“Todos quieren vivir a expensas del Estado. Olvidan que el Estado quiere vivir a expensas de todos”
Frédéric Bastiat
Ciudad de México .-Los jóvenes franceses tienen razón en protestar: su país, que fue uno de los más prósperos e innovadores del mundo, se ha quedado estancado. Los manifestantes, sin embargo, piden más gasto público, impuestos y controles de precios, lo cual solo agravaría la crisis.
El gasto público en Francia fue de 57.2 por ciento del producto interno bruto en 2025, mucho más que el de la Unión Soviética en 1989, que fue de 49.5. La economía de Francia está estancada porque sobrelleva una deuda pública de 119.3 por ciento del PIB y un déficit de presupuesto de 5.4 por ciento del PIB. En contraste, la deuda pública total de Suiza es de 40 por ciento y el déficit de 0.
La edad de jubilación en Francia es de 62 años y nueve meses. En Dinamarca empieza a los 67, pero el gobierno la está elevando gradualmente a 70 para 2040. La jornada laboral francesa es de 35 horas a la semana, contra 40 o más en el resto del mundo. Los trabajadores en Francia gozan de un mes de vacaciones anuales desde su primer año de contrato. La carga fiscal es de 45 por ciento del PIB, una de las más elevadas del mundo.
No sorprende que Francia solo haya crecido 0.8 por ciento en 2025, y se espera 0.4 por ciento en 2026, contra 3.5 por ciento de Polonia, un país que se liberó del comunismo en 1989 y ha adoptado con entusiasmo el sistema de libertad económica. Polonia vive en la cultura del esfuerzo, Francia en la de las dádivas gubernamentales.
En las movilizaciones de Francia los manifestantes ondeaban banderas palestinas y no francesas. Los migrantes recién llegados están agradecidos de vivir en Francia, pero los de segunda y tercera generación han aprendido en las escuelas francesas que los principales enemigos del pueblo son el capitalismo y la cultura occidental. Por eso las protestas derivaron en saqueos de tiendas y restaurantes, y en la destrucción de edificios públicos, como la hermosa alcaldía de Limoges.
El problema no es, a mi juicio, la inmigración, aunque la ultraderecha y Donald Trump estén aprovechando los saqueos para promover esta idea. En Francia, más bien, ya no se consideran culturalmente aceptables los procesos de asimilación de antes. El sistema educativo nacional olvidó las lecciones de la venturosa integración de catalanes y vascos, bretones y normandos, alsacianos y corsos, provenzales y saboyardos. Varios grupos de activistas de izquierda, por otra parte, aprovechan el descontento popular para impulsar un cambio de sistema. Recuerdan las palabras de Lenin: "Para el marxista, la revolución es imposible sin una situación revolucionaria".
Hoy los jóvenes franceses han sido adoctrinados para pensar que la carestía y la falta de empleos son productos de la libre empresa y no del peso aplastante del Estado. Al destruir comercios y exigir mayor gasto gubernamental, sin embargo, profundizan los factores que aumentan los precios e impiden la creación de empleos. Los altos alquileres de la vivienda, por ejemplo, son consecuencia de la creciente intervención del Estado en este mercado. La falta de empleos para los graduados universitarios es producto de los subsidios a la educación superior, que han multiplicado el número de graduados y han saturado los mercados de trabajo para profesionales.
Entiendo que los jóvenes protesten ante una situación adversa. El enemigo, sin embargo, es el Estado. no la libertad económica.
Traición
La Fiscalía de Chihuahua atribuyó al exfiscal estatal César Jáuregui un ejercicio indebido del servicio público por lo que habría enfrentado su proceso en libertad. La FGR lo acusó de "traición a la patria" para recluirlo sin juicio en el Altiplano. Dicen que Jáuregui permitió la presencia de agentes de la CIA en un operativo contra un narcolaboratorio, pero más bien parece víctima de la campaña electoral de Morena para la "defensa de la soberanía".