Como tantos otros terrícolas, John Darr vino a Roswell, Nuevo México, en busca de respuestas. Sin embargo, este mes se marchó del festival anual de ovnis de la ciudad con aún más preguntas. “Dinos de una vez: ¿hay extraterrestres o no los hay?”.
Se suponía que este iba a ser el verano de las revelaciones. El presidente Donald Trump había prometido desvelar todos los secretos del gobierno sobre los objetos voladores no identificados y sus pasajeros extraterrestres. A la expectación se sumó la recién estrenada superproducción de Steven Spielberg, cargada de tradición y con sus propias imágenes convincentes del legendario accidente extraterrestre en Roswell.
Pero cuando el Departamento de Defensa empezó a publicar lotes de material sobre ovnis —o, en la jerga del Pentágono, UAP, sigla en inglés de fenómenos anómalos no identificados—, la promesa de un “día de la revelación” en la vida real se esfumó y se convirtió en la “decepción del día”.
Se suponía que el festival de ovnis de Roswell, celebrado durante el fin de semana del 4 de julio, iba a ser una dulce reivindicación para miles de ufólogos. En cambio, se lamentaron del encubrimiento que temían que nunca acabará.
“No es nada nuevo”, dijo Donald Schmitt, escritor e investigador principal del Museo Internacional y Centro de Investigación de Ovnis de Roswell. “Es el mismo juego que han estado jugando todos estos años. Una vez más, nos están poniendo la zanahoria delante de las narices”.
Aunque Roswell no tuviera muchas respuestas, un viaje a la capital nacional de los ovnis al menos supuso un respiro temporal. Porque aquí no había estigma; y prácticamente no había dudas. Las farolas del centro están pintadas como si fueran extraterrestres y unos hombrecitos verdes montan guardia frente a los lavaderos de coches y los bancos, todo ello en homenaje al supuesto accidente ovni de 1947 conocido como el “incidente de Roswell”. El festival interestelar es ahora la fiesta más importante de la ciudad.
“Habíamos oído que esto era el Mardi Gras de los ovnis”, dijo John Wilson, que viajó desde Florida con su mujer para verlo con sus propios ojos.
Hubo concursos de disfraces —tanto para mascotas como para personas—, un espectáculo de luces láser, un desfile animadísimo y una larga fila de tiendas y puestos de comida con temática extraterrestre.
Aun así, en medio de esa mezcla de patriotismo del fin de semana festivo y fervor interplanetario, se notaba un trasfondo de frustración.
Los tres lotes de archivos, que contienen fotos borrosas, videos granulados y documentos muy censurados, pueden parecer impresionantes a primera vista, dijo un experto en ovnis, pero gran parte del material ya se había publicado antes, tiene una explicación terrenal o no aborda las preguntas más candentes sobre la vida extraterrestre. Un informe documentaba una papa voladora.
“Llevamos 70 años pensando que está a punto de pasar, y la verdad es que nunca ha pasado”, dijo Paul Semones, que dirige el Roswell UFO Tour. “Si nunca sacan nada a la luz, entonces solo nos quedará pensar que nos han echado un montón de humo a los ojos e intentaron convencernos de que no había fuego debajo”.
Esta opinión traspasó las divisiones partidistas. Para quienes se oponen a Trump, esto no fue más que otra de una larga lista de decepciones. La publicación por parte del gobierno de documentos relacionados con los asesinatos del presidente John F. Kennedy y del reverendo Martin Luther King Jr. tampoco había estado a la altura de las expectativas.
Los críticos de Trump también han planteado que los expedientes sobre ovnis son una distracción de la guerra con Irán, los precios de la gasolina o, posiblemente, otro conjunto de expedientes políticamente más explosivos: los relacionados con el delincuente sexual condenado Jeffrey Epstein.
“Simplemente te dicen: “Mira aquí, fíjate en esta cosa brillante”, mientras pasa otra cosa”, dijo Joey Fox, de 50 años, que se detuvo en el festival durante un viaje por todo el país desde Texas a Oregón.
Los seguidores de Trump le echaron la culpa al “Estado profundo”.
“Creo que quizá ni siquiera lo sabe, porque algunas cosas son muy secretas”, dijo Tom Mills, un ufólogo aficionado de 79 años que afirmó haber votado por Trump tres veces. “Solo puede revelar lo que sabe”.
Mills ahora cree que solo hay una forma de que se entere de la verdad: “Espero que me abduzcan”, dijo el piloto jubilado.
Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca, dijo que se harían públicos más expedientes sobre ovnis “en las próximas semanas” y que Trump es “el presidente más transparente de la historia”.
“Mientras que los gobiernos anteriores han intentado desacreditar o disuadir al pueblo estadounidense, el presidente se centra en ofrecer la máxima transparencia al público”, dijo Kelly en un comunicado.
Tom Jennings, exalcalde de Roswell, dijo que ya sabía que no debía hacerse ilusiones. Los presidentes anteriores —incluido Jimmy Carter, que en 1976 prometió hacer pública “toda la información” que el gobierno tuviera sobre los ovnis— han insinuado la desclasificación, pero nunca la han llevado a cabo.
Aun así, el misterio ha sido un gran negocio para Roswell, sobre todo desde que Jennings ayudó a poner en marcha el festival de ovnis a mediados de los noventa. Este espectáculo extraterrestre atrae a turistas de todo el país a una franja del desierto del este de Nuevo México que, de no ser por esto, pasaría prácticamente desapercibida.
Steve Anderson y Marilyn Dicks llevan tres años seguidos viniendo. Es difícil no verlos, ya que llegan conduciendo un Geo Metro de 1991 modificado para que parezca un platillo volador verde lima.
Anderson, que es mecánico, dijo que vio un ovni cuando tenía ocho años y que durante décadas soñó con montarse en uno. Cansado de esperar a que lo abdujeran, se construyó el suyo propio. El artilugio tiene un aire acondicionado inestable y no tiene limpiaparabrisas, pero ha aguantado bien los largos viajes de ida y vuelta desde su casa en Indiana.
Anderson y Dicks creen que unos extraterrestres se estrellaron en Roswell en 1947 y que el gobierno ha ocultado sus cuerpos desde entonces.
“Dijeron: ‘Bueno, la gente no puede soportarlo, va a entrar en pánico’, bla, bla, bla”, dijo Anderson, tocando un tema central de El día de la revelación, de Spielberg. “Pero somos lo suficientemente maduros como para afrontarlo”.
Sin embargo, parece que algunos asistentes no querían que saliera a la luz la verdad. Un trío de visitantes imposibles de identificar, con cabezas alienígenas abombadas y largos dedos verdes, se paseaba por la calle principal de Roswell, parándose para tomarse selfis y bailando al ritmo de música tecno.
Vinieron en son de paz, dijeron asintiendo enérgicamente con la cabeza. Pero cuando se les preguntó si el gobierno revelaría todo lo que sabía sobre los extraterrestres, el más alto del grupo hizo el saludo vulcano y dijo con una vocecita nasal: “Ojalá que no”.