La Inteligencia Artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizada para resolver dudas, aprender y obtener información, pero también comienza a ocupar un espacio en el ámbito de la salud mental. Plataformas como CHATGPT, Gemini y otros asistentes conversacionales son consultadas por personas que buscan comprender lo que sienten o encontrar apoyo durante momentos de ansiedad, estrés o crisis emocional. Sin embargo, especialistas advierten que, aunque pueden ser de utilidad, no sustituyen la atención profesional de un psicólogo.
La psicóloga Paulina Riquelme explicó que la IA puede representar un primer recurso de apoyo emocional debido a que está disponible las 24 horas del día, lo que resulta especialmente útil para quienes atraviesan una situación difícil y no tienen acceso inmediato a un especialista o desconocen dónde buscar ayuda.
Señaló que, en estos casos, las plataformas de Inteligencia Artificial pueden ayudar a las personas a identificar y comprender sus emociones, además de ofrecer estrategias básicas para manejar episodios de ansiedad, estrés o angustia. Incluso, dijo, pueden proporcionar técnicas de respiración, relajación y regulación emocional que contribuyan a disminuir la intensidad de una crisis mientras la persona busca atención especializada.
Riquelme destacó que otra de las fortalezas de estas herramientas es que reconocen sus propias limitaciones. Cuando detectan situaciones de alto riesgo, como la presencia de pensamientos suicidas o la intención de hacerse daño, suelen recomendar acudir a servicios de emergencia, líneas de atención en crisis o profesionales de la salud mental, con el objetivo de que la persona reciba ayuda adecuada lo antes posible.
No obstante, la especialista enfatizó que la Inteligencia Artificia no puede reemplazar un proceso psicoterapéutico, ya que una consulta psicológica implica mucho más que responder preguntas o conversar sobre un problema.
Explicó que durante una sesión, el profesional analiza aspectos que una plataforma digital no puede interpretar, como el lenguaje corporal, el tono de voz, las expresiones faciales, los silencios, la forma en que el paciente relata sus experiencias, además de considerar sus antecedentes personales, familiares y clínicos para realizar una evaluación integral.
Con toda esa información, el psicólogo desarrolla hipótesis clínicas, identifica patrones de conducta y diseña un plan de intervención personalizado que responde a las necesidades específicas de cada paciente, algo que, aseguró, la Inteligencia Artificial no puede hacer porque únicamente trabaja con la información que el usuario decide escribir.
La psicóloga añadió que el trabajo terapéutico tampoco consiste únicamente en validar emociones. En muchos casos es necesario ayudar al paciente a reconocer pensamientos poco funcionales, modificar conductas, cuestionar creencias limitantes y desarrollar herramientas para afrontar distintas situaciones de la vida cotidiana. Ese proceso requiere experiencia clínica, seguimiento constante y una relación terapéutica construida entre el especialista y el paciente.
Por ello, consideró que la Inteligencia Artificial debe verse como una herramienta complementaria dentro del cuidado de la salud mental y no como un sustituto de la atención psicológica. Puede facilitar que una persona dé el primer paso para buscar ayuda, ofrecer orientación inicial y brindar contención en momentos de incertidumbre, pero cuando existe un trastorno mental, una crisis persistente o un malestar emocional que afecta la vida diaria, la intervención de un profesional continúa siendo fundamental.
Finalmente, Riquelme hizo un llamado a utilizar estas herramientas de manera responsable, aprovechando sus beneficios sin perder de vista que la salud mental requiere, en muchos casos, un acompañamiento humano, especializado y personalizado que ninguna Inteligencia Artificial es capaz de reemplazar por completo.