Lima, Perú.- El Circuito de Playas es una vialidad que bordea entre los acantilados de la ciudad con el estruendoso mar que golpea la costa metros abajo. Por ahí transitamos para maravillarnos con un atardecer que nos abrazaba con sus tonos rojizos, en lo que parecía una bienvenida de un amigo que está contento de recibirnos es su tierra. Con esa generosidad visual y sonoro nos recibió la capital del Perú, que fue la capital del virreinato más importante de América del Sur desde 1542 y fundada siete años antes por Francisco Pizarro un 18 de enero.
Lima es la única capital de un país en todo el continente americano que está directamente en la costa de algún mar. No mar dulce, mar salado puro. Aquí se llevará el día de hoy una jornada electoral intensa, la cual seguramente tendrá segunda parte en el mes de junio, ante la proyectada imposibilidad de que alguno de las y los participantes alcancen el umbral necesario para ganar en una primera vuelta.
Eso nos trajo a Lima: la primera vuelta de una elección presidencial que no terminará hoy, pero incluye una histórica contienda por puestos de diputados en el parlamento peruano, además de volver a tener senado tras más de tres décadas de haber sido disuelto por un hombre cuyo apellido sigue alterando las pasiones políticas de las y los peruanos: Alberto Fujimori, acaecido en el 2024.
Fujimori fue presidente de Perú cuando sorprendió al derrotar al célebre escritor Mario Vargas Llosa en 1990 en una campaña que marcó profundamente la historia de la comunicación política peruana porque no sólo fue una disputa por el poder, sino un enfrentamiento entre dos estilos de comunicación diametralmente opuestos que cambiaron la historia del país. Fue el triunfo del "outsider" que logró vencer a la maquinaria tradicional de la época.
El contraste visual de la campaña fue evidente desde el primer día. Mario Vargas Llosa, al frente de la coalición FREDEMO (Frente Democrático), apostó por la espectacularidad de los mítines multitudinarios. En plazas emblemáticas de Lima y Arequipa, el escritor desplegó una logística impresionante y discursos de alta carga intelectual, proyectando una imagen de estadista preparado, pero que muchos sectores percibieron como distante.
En contraste Alberto Fujimori y su partido Cambio 90 redefinieron la cercanía popular. Sin presupuesto para grandes estrados, Fujimori convirtió una troca en su plataforma de campaña: el recordado "Fujimóvil". Su estrategia consistió en recorrer mercados y calles, proyectando una imagen de austeridad y trabajo que conectó de inmediato con el ciudadano de a pie.
Dicen que la verdad nos hará libres, pero eso no es del todo cierto; una verdad expresada de manera tan brutalmente transparente no da votos, tristemente. Esto nos lleva a a recordar uno de los puntos de quiebre más recordados fue el manejo del plan económico. Vargas Llosa optó por una honestidad radical al explicar el shock necesario para frenar la hiperinflación que sufría Perú. Esta franqueza le valió una famosa crítica del expresidente Fernando Belaúnde: "Mario, la plaza pública no es un confesionario".
Mientras el escritor intentaba asustar al electorado con la crudeza de las medidas venideras, Fujimori capitalizaba ese miedo prometiendo una estabilización sin traumas, presentándose como el protector de las clases más golpeadas.
La combinación de una comunicación cercana y el temor al ajuste económico que prometía Vargas Llosa permitió que un candidato que inició con apenas un dígito en las encuestas lograra una conexión emocional con los sectores populares.
El estilo de la troca se impuso sobre el intelectual elocuente, llevando a Fujimori a una victoria contundente en la segunda vuelta.
El apellido Fujimori vuelve a estar presente en esta elección presidencial, más allá del regreso del senado peruano tras su disolución en tiempos de Fujimori. Por cuarta vez ese apellido va a aparecer de manera consecutiva en las boletas electorales peruanas: Keiko Sofía Fujimori Higuchi, hija del fallecido expresidente vuelve a ser candidata presidencial y la favorita para llegar a la segunda vuelta. Obviamente, su figura polariza al electorado peruano por el nefasto legado de su padre, quien fue destituido por el congreso en el año 2000 por escándalos de corrupción, que fueron denunciados seis años antes por su entonces esposa, a quien destituyó del cargo de primera dama y posteriormente divorció.
Keiko Fujimori compitió por vez primera por la presidencia peruana en 2011, llegando a la segunda vuelta electoral y perdiendo ante Ollanta Humala; en 2016 se volvió a postular y estuvo a punto de ganar en la segunda vuelta, pues la diferencia entre ella y Pedro Pablo Kuczynski fue de apenas 1%. En el 2021 siguió la misma ruta con el mismo resultado: perdiendo ante Pedro Castillo.
Este domingo, el electorado peruano llega más fragmentado, con 35 candidatos y candidatas. La historia es la misma que en las elecciones anteriores: Keiko Fujimori lidera en las encuestas con porcentajes que oscilan entre el 10% y 18%. Hay una reñida pelea por el segundo lugar entre el cómico de la televisión Carlos Álvarez y el exalcalde de Lima Rafael López Aliaga.
¿Se repetirá la cuarta derrota de Keiko Fujimori para sepultar para siempre sus aspiraciones presidenciales?
Habrá una gran participación electoral, sin duda. Pero, no porque las campañas estén en el interés de la gente: el marco legal electoral es la causa:
Voto Obligatorio: El sufragio es un derecho y un deber para todos los ciudadanos peruanos desde los 18 hasta los 70 años.
Voto Facultativo: Para los ciudadanos mayores de 70 años, el voto es opcional; no están obligados a sufragar por lo que no reciben multas si deciden no asistir.
El incumplimiento de los deberes electorales genera sanciones económicas basadas en la clasificación del distrito de residencia
Omisión al sufragio: Las multas varían entre 8 y 35 doláres americanos.
Funcionarios de casilla: Si una persona es seleccionada x y no asiste, la multa es de aproximadamente 82 doláres americanos.
Multa doble: Si un miembro de la casilla no asiste a cumplir su función y tampoco vota, se le aplican ambas multas de forma acumulativa.
Y si las multas no se pagan restringen legalmente la capacidad del ciudadano para realizar trámites administrativos como renovar el pasaporte o realizar actos notariales.
Así que, en unas horas más sabremos seguramente si la ruta de Keiko Fujimori se repite y se alarga su agonía hasta la segunda vuelta, hoy que ella no es la outsider que fue su padre en 1990 y es “más de lo mismo” que combatió su fallecido padre.
ESPRESSO COMPOL
Las calles de Lima y sus distritos están saturadas de publicidad de muchos candidatos y candidatas una comunicación política que no ofrece visión de futuro sino nostalgia del pasado reciente y lejano. Sumando que la boleta a usarse hoy es tan grande como una caja de una pizza tamaño grande.