial en la que viajaban. “Iban de rait”, dijo en su momento CJ.

El tema cobró relevancia binacional porque la presidencia de México -convenientemente- destacó la injerencia extranjera en territorio nacional, lo cual conlleva al grave delito de traición a la patria.

En segundo plano quedó el aseguramiento del predio y el respectivo desmantelamiento del narcolaboratorio del que, por cierto, nadie había visto pese a que operaba a simple vista, muy cerca de la alcaldía de Morelos.

La embajada norteamericana lamentó el fallecimiento de sus dos agentes, pero también la falta de determinación del gobierno de México para atacar al crimen organizado.

La Presidencia de la República desestimó los reclamos y minimizó el aseguramiento y desmantelamiento del narcolaboratorio, pero ejerció presión en contra de la gobernadora de Chihuahua para que explicara la injerencia de los agentes de la CIA, y la posible comisión del delito de traición a la patria.

Pronto entró en escena el sistema nacional del PAN para arropar a la gobernadora. La controversia escaló y llevó a Maru Campos a manifestarse en todos los medios masivos de comunicación a favor del aseguramiento y desmantelamiento, de combatir al crimen organizado por el bien de las familias de Chihuahua.

Los hechos y la cobertura nacional otorgaron una fuerte presencia mediática sin precedentes a la gobernadora. Para respaldar a Maru Campos, más de 12 mil personas se dieron cita en el Centro de Convenciones de Chihuahua, entre ellos los expresidentes Fox y Calderón, legisladores federales y locales, y la cúpula del PAN que vitorearon el arrojo de la mandataria. “Yo con Maru”, gritaron a los cuatro vientos.

El contexto de los acontecimientos se da entre la ríspida relación del Estado y la federación, y la nominación de quienes serán las y los contendientes de la gubernatura y alcaldías de Juárez y Chihuahua el próximo año.

Tras la renuncia de Jáuregui Moreno a la FGE, aceptando con entereza la responsabilidad del operativo, hubo un vacío grande de apariciones públicas que daba a entender que su aspiración por la candidatura del PAN también quedaba en el pasado.

Semanas después de permanecer fuera del escrutinio público CJ regresó al escenario político y cantó el tiro de que iba por la candidatura.

Prudente o imprudentemente desde Palacio le hicieron llegar la advertencia de que el asunto de la injerencia de la CIA no había terminado con su comparecencia en calidad de testigo en las oficinas del FGR en Ciudad Juárez, ya que existían carpetas de investigación abiertas por la FGR y por la misma FGE.

Considerando la discrepancia entre Palacio de gobierno y Jáuregui, así como el golpeteo inmisericorde de algunos cercanos al exfiscal en contra de la gobernadora y del secretario general de Gobierno, también aspirante a la alcaldía de Chihuahua, afines internos del PAN al coordinador estatal de Morena por la gubernatura, alentaron la discordia entre los bandos con el supuesto de la imposición de la candidatura en perjuicio de CJ.

Hoy las consecuencias del operativo en el municipio de Morelos ya están en manos de un juez. Jáuregui está detenido, sus abogados defensores se quejan del tamaño de la carpeta de investigación, ocho tomos y dos TB de información.

El volumen del expediente es tan pesado como el peso político de CJ, del interés por la candidatura de Chihuahua capital y del botín que representa para Morena; sin embargo, no se pueden desdeñar tantas declaraciones de agentes que participaron en el operativo como tampoco el tiempo que llevó integrar dichas carpetas de investigaciones. Es imposible armarlo en pocos días.

La militancia que apoya a César Jáuregui está en su legítimo derecho de expresarle su apoyo, pero deben hacer acopio de madurez y autocrítica antes de propalar el libelo de la entrega de Chihuahua a cambio de alguna impunidad.

Ciertamente el diablo se encuentra en todos los detalles, no tiene género y es daltónico. Precisamente en estos casos es donde el recuerdo de Poncio Pilatos se hace presente.

Si es venganza, persecución política, política judicializada o simplemente aplicación de la ley en las siguientes semanas y meses lo sabremos.

Por lo pronto para efectos políticos y ante la opinión pública las detenciones de presuntos huachicoleros y traidores a la patria están ligadas al PAN.

Así que estimados lectores pónganse buzos porque unos son los que la hacen y otros las que las pagan.

Es cuanto.