El INE está dejando de ser un árbitro electoral objetivo, imparcial, que brinde certeza y legalidad a los procesos electorales. Ha quedado atrás aquella máxima bajo la cual se creó, que era ciudadanizar las elecciones para que fueran libres y no estuvieran a las órdenes del gobernante en turno. Costó mucho esfuerzo y muchos años lograr eso. Como para que ahora solo sea comparsa de las exigencias de la Presidenta Sheinbaum, de AMLO o de su partido: Morena.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Si grazna como pato, camina como pato, es un pato. Lo mismo ocurre si un gobierno tiene pactos con el narco, es un narcogobierno. Si a un personaje político se le señala por vínculos con cárteles del narco, es un narcopolítico. Si esa persona es del partido Morena y recibe patrocinio del narco, es un Morenarco. Ahora resulta que el INE sancionará a quienes se atrevan a mencionar esas palabras incómodas, en sus redes sociales. Eso se llama: censura.

Los del oficialismo quieren atacar a la oposición, diciéndoles: neoliberal, aspiracionista, prianista. ¿Qué clase de ofensa es llamarle a alguien así? Qué burdo suena eso. Es como cuando en el kínder un niño se defiende diciéndole “sonso”, al que lo llamó “pendejo”. (Disculpen la palabra altisonante). No puedo asimilar que crean que estas palabras contrarrestan lo que los morenarcos han venido haciendo para destruir este gran país, entregándolo a los criminales.

Esa percepción de que México está sometido al mando del crimen organizado, no solo lo visualizamos las personas de bien, quienes amamos a nuestro terruño y estamos padeciendo las consecuencias que todo ello conlleva en todos los rincones del vasto territorio nacional; sino que también, es una realidad conocida en todo el mundo.

Nada menos, en estos días el Presidente de USA, Donald Trump, dedicó un espacio en su discurso ante la Asamblea General de la ONU (máxima tribuna de expresión internacional); para aseverar que: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga”.

No significa que seamos vendepatrias, ni que avalemos sus políticas públicas, ni siquiera es que ese personaje nos represente. Podemos diferir con Trump en muchos rubros. Pero no podemos dejar de lado que es un líder mundial; que compartimos más de tres mil kilómetros de frontera con ellos y que ha sido enfático en que los delincuentes que trafican droga, deben ser ejecutados, exiliados o detenidos como si fueran combatientes enemigos en un conflicto armado.

La señora Presidenta, con “A”; debería estar no solo preocupada, sino ocupada, en atender este gravísimo problema que enfrentamos. Darle la justa dimensión a lo expresado por su similar norteamericano. Así como lo que le están haciendo saber fuerte y claro sus opositores. Debería estar abierta a escuchar. Que pudiera dialogar con todos.

Solo por dar un par de ejemplos, resalto en este editorial la expresión del Senador Ricardo Anaya, que dice: “adictos a narcopactos”; así es como califica a los políticos de Morena. Casos conocidos son muchos, comenzando la lista con Rocha Moya, Adán Augusto, Américo Villarreal o Marina del Pilar; por mencionar unos cuantos.

Por otra parte, el presidente del PRI, Alito Moreno, acusó a Morena de evadir la crisis de seguridad e invocar la soberanía para ocultar su fracaso. Expresa respaldo a lo dicho por Trump; tiene razón en que estos grupos extorsionan, secuestran, matan a personas inocentes y disputan territorios.

Todas y todos, nos hemos enterado o hemos visto de cerca, los retenes que colocan en carreteras y caminos. O de cómo bajan de sus camiones a los transportistas, les quitan dinero y mercancías e incluso los matan. Sigue habiendo secuestros, no solo a gente millonaria, para pedir rescates, sino a cualquier persona independientemente de su nivel económico, hasta por unos cuantos pesos. O nos hemos enterado de la desaparición, sobre todo de mujeres y jóvenes. Los desplazamientos forzados. Los feminicidios. Y así, continuaría con una larga lista de situaciones violentas que ocurren día con día.

Morena ha enlutado a miles de familias mexicanas. Es sinónimo de muerte, de dolor, de sufrimiento. Y aún tienen el descaro de ofenderse por llamarles Morenarcos. Son cínicos y descarados; no dudan en dejar caer el peso de la Ley a quienes se oponen a sus acciones. Cuando ello debería ser para con los criminales.

Ya es momento, de contar con libertad de expresión, sin censura de las autoridades. Momento de llamarles Narcogobierno, Narcopoliticos o Morenarcos, porque eso es lo que son.

Ya es momento…