Ante el fracaso de las negociaciones de paz y la diplomacia, reinicia otra guerra en Medio Oriente: Estados Unidos e Israel atacaron Irán. El presidente norteamericano Donald Trump intentó justificar las acciones bélicas criticando el programa nuclear iraní y prometiendo que nunca dejarán que ese país, de mayoría musulmana, pueda crear una bomba atómica.

Sin embargo, los mejores analistas políticos dentro de EU no creen que esa sea la única razón para volver a la violencia en Medio Oriente. Este año habrá elecciones parlamentarias en Israel, y el bloque liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu ya ha utilizado el miedo y la religión extrema que provocan los misiles iraníes para consolidarse y conservar el poder en el pasado, aliándose con el Partido Sionista Religioso y haciendo alianza también con el Judaísmo Unido de la Torá y Shas.

En EU también será un año electoral. Las elecciones de medio término para el Congreso se definirán el próximo otoño, y los actuales ganadores, la mayoría de conservadores republicanos, siempre apoyan el desarrollo militar, el derecho a las armas y a las milicias nacionalistas. Ellos calculan que un sentimiento nacionalista puede frenar la ola azul que se espera del partido contrincante, que se ha movilizado desde principios del año en curso por medio de protestas en todo el país en contra de ICE. Los azules critican a la agencia migratoria y al presidente Trump por el uso excesivo de violencia y por los abusos contra los inmigrantes. Además, hay descontento general por la creciente inflación económica que tiene el precio de la carne y muchos otros productos, como el café, por las nubes. Esto también se lo atribuyen al presidente de manera directa por sus agresivas políticas arancelarias.

La realidad es que tanto Netanyahu como Trump atacaron a Irán actuando con un oportunismo que, a largo plazo, puede resultar peligroso e impredecible. Lo afirmamos, aunque el ministro de Israel haya salido a decir que es una guerra ‘preventiva’. Ellos saben bien que la cúpula islámica se encuentra en una situación política vulnerable. Irán pasa actualmente por una grave crisis económica. Además, el régimen musulmán en el poder también está sintiendo los efectos negativos de la opinión pública global por la brutal agresión que ejercieron en contra de los manifestantes que protestaron en su contra a principios del año. Otro factor en su contra es el desgaste militar que han sufrido por la guerra del año pasado. En este momento es evidente que sus defensas se encuentran vulnerables.

En su discurso sobre los ataques, el presidente de Estados Unidos no presentó pruebas contundentes de que Irán realmente pueda desarrollar un programa nuclear temible como para justificar la urgencia de su ataque, por lo que sus detractores coinciden en que su intención para reiniciar otra vez un conflicto armado en aquella parte del mundo se debe más al oportunismo político y militar. Trump le pidió en los medios a los ciudadanos iraníes que apoyen el derrocamiento del régimen iraní; sin embargo, los medios estatales de Irán destacaban ayer la muerte de varias niñas en edad escolar causadas por las bombas estadounidenses, causando la indignación masiva de sus ciudadanos.

Una guerra renovada en Medio Oriente puede despertar el nacionalismo cristiano y judío extremos y propagar fobias irrazonables en ciertos sectores para balancear las elecciones a su favor y así intentar conservar el poder mayoritario en las cámaras de ambos países aliados en contra de Irán.

Además, los reflectores mediáticos en EU girarán una vez más —y en mayor medida e importancia— de los conflictos internos hacia los conflictos globales, incluyendo el escándalo provocado por los archivos del pedófilo Epstein, ex conocido y amigo de la familia presidencial y muchos otros poderosos.

Con una nueva guerra en Medio Oriente, los fanáticos del presidente Trump —algunos ilusos todavía lo perciben como un elegido divino— también se movilizarían para votar en masa a favor otra vez del partido en el poder, dividiendo más a los Estados Unidos. Curiosamente, la Iglesia católica ha sido crítica de las acciones de ICE, como los obispos de Ciudad Juárez y El Paso han recientemente dado a conocer.

A pesar de esto, los cristianos de extrema derecha ven el conflicto en Medio Oriente como algo inevitable, como una guerra santa: el cristianismo vs. los musulmanes. Lo consideran un destino predicado en las escrituras, en el Apocalipsis, al igual que las milicias de fanáticos musulmanes denominadas como terroristas por Occidente, y una de las profecías bíblicas antes del juicio final. Soy hombre de fe, pero hay que saber discernir y entender las enseñanzas espirituales como una herramienta reflexiva, no como un documento literal. Sabemos que cualquier texto original puede ser editado múltiples veces e interpretado de diferentes maneras.

Desafortunadamente, hemos escuchado cómo los defensores extremos de Israel en América justifican la masacre de Israel en Gaza, una acción motivada por intereses económicos netamente territoriales, como un derecho religioso justificado.

Entonces, sobre este conflicto, coincido con los expertos en que el motivo es otro que el expuesto: el triunfalismo religioso y la conservación del poder de la extrema derecha, tanto en Israel como en Norteamérica.

Esta guerra, además, se recordará como otra violación de las promesas que el mismo Trump hizo a sus seguidores para ganar el voto a la presidencia del país anglosajón por segunda ocasión. Entonces prometía que acabaría con todas las guerras. Esto no ha sucedido; por el contrario. Otra realidad es que Trump no se ha entrometido mucho con los planes expansionistas de Rusia ni ha apoyado firmemente la defensa de Ucrania, más allá de financiarles armamento para que se defiendan como puedan de los invasores rusos.

Para variar, con acciones militares directas, EU entró a un país soberano y derrocó a la dictadura venezolana; y de igual manera ya tiene al régimen cubano en la mira. La revolución del Che está muerta. Cuba necesita una transición de poder si quiere sobrevivir. Aun así, el México de la cuarta transformación se empeñó en ayudar a Cuba con petróleo por ‘razones humanitarias’, pero EU ya los bloqueó y, con el pretexto de acabar con los narcoterroristas, sigue amenazándonos con enviar tropas a México. Presión que hay que decir ha dado frutos en cuanto a perseguir y encerrar o acabar con líderes criminales poderosos en nuestro país, aunque no es solo cortando la cabeza de los líderes como se acaba con un mal tan históricamente arraigado en nuestro país, como hemos expuesto en anteriores artículos.

Pero, como exponemos aquí, la codicia imperialista y territorial de Trump no tiene límites. También se ha amenazado con la toma de Groenlandia, lo que generó el descontento de los países nórdicos de Europa.

Esta guerra vuelve a violar todos los tratados internacionales de paz de manera unilateral. Lo irónico de todo esto es que Trump el año pasado llegó a codiciar inclusive el recibir el Premio Nobel de la Paz. ¡Qué ironía!

Es difícil entrometerse en asuntos religiosos. Nadie gana, porque todos creemos tener la razón. Pero ante tanta manipulación y versiones encontradas, solo pedimos reflexionar ante cualquier discurso con un mínimo de cordura. La violencia no es un camino muy convincente hacia el logro de la paz entre pueblos. Estados Unidos se está quedando cada vez con menos aliados reales por su agresividad y, lo repetimos, las consecuencias a largo plazo son impredecibles en este momento. Sin visión e inteligencia emocional, este tipo de conflictos pueden escalar y empeorar, desencadenando un conflicto múltiple que a nadie le conviene. [email protected]